Exposición de antiguos alumnos de Bellas Artes en Sevilla. Promoción 1983/88

20 de octubre 2019 - 00:20

De arriba a abajo: Carolina Osuna Alarcón. 88 Rafael Trobat Bernier. Tomás y las Águedas (Homenaje a los 80. Concretamente a las 80 mujeres que devoraron al boy) Paco Labrador Jiménez. Estudio Diego Gadir. Retrato de mi madre, Juana Parra Alfonsín ( Trabajo de la carrera de Bellas Artes, 1986) Corría el mes de octubre de 1983 y en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla, en la calle Laraña, se juntaron, como cada año, varias decenas de muchachos y muchachas para cursar el primer trecho de los cinco de que, por entonces, constaba la carrera universitaria de Bellas Artes. Como en las anteriores promociones, y desde que los estudios académicos de Bellas Artes adquiriesen categoría universitaria, los alumnos y alumnas eran conducidos en su formación por profesores y catedráticos a través de un plan formativo organizado en distintas disciplinas artísticas de raíz tradicional, forjadas en el devenir histórico. El esquema pedagógico era casi idéntico al de la anterior Escuela Superior de Bellas Artes de Sevilla, creada en los años 40, donde se formaron artistas como Paco Cortijo, José Luis Mauri, Santiago del Campo o Francisco Picón Moreno. El antecedente de ésta fue la Real Academia de Nobles Artes de Santa Isabel, de mediados del siglo XIX. Lejos quedaban aún las incorporaciones tecnólogicas de los últimos años en algunas Fcultades de Bellas Artes, que han posibilitado asignaturas como Ciberarte o Medialab, hijas de la revolución digital. La Facultad de Sevilla tenía fama de corte tradicional, luciendo en sus procedimientos un anquilosamiento muy a su deseo, orgullosa de sus gloriosos antecedentes barrocos. En algunas clases se animaba a los alumnos a seguir la senda de la “gran pintura”, en contraposición a la pintura contemporánea. Éste era su rol frente al espíritu innovador de Facultades como las de Cuenca o Barcelona. Para muchos alumnos esto debía resultar un plan ideal, para otros, en cambio, supuso un baño de aburrimiento en sus pretensiones aventureras. La promociones que inauguraron la década de 1980 se encontraron, además, con el handicap de haber llegado a la par que eclosionaba la postmodernidad artística en España, casi saltándose el paso de una modernidad artística de nuevo cuño en la recién inaugurada etapa democrática. Antes de la promoción que nos ocupa, hubo otras con jóvenes que ya apuntaban hacia lo que se cocía fuera de la tradición sevillana. El linense Víctor Quintanilla o el jerezano nacido salmantino Miguel Parra Boyero estuvieron en aquellas lides. Los focos revulsivos de la creatividad estaban fundamentalmente en Madrid y Barcelona, con la irrupción de la Movida madrileña y toda la descarada frescura de su heterodoxia, y con el orgullo generacional de quienes se sentían líderes de una libertad expresiva amordazada durante muchas décadas, si bien hoy sabemos por algunos de sus protagonistas que aquella experiencia no fue tan compacta como se nos vendió. Con todo, era vivo y patente el deseo de subvertir el canon de la corrección política y la ortodoxia social. Hasta la Facultad de Bellas Artes de Sevilla llegaban los tímidos ecos de esta revolución artística ochentera, gracias a catálogos, fanzines, películas…, cuando no se vivía personalmente en la capital de España. En el centro universitario se vivieron algunas experiencias revitalizadoras al hilo de estas influencias, y muchos alumnos libraron su particular “movida ”, en medio de un sistema inmovilista. Entre los profesores, doctores y catedráticos que libraron su parte en aquella experiencia pedagógica, con mayor o menor devoción y éxito, estaban: José Luis Mauri, Amalio García del Moral, Rita del Río, Alberto Oliver Carlos, Carmen Giménez, Justo Girón, Francisco Maireles, Alfonso Pleguezuelo, Francico Borrás, Antonio Gavira, Arquillo... Treinta y un años después, los alumnos de aquella promoción han decidido reencontrarse de nuevo para exponer sus trabajos y retomar su compañerismo, bajo el hilo conductor de aquella efervescente década de 1980 que en absoluto habría permitido presagiar esta correción gélida actual. No están en esta muestra todos los que formaron parte de aquel trayecto, ni por asomo. Entre los alumnos y alumnas gaditanos que estuvieron reseñamos nombres como los del malogrado Lolo Pavón Gálvez, María Luisa Pemán Domecq, Rafael Grajales (ausente de la muestra), María Merello, Félix Plaza (ausente), Francisco Javier el Xeré o Diego Gadir. La obra de éste último, aunque forma parte del catálogo junto a la de sus compañeros de promoción, no estará presente en la exposición por razones reivindicativas en relación con las políticas culturales de las instituciones. Para más información pinchar aquí: https://www.calameo.com/books/0012722015c4829af2bc8

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