Camarón: la última noche. En Los Fardos de Pericón
Cádiz, 1991. La imagen de Camarón proyectada sobre el espejo del camerino. Foto Los fardos No está muy claro cuándo y cómo el mito anida en uno. En qué momento los hilos invisibles de la emoción empiezan a horadar tripas y cuándo y de qué forma la música comienza a proporcionarte un bienestar que nunca serás capaz de devolverle. Lo cierto es que las emociones vienen para quedarse. No avisan. Se instalan. Se arrellanan cómodas en un rincón invisible de tu personalidad y, compatiblescon otros lenguajes musicales diferentes (incluso de idiomas que no alcanzas a comprender, salvo el musical, que es una suerte de esperanto), sus notas y ritmos te acarician el alma.
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