Gianni Campo. Por Julio Malo

30 de octubre 2014 - 07:49

La vida de las ciudades viene jalonada por hitos que la pautan. La primavera gaditana comienza cuando Los Italianos reinicia su actividad allá donde la calle Ancha desemboca en la antigua Plaza de Armas de la dorada fortaleza que protege del océano al puerto de la Bahía. Durante el periodo cálido una fresca brisa acaricia la terraza donde los ciudadanos conversan saboreando delicias tales como los topolinos. Pablo Juliá sostiene que si no lo toma es como si no hubiese visitado Cádiz. Así es desde que en abril de 1940 Arturo Campo abrió el establecimiento algún tiempo después de cerrar la estupenda heladería que deleitó a los madrileños en la calle Fuencarral. La familia procede de Campo di Zoldo, un pequeño pueblito en la ladera de las Dolomitas, en la provincia veneciana de Belluno, origen de la refrescante golosina que los campesinos del lugar explotaron en Alemania y Suiza, como los gallegos hicieron en Cádiz con las freidurías y los montañeses con sus almacenes. El pasado fin de semana Gianni Campo cerró la temporada hasta que vuelva la primavera con la reapertura del local que el próximo año celebra su 75 aniversario. Gianni es gaditano por nacimiento aunque en su casa de San Antonio se hablaba en bellunese, idioma véneto que también conocía Quiñones por su esposa Nadia. Arturo Campo e Iole Mosena, de título Señora de Los Italianos, tuvieron tres hijos: Aida, Marina y Gianni que se pasaba las vacaciones escolares con mandil, camisa y pantalón corto, todo de blanco, fregando y trasegando con termos por las casas. La Cabiria, una anciana prostituta, advertía a los empleados cuando pasaba: “Cuidad al italianito que le he visto trabajando con pantaloncitos cortos”. Gianni cuenta que cuando tenía 12 años su padre le prometió una bicicleta si trabajaba bien pero al final del verano don Arturo no cumplió, así que el chico tuvo que esperar a verse retribuido al año siguiente cuando los buenos oficios de la cariñosa mamá le consiguieron una Súper BH de Éibar que compraron en Crédito Rucas. La amena conversación de Gianni es un placer añadido al lugar pues conoce bien la ciudad que se desenvuelve en torno a su serena mirada azul.

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