Dejar la política
Me encanta la manera en la que Pilar Sánchez deja la política: hace unas extrañas oposiciones, se busca un destino con el nivel máximo de su grupo administrativo y luego lo deja, con el riñón cobierto y mucha dignidad. Si se hubiera vuelto a la docencia entonces sería de elogiar. Como Gerardo Iglesias, que volvió a la mina. El resto es una engañifa.
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