Una gran mujer, una gran emprendedora
La muerte de Ana Marín deja a la fábrica de muñecas sin la artífice de los diseños desde hace más de cuatro décadas
"Me marcó la filosofía de mi padre, que no era otra que la de saber respetar y dar ejemplo con tu trabajo a los que te rodean y por eso me satisface haber empezado desde abajo", confesaba Ana Marín Andrade a la periodista Isabel Brea en una entrevista publicada por este periódico hace cuatro años. Esas declaraciones obedecían a que Ana, o Anita como todos la conocían, comenzó a trabajar en un pequeño taller obteniendo, como el resto de las empleadas, un porcentaje por cada muñeca que acababa.
Su muerte ha dejado huérfana a esa señera fábrica de muñecas porque se ha ido la persona que diseñaba y daba los últimos retoques a cada modelo que salía finalmente a la venta. Dicen que era muy perfeccionista y persistente en su trabajo. Dicen que era callada y muy trabajadora, pero que lo que más decían la gente ayer en su funeral era que, antes que todo, era una gran persona. Y no sólo eso, sino que también una gran emprendedora que supo capear junto con su familia los malos momentos que puede atravesar cualquier negocio a lo largo de su existencia.
Una gran mujer y una gran emprendedora. Más no se puede pedir a una trabajadora que aprendió el oficio desde que era una niña con los sabios consejos de su padre al que consideró su maestro. Quizás por eso se le conoce como Anita, porque se crió y creció entre muñecas hasta que la enfermedad le obligó a dejar este oficio que cuenta con una larga tradición familiar.
En su taller de la calle Arroyuelo nacían y adquirían formas sus muñecas a base de pruebas y más pruebas hasta conseguir el diseño deseado. Encabezó el salto de las muñecas flamencas a otros modelos más innovadores impuesto por los nuevos tiempos. Su padre siempre fue su referente y horizonte a la hora de esbozar una nueva muñeca y sus hermanos su respaldo y consejeros fieles.
El fallecimiento de Ana Marín ha causado un hondo pesar en la población chiclanera y eso quedó demostrado en su funeral con la presencia de una multitud que le dio su último adiós, porque Anita se ganó el respeto a pulso con su trabajo y su carácter.
También te puede interesar
Lo último
Contenido ofrecido por Hospitales Pascual
Hablamos con Dr. Francisco Bermúdez Ordoñez, Urólogo del Hospital Virgen de las Montañas