Reyes Magos
Tertulia. Por Julio Malo
Los Magos de Oriente existen y no son los padres, podemos incluso aceptar la denominación popular de reyes pero con minúscula ya que el evangelio de Mateo en cuyo relato aparecen por vez primera no ostentan el rango que en la Edad Media les otorga la Iglesia. En cualquier caso existen y en estas fechas con el solsticio de invierno nos otorgan regalos sorprendentes. Este año me concedieron uno de los mejores, el inesperado encuentro con un veterano y leal amigo ¡Capitán Olivera! el cual respondió a mi exclamación a la manera de nuestra lejana juventud en las milicias: ¡Alférez Molina!. Poca gente sabe que el saludo militar proviene de la forma en la cual los caballeros medievales levantaban su yelmo para hacer visible su sonrisa de camaradería. Ricardo Olivera es uno de esos compañeros entrañables que te permiten imaginar que el cielo debe ser volver a estar con los amigos. En nuestro reciente encuentro me recordó nuestra tertulia de los años ochenta y añadió no sin razones que fue el cenáculo más sugestivo que se ha desarrollado jamás en la ciudad de Cádiz. Lo lideraban tres entusiastas profesores universitarios: Mariano Peñalver, entonces rector de la Universidad, Alberto García Troyano y José Antonio Hernández Guerrero, ambos catedráticos de literatura. A José Antonio le llamábamos el Cura Pepe y era quien amablemente se ocupaba de la logística. Dos jóvenes periodistas aportaban alegría y dinamismo: Lalia González-Santiago y Carmen Morillo. Junto a ellos un grupo heterogéneo de cronopios y de famas participábamos con asiduidad a las sesiones que por lo regular se celebraban los primeros viernes de cada mes. Catalina de la Cuesta, Venancio González, Manolo Gonzalez Piñero, Alfonso López Almagro, Juan Jiménez Mata, Ricardo y yo junto a algunos más. La admisión se producía de forma semejante a los ancestrales ritos tricentenarios de los francmasones. La tachadura negra de un candidato por cualquiera de los participantes significaba el rechazo.
En ese círculo florecieron varias iniciativas entre ellas las Jornadas sobre la Ciudad y el Mar en las cuales conseguimos implicar a múltiples instancias (Universidad, Ayuntamiento, Diputación, Junta de Andalucía y patrocinadores privados). Participaron prestigiosos profesionales de todo el mundo que nos hablaron de experiencias en otras áreas marítimas y portuarias. La aspiración por consolidar un órgano metropolitano para gestionar la Bahía de Cádiz estuvo presente en ponencias y debates. Diez años después coincidí con Damián Quero, Director General de Urbanismo, tanto en el gobierno andaluz como en el estatal, recuerdo su sensata reflexión: "A principios de los años ochenta ya planeábamos la ordenación del área metropolitana de la Bahía de Cádiz, por entonces ni siquiera se hablaba de la operación de recuperación de los espacios portuarios de Londres; los Docklands son hoy una realidad construida mientras que en Cádiz prácticamente no se ha hecho nada".
En aquellos tiempos la sociedad civil apenas se encontraba articulada salvo a través de los partidos históricos con estructuras muy rígidas, afortunadamente ese panorama ha cambiado y los foros semejantes al del Cura Pepe abundan en nuestra ciudad. Al echar un vistazo a mis cuentas descubro con agrado que buena parte de mi modesta pensión se ha dedicado a pagar las cuotas de: Ecologistas en Acción, Amigos de Fernando Quiñones, Asociación Pro Derechos Humanos y bastantes más. El interés por las cosas públicas motiva a la gente y ahora que intento hacer un balance del año que ha terminado y esbozar los mejores deseos para el que comienza me gustaría hacer de moderador de una tertulia que aporta temas para el diálogo.
La estrategia de movilidad en los centros urbanos del mundo desarrollado tiende a la peatonalización. La morfología del centro antiguo de Cádiz siempre ha resultado bastante inadecuada para el vehículo privado que ya es un medio de transporte que pertenece al pasado, sin embargo en los últimos años se adoptaron medidas que propician la invasión de coches, como el segundo puente o la proliferación de aparcamientos subterráneos. Si bien el actual equipo de gobierno ha pensado invertir este proceso, los avances han sido muy tímidos, tal vez porque existe una resistencia equivocada de ciertos sectores. Ha ocurrido hace tiempo en otras ciudades cuando se plantearon proyectos para peatonalizar pero los planeadores fueron más valientes y los resultados han producido una satisfacción generalizada tanto por la mejora de la calidad de vida como por el incremento de las actividades comerciales: Manhattan, Londres o Sevilla.
La población de Cádiz ha envejecido notablemente, además sus valores ambientales atraen a muchas personas mayores como lugar de retiro. Esta circunstancia para nada puede considerarse como algo negativo, se trata de preparar la ciudad para acoger a este segmento de la sociedad aprovechando su capacidad productiva ofreciendo ocupaciones y generando actividades que pueden reportar beneficios para el conjunto. Existen contenedores sin uso que pueden albergar usos para ancianos, como la pasarela de Santa Bárbara que se construyó en 2012, pieza de transición entre el parque y el borde de la mar ya que se ejecutó un garaje subterráneo imposibilitando el avance del arbolado hasta la balaustrada.
Como para otras muchas ciudades históricas el turismo es un problema mal resuelto. Es preciso desarrollar un plan hotelero y regular los alquileres estacionales para evitar el encarecimiento de la vivienda en el centro de la ciudad y el desplazamiento de la población a otros núcleos de la bahía. El área de oportunidad que representa el espacio público entre la estación y la mar es una asignatura pendiente que debe resolverse sin mayores dilaciones. Hay que demoler la Aduana para recuperar la vieja estación ferroviaria de hierro y vidrio del siglo XIX, así como ordenar inteligentemente este ámbito tal singular, umbral de nuestra bella ciudad histórica amurallada. La recuperación de los suelos portuarios que ya no resultan estrictamente necesarios para la actividad originaria es el mayor de los retos y la forma en la que se resuelva definirá el futuro de la ciudad durante todo el siglo XXI. De momento nada más que propuestas teóricas imprecisas y discutibles.
Lo dicho, son propuestas para que mis amigos y mis lectores mediten y comenten.
JULIO MALO
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