Prueba evidente de la decadencia de la ciudad es que aquí se le rinde homenaje a carnavaleros, futbolistas e imágenes religiosas, los científicos, los pintores y hasta los escritores quedan en un segundo plano . Calles, plazas, medallas del Trimilenario, títulos de hijos predilectos o adoptivos, cada vez en la ciudad se ve en su nomenclatura como las diferentes corporaciones municipales se dedican al populismo . Unos cuantos se ponen a recoger firmas y como la gente firma su apoyo a cualquier causa, reúnen unos cuantos garabatos lo que termina con el Ayuntamiento rindiendo honores a quien sea. Se ha recordado con énfasis a un carnavalero condenado por maltrato y a un futbolista condenado por abusos sexuales. Nadie ha levantado la voz. Incluso algunos maestros en cuyas manos está el futuro de nuestros hijos, han rendido homenaje a uno que componía buenos pasodobles pero tenía una vida reprobable. Ni las feministas, tan radicales, se han atrevido a decir nada, no fueran a ser sepultadas en un alud de insultos en las redes sociales, el estercolero del siglo XXI. Algunos ejemplos: Cádiz no le ha puesto calle a nuestro mejor pintor, Hernán Cortés, reconocido en toda España . Pasa desapercibida Carola García de Vinuesa, la genetista que con sus investigaciones ha librado de la cárcel a una acusada sin pruebas . Más llamativo: ninguna calle en Cádiz recuerda a José Pedro Pérez Llorca, el político más eminente que ha dado la ciudad desde Segismundo Moret. El callejero está lleno de gente del carnaval, algunos con indudables méritos, otros no tanto. Han recibido distinciones gente cuya principal virtud es haberle caído en gracia al alcalde de turno o haber tenido un colega con tiempo y ganas de recoger firmas. Lo podríamos decir de las vírgenes, imágenes que para algunos tienen un significado religioso: siempre hay alguna que celebra no sé qué aniversario lo que lleva a sus adoradores a pedir algún título ciudadano. Kichi, que el día que tomó posesión retiró el crucifijo, no se resistió a darle una medalla a una virgen o convocar a la prensa para que le sacaran en la penitencia del Nazareno, a quienes había devuelto el bastón de mando de la alcaldía. Una de cal y otra de arena. El último año de su mandato hizo alarde de seguir al Cristo de la Palma, en la deriva del populismo andalucista casposo en el que ha caído ese grupo que antes fueron trotskistas y ahora son folklóricos. Nos esperan cuatro años de adoración a imágenes para complacer a colectivos sociales, tenemos a un concejal de cofradías, el colmo de los colmos de la ignorancia y el fanatismo. Como cantaba Paco Rosado “nuestros sabios y artistas otros países los recordarán”.
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