"La vuelta de Magisterio sería importante para tres barrios"

Ciudadanos de cádiz

Carmelo García Muñoz. Empresario. Pocas personas como este conocido copistero han vivido tan de cerca la evolución del movimiento universitario entre el Mentidero, La Viña y El Balón

"La vuelta de Magisterio sería importante para tres barrios"
"La vuelta de Magisterio sería importante para tres barrios"
J.m. Sánchez Reyes

28 de febrero 2016 - 01:00

La vida de Carmelo García gira en torno al Teatro Falla, donde ha vivido la gloria de las ovaciones de los gaditanos, como cantó la comparsa 'Los hijos de la noche', y en la frontera de los barrios de La Viña, El Balón y El Mentidero, territorio desde el que expandió su negocio de copisterías.

-Una copistería llamada San Rafael que no está en la calle del mismo nombre. ¿Puede explicarnos la historia?

-Cierto, está en Benjumeda. La imprenta San Rafael se llama así porque mi padre se llamaba Rafael y vivíamos en la calle del mismo nombre. La imprenta sigue funcionando, con mi hermano Pepín. Antes también trabajaba mi hermano Jesús, que falleció hace tres años, igual que mi padre. Son dos negocios distintos.

-¿Cómo llegó usted al negocio de las copias?

-Fundé la copistería en 1986, hará 30 años en octubre. Trabajaba en la droguería Manuca, de chicuco, en la curva de Lacave, para poder pagarme la primera fotocopiadora. Por la mañana en la copistería y por la tarde en la droguería. Nada más abrir llamé a Selu Monzón, que estuvo con nosotros hasta que falleció. Yo echaba muchos cables a Madueño en el estanco y le hacía fotocopias. Iban estudiantes y empecé a ver oportunidad de negocio. Empecé a contactar con alumnos de las facultades de alrededor. Y me fui haciendo mercado. Y tirando tabiques para ir expandiendo el local.

-Eran buenos tiempos con tantas facultades y escuelas universitarias por la zona. ¿Lo echa de menos?

-Y tanto. No había internet y los alumnos no tenían otra forma que fotocopiar apuntes y libros. Ahora, con el Campus Virtual, lo tienen más fácil, por eso nos hemos adaptado a los tiempos. No nos hemos estancado en las copias. Hacemos libros de pequeñas tiradas, cartón pluma, plóter... Y en otras tiendas tenemos material de papelería. Y es que en Cádiz cada vez quedan menos. Cerró Díaz, Minerva, Repeto... sólo aguanta Ferreiro en la plaza de las Flores y poco más.

-¿Se ha notado mucho el descenso del número de alumnos en la zona y el traslado de Ingeniería?

-Mucho. Ya nos afectó el traslado de Magisterio, que no debió de irse nunca. Lo de Ingeniería ha sido la puntilla. Eran 3.000 alumnos. Las fotocopias, los bocadillos, los pisos de alquiler... También se llevaron la escuela de Salus Infirmorum. Menos mal que ahora se nota un poco más que los estudiantes se quedan a vivir en Cádiz porque el nuevo puente les acerca mucho al Campus.

-Las nuevas tecnologías, internet y tal, ¿cómo han influido en su negocio?

-Los alumnos tienen el Campus Virtual y se pueden sacar sus apuntes por internet, con una impresora en casa. Pero a la larga les sale más caro. El cartucho de la impresora se acaba en nada y cuesta caro. Nosotros les ofrecemos ordenadores en nuestras tiendas para allí mismo puedan conectarse al Campus Virtual e imprimir directamente. No han influido demasiado porque nos adaptamos constantemente a las novedades. Pero se nota que hay menos estudiantes, está claro.

-¿Tiene esperanzas en la vuelta de Magisterio?

-Sería muy importante para tres barrios como La Viña, El Mentidero y El Balón. A mí vendría bien porque yo tengo la concesión de la UCA en facultades y escuelas de Puerto Real, Cádiz y Algeciras, tengo tiendas dentro. Y además yo me pensaría cumplir la promesa que le hice a mi padre.

-Cuente.

-Le prometí montar una tienda en la calle San Rafael. Allí tengo un local, cerca de la calle Rosa. Mi intención es montarle una copistería San Rafael. Con su nombre y el nombre de la calle donde vivíamos. Allí, en nuestra casa, empezó mi padre haciendo tarjetas de visita. Tengo una idea pensada muy bonita, con fotocopias, claro está, pero con otros productos.

-¿Qué negocios tuvo además de la tienda matriz de Benjumeda?

