Crónicas asociales. Fases.FSM
A diferencia de lo que ocurre en otros países con sociedades disciplinadas y cumplidoras, en España hay que amenazar con sanciones para que una parte de la población que pasa olímpicamente de normas, no les quede otro remedio que acatar las que se dictan. No sé si es el confucionismo , el sintoísmo, el calvinismo o el protestantismo, pero España e Italia han tenido que imponer medidas drásticas con amenazas de multas. En otros sitios eran recomendaciones, y no parece que les haya ido mal. Aquí todo es mediante obligaciones. Hubo gente que respondió a las restricciones por miedo al contagio, otras por responsabilidad y otras por miedo a las sanciones. No sabría decir en qué proporción. Otra cosa distinta es que dudo mucho que al final todas esas denuncias se conviertan en sanción. Dudo que la administración las tramite y si lo hace, dudo que los jueceslas acepten. El que viva lo verá. El lunes salió todo el mundo a las terrazas, lo que me parece bien. Estaba permitido, bajo unas reglas. El asunto es que hubo gente a la que le dio igual las reglas y bares que ampliaron su zona por la misma cara, en detrimento de sus compañeros de profesión que han sido más prudentes y están a la espera. Es obvio que somos un país muy sociable, a la gente le gusta la charla, el alcohol y compartir. España es un país de bares. ¿Cómo era lo de Sabina? "en Antón Martín hay más bares que en toda Noruega" o algo así. El Labra puso las únicas 4 mesas de toda la plaza de España, con cuatro sillas cada una y a dos metros entre ellas, previa desinfección. He visto fotos poco adecuadas que harán daño al sector, pero ahí Di María permanece callado. Recomendación: espero que la gente se lea alguno de los libros que aquí aconsejo. Para los anguitistas furibundos, espero que se hayan leído a Eric Hobsbawn, a Tony Judt o a Simón Sánchez Montero. Otra recomendación es "Autobiografía de Federico Sánchez" , la historia del trabajo clandestino de Semprún en el Madrid del franquismo. Cuenta alguna anécdota descacharrante sobre las relaciones del PCE con los partidos comunistas del Este de Europa. Tiene un corolario si no de tanta altura, sí muy divertido "Federico Sánchez se despide de ustedes" sobre el paso de Semprún por el Consejo de Ministros especialmente cruel para ese personaje fatuo y pagado de sí mismo, Alfonso Guerra, que cuando mandaba era diana para los dardos de la derecha (con mucha razón en el caso de su hermano), odiado por muchos en su partido (no hacía más que promover a los fieles a su causa, lo contaba muy bien Pepote de la Borbolla con aquello de "la línea se mueve") y hoy parece el líder de la derecha española, hasta el punto de que cuando vino a Cádiz el salón se llenó de todos los que querían oír como vilipendiaba a Pedro Sánchez, es decir que si se hubiera puesto una urna en el salón de Unicaja , el primer partido hubiera sido el PP, el segundo Ciudadanos y el tercero Vox. Por cierto, sus memorias, bien escritas, son también un ejercicio de autocomplacencia, como todo en su vida.
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