Animales políticos
Crónicas del retornado
Aristóteles dijo en alguna parte que el hombre es un animal político, lo que viene a querer decir que somos capaces de crear sociedades y organizar la vida en ellas. El estagirita también dice que esta cualidad nos diferencia de otros animales; lo cual es solo relativamente cierto, porque hay otros animales que se asocian y se organizan francamente bien, como sean los lobos, las abejas y hasta las muy humildes hormiguitas. Lo que pasa es que los humanos siempre hemos sido la mar de chulitos y nos encanta sentirnos exclusivos: homo faber, homo ridens, homo economicus… Somos capaces de fabricar cosas (como las termitas), podemos reírnos (como los perros y los chimpancés).
Lo que sí está claro es que somos animales y eso nadie lo va a discutir. Sin embargo, nos molesta mucho que nos llamen “¡animal!”; y no te digo nada, si nos espetan: “¡pedazo de animal, cacho animal!”. Es sorprendente que nos ofenda tanto que alguien nos moteje de “perro”, o de “burro”, siendo así que ambos seres poseen cualidades excelentes, como la paciencia y la laboriosidad en los asnos; o la fidelidad y la inteligencia en los canes. Lo de “cerdo” ya es harina de otro costal, por más que se diga aquello de que “del cerdo hasta los andares”.
Claro que nosotros somos animales “racionales”, tanto como, por ejemplo, mi gato, personaje sensato allá donde los hubiere. No verá usted al gato Pipo seleccionar para echarse un sitio incómodo, ni pegarse un atracón de comida a lo bestia. Por eso se ha dicho que “los seres más sensatos / fueron siempre los curas y los gatos”, por más que algunos clérigos de los de antes sí que anduvieran algo tentados de la gula, tal vez a falta de otros placeres.
Claro que lo de la racionalidad puede ser discutido, precisamente a la vista de lo que hacen determinados políticos, y vamos a la política. A mi me cuesta trabajo calificar de “racional” la conducta de los políticos que están liando la parda en Ucrania y en sus fronteras. Supongo que Vladimir Putin tendrá sus buenas razones para amenazar con una invasión y que los dirigentes de la OTAN tendrán las suyas para tirar del otro cabo de la cuerda. En cualquier caso, salvo que se trate de simples balandronadas, la mera hipótesis de un conflicto bélico con las actuales capacidades destructivas de que nos hemos dotado, es, cuando menos, un desatino de mil pares de puñetas, algo que no se le ocurre ni al sujeto aquél que asó la manteca. ¿Racionales? Pues no sé yo…
A lo mejor mi lector chiclanero pienso que me estoy largando por los cerros de Úbeda, o por los Urales ucranianos; pero debo afirmar que, como está el mundo, cualquier movimiento político rebota hasta el último rincón del Universo. Eso parece demostrado, así que el carajal ucraniano puede afectar a un vecino de Las Albinas o de Solagitas, aunque parezca mentira.
Tiene razón Aristóteles cuando nos tacha de “políticos”, porque, si no somos conscientes de serlo y de la necesidad de participar en las cosas de la “polis” o de la república (a ver si va llegando la tercera”), otro se ocupará de hacerlo, normalmente en perjuicio nuestro. O te politizas, o te politizan por las malas.
Me ha llamado la atención (¿a usted no?) lo que ha sucedido en las recientes elecciones autonómicas de Castilla y León. Los sorianos y los leoneses parece que han decidido prescindir de las grandes formaciones políticas y se han montado sus alternativas por libre. Yo no sé si han acertado o no; puede que se hayan equivocado y que sus iniciativas acaben en un brindis al sol. El caso es que estos ciudadanos han decidido adoptar por su cuenta y riesgo unas opciones diferentes, han actuado en política.
Confieso mi ignorancia casi total sobre los motivos de los castellanos y leoneses para desmarcarse de los senderos o autopistas trazados por la política al uso, pero me parece claro que el sorprendente hecho manifiesta la posibilidad de salirse del carril.
No es bueno resignarse, aceptar que las cosas son como son y no hay vuelta de hoja. A mi me parece que con frecuencia ignoramos o desdeñamos nuestras capacidades de intervenir de una manera u otra en política. Para ello no es necesario ni siquiera afiliarse a un partido, ni, desde luego, concurrir como candidato a unas elecciones. Basta con, por lo menos, estar lo mejor informado posible y no cortarse a la hora de opinar. ¿Quién nos lo impide?
Claro que sin pasarse, porque también hay quienes largan sobre cualquier asunto sin el menor conocimiento sobre el particular, véase “tertulianos” televisivos. En fin, que ya estoy también yo opinando más de la cuenta.
También te puede interesar
Lo último
Contenido ofrecido por Hospitales Pascual
Hablamos con Dr. Francisco Bermúdez Ordoñez, Urólogo del Hospital Virgen de las Montañas