El mes de las flores

Crónicas del retornado

Guillermo Alonso Del Real

Chiclana, 19 de mayo 2019 - 06:00

Eso dicen que es mayo, aunque depende qué mayo sea. Con el levante que empezó la semana las pobres flores lo han tenido bien crudo y, como la famosa agua de mayo no tiene pinta de hacer acto de presencia, pues para qué te digo.

Claro que la campaña de las municipales y las europeas sí que nos ha dejado flores abundantes, y no flores del mal, sino flores de la tontuna. Se ve que la presumible condición de tontos de baba de los electores nos hace permeables a cualquier género de despropósitos que se les vengan a la boca a candidatos y afines. Por ahora el más lucido ramillete pertenece de pleno derecho a la señora Díaz Ayuso, cuya facundia debe de tener a sus correligionarios del PP con los ojos como platos y a los demás, partidos de risa. En Las Rozas deben de andar preocupadísimos, pensando que si realizan cualquier sencilla actividad lúdica, como asistir a un campeonato de polo o realizar un pequeño crucero en yate, puede colárseles en casa una mancha de indecorosos ocupas podemitas dispuestos a defecar dentro del jarrón Ming. Mejor les hubiera sido irse a con la tortilla a la Casa de Campo con embrión familiar y todo, aún a riesgo de verse asaltados por una manada de gays escandalosos. A mi me encantan estas “boutades”, porque tengo muchos amigos periodistas, que así ven rota la rutina política propia de la temporada y se pueden ocupar de temas más regocijantes.

Pero ésa sí que es una señora como Dios manda y no una de esas feministas, “que son mujeres “frustradas, amargadas, rabiosas y fracasadas” cuyo mayor logro es el aborto, según el insigne David Pérez, aspirante a diputado en la Comunidad de Madrid.

Claro que hasta el momento nos estábamos moviendo en el territorio de la lírica (digo yo), pero don Albert Ribera nos traslada a la épica con la mayor naturalidad, cuando asevera que es preciso recuperar la “épica europea”, porque “Europa es el mejor invento en la historia del hombre.” Pues nada, retornemos a la sangrienta Canción de Roldán, al violento Beowulf y a las matanzas de sarracenos (y cristianos) perpetradas por Rodrigo Díaz de Vivar. Así sí que se ganan elecciones al parlamento Europeo y no a base de prosaicas urnas sólo conducentes a la aburridísima ciudad de Estrasburgo. En cuanto al invento europeo, cuya autoría tal vez podamos atribuir al Sagrado Carlomagno, no tiene parangón con inventos míseros, como el de la milenaria China, las diversas culturas americanas, o, desde luego, las agresivas y peligrosas civilizaciones islámicas, que nada han aportado a la Humanidad, si exceptuamos minucias como la Alhambra de Granada o la poesía de Ibn Zaydún y de Omar Kheyam.

Y, como en todas las casas cuecen habas, he aquí que el ente profético llamado Felipe González invita a Pedro Sánchez a integrar a los “purgados” seguidores de Rubalcaba, o sea, del propio Felipe, auto-designado albacea, con una inoportunidad y un desparpajo lamentables. Precisamente un Felipe que en su mandato no dejaba títere con cabeza y se deshacía de cualquier miembro de su partido que le contradijera en lo más mínimo.

El género literario “ocurrencia electoral” es bastante antiguo, pero en estas fechas está alcanzando niveles auténticamente circenses. Ya se sabe que a los niños nos encantan los payasos, aunque a veces nos den un poco de miedo.

Pues, ya que vamos de niños, el mes de mayo es por antonomasia el mes de las primeras comuniones. Aquellos que celebramos el evento a base de merienda familiar con chocolate y bollos y recibimos obsequio de una pluma estilográfica que chorreaba tinta por todos sus resquicios, contemplamos con asombro la evolución que han experimentado esos familiares y entrañables convites. Catecúmeno o catecúmena es conducido en limusina o en fantástica carroza hasta el hotel de lujo, o hasta el salón de celebraciones, en el que le aguardan no menos de cien invitados de todas las edades. Menú completísimo con aperitivos, entrantes, platos principales, postres variados y hasta barra libre, que debe de ser para los adultos, porque un comulgante de corta edad puesto hasta las cejas de güisqui resultaría algo contradictorio con una solemnidad esencialmente religiosa (o no). Puede que se haya contratado algún prodigioso malabarista, o un graciosísimo payaso (ver párrafos precedentes); incluso un conjunto musical animadísimo. Me dicen que en alguna de esas piadosas ocasiones se cuenta con que los invitados se rasquen el bolsillo, como en las bodas, para sufragar los costes de la infantil epifanía. Me cuesta creerlo, pero el río suena.

Pues, damas y caballeros, con flores a María. ¿A qué María? Pues a cualquiera de ellas, que en Chiclana abundan y todas ellas son merecedoras de un bonito ramo y de nuestra más rendida admiración.

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