Tarifa plana. Por Fernando Santiago
EL que inventó la tarifa plana no era de Cádiz. Ya saben ustedes a qué me refiero: ese precio por el que pagas una cantidad exacta consumas lo que consumas. Supongo que en Alemania o en Suecia eso funciona y es rentable para las empresas. La gente consume solo lo que necesita y al pagar una cantidad idéntica la empresa suele obtener beneficios. Es como aquello que se puso de moda hace tiempo : el bufé. Pagar una cantidad comas lo que comas. En Argentina le llaman tenedor libre. Pues cayó en desgracia, igual porque en aquellos restaurantes se colaron algunos de Cádiz. Si a uno de Cádiz se le da la posibilidad de consumir lo que quiera y pagar una misma cantidad, hará quebrar la empresa. Se llevará lo que no necesita, comerá hasta reventar y así. Esta técnica la puso de moda Internet: en lugar de pagar el consumo era más fácil para las empresas la cantidad fija. Ahora he visto que hay un bar en el Paseo Marítimo que se anuncia con el reclamo de la tarifa plana. Tiene por nombre sandunguero Tapa Olé y me malicio yo que el día del cierre se aproxima. El bar se llenará de gente cuyos niños traigan hambre de una semana y por un módico precio harán saltar la banca. No hay más que ver el comportamiento de los naturales de esta tierra cuando alguien anuncia un regalo, sean bolígrafos, mecheros, camisetas o carteles. Hay peregrinaciones y en el momento exacto la gente se pegan unas empujones que ríanse ustedes de la recogida del Perdón. Ya se sabe que Cádiz es mucho del refrán "de lo que no cuesta llena la cesta". Se aplica a rajatabla en la trimilenaria. Me imagino yo a Mattan llevándose cántaros de garum en tarifa plana aunque luego no se lo llegó a comer todo porque le pilló una representación de La Tía Norica, llegaron los cartagineses, los romanos o Teófila con su séquito de concejales. Qué se yo. Quizás es una especie de instinto de supervivencia: disimula niña que vienen los políticos y trinca más. Así ha resistido la ciudad 3.000 gloriosos años. Sobrevivirá a los políticos del gobierno y de la oposición como lo hizo a la sobreabundancia de políticos que se concentró en la ciudad en el 1812. Una croquetada pública, un reparto de ostiones o de erizos, unas camisetas de propaganda y a seguir tirando. Es el signo de la ciudad, su identidad más profunda. Hacerse el tonto con los políticos para luego pasar de ellos y pillar todo lo que se ponga a mano. Con el trincamiento de Cádiz, sí.icionamiento
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