-Luego de abrir la copistería cogí la concesión de la Universidad, donde llevamos unos 20 años. También monté una copistería en el bajo del antiguo edificio de Galerías Preciados, cedido por la UCA. Se me quedó pequeña y abrí unos metros más allá otra tienda que ahora regenta mi hija María. Hace tres años abrimos en Astilleros, aprovechando la apertura de la Casa de las Artes.

-Antes de entrar en terrenos carnavalescos, ¿tiene usted alguna otra afición?

-Me gusta cantar otras cosas que no son Carnaval. Tengo en mi casa un equipo profesional de cante. La música es mi pasión. Me da ánimos. Me levanto cada día cantando 'Hoy puede ser un gran día, de Serrat.

-No puede ser más optimista el mensaje de ese tema.

-Por eso lo canto. Y me vengo arriba.

-¿Cómo llega usted al Carnaval?

-Muy joven. En mi casa no había afición, pero mi abuelo, que era de Alcalá de los Gazules, era chirigotero allí. Le decían 'El pinturita' porque era muy pinturero. Mi hermano Javi también ha salido.

-¿Cuál fue su primera agrupación?

-Se llamaba 'Los tigres de Malasia', del barrio de Trille. Luego 'Los segadores', en el 78. Ya en 1979 fue 'Aires hispanameños'. Yo hacía la música. También hice 'Los truhanes'. Luego me metí en una chirigota de adultos, en 1981, llamada 'Los viciosos del bingo'. Yo estaba haciendo la mili y ese día nos cogió el golpe de estado de Tejero mientras estábamos cantando, el 23-F.

-No son pocos los carnavaleros que aseguran que su agrupación cantaba en el momento del golpe.

-Sí, sí. Pero yo le puedo asegurar que en ese momento del golpe estaba cantando en el Falla 'Los viciosos del bingo'.

-Y haciendo la mili, ¿no tuvo usted problemas ese día?

-Y tanto. Estaba acabado de entrar en el cuartel de Varela. Cuando salí del Falla me estaba esperando la Policía Militar. Había orden de acuartelamiento. Me buscaban a mí y más gente en mi situación. Fui a casa -ya habían estado allí buscándome- y me puse la ropa de soldado. Entré al cuartel con la ropa de militar pero sin desmaquillarme y con el pelo canoso, pintado para el tipo.

-Vaya momentazo.

-Dormimos esa noche vestidos con el Cetme encima esperando que tocaran Generala, a las armas. Y al día siguiente me eligen de escolta para llevar 'pepinos', bombas, a la sierra de San Cristóbal. Yo estaba acojonao.

-¿Por dónde siguió su trayectoria carnavalesca?

-En el 82 salí en 'Estampa lorquiana' con el tío más rojo que he conocido nunca, un tal Camas, de la CNT, hermano del que jugó en el Cádiz. De Antonio. Íbamos a cantar a sitios como El Anteojo y se iba la gente. Las letras eran muy cañeras para la época. Para el 83, la comparsa 'Dioses del Olimpo' se partió en dos. Medio grupo hizo 'Robots' y otra parte 'Discípulos del diablo', de Antonio Miranda y Paco Rosado, donde yo salí. No sabe mucha gente que yo hasta aquí siempre toqué la guitarra.

-Luego vino ya su etapa con Enrique Villegas.

-Bueno, me llamó mi compadre Manolo 'El Piojo' para salir en 'Comuneros' en el 83. Fui a probar y me abrió la puerta 'El Alemania'. Me dijo si traía fotocopia del DNI, una póliza, una foto... Esa broma que siempre le gastaban a los nuevos me la tomé a mal. Y le dije que mañana lo traería. Ya no fui más. Pero el año siguiente me llamaron otra vez. Y entré en 'Quince piedras'. Ahí dejé la guitarra.

-¿Por qué?

-Me lo pidió Don Enrique. Me dijo que me pusiera en la punta. Yo no sabía ni como mover las manos, pero Villegas me ponía enfrente un montón de botellas para que mirara a una y a otra. Y un espejo delante para que yo me viera. Llegó a decirme que me iba a convertir en el mejor punta de Cádiz. Todo lo que aprendí fue gracias a él.

-En la época grande de Villegas en los 80 estuvo usted hasta 'Hombres lobo'.

-Fueron grandes años, los mejores. Con 'Quince piedras' arrasábamos por todas partes.

-La competencia con el grupo de Antonio Martín fue histórica.

-Dos grupazos. Competíamos en concursos de pasodobles, ellos como 'Los pabellones' y nosotros como 'Los cleriquillos', antología que aún mantenemos. Pero era un pique sano. Muy buenas amistades. Además, Villegas nos enseñaba a ser caballerosos. En la final del 85 a 'Braceros de pueblo' no se nos permite poner el atrezzo y a 'Entre rejas' sí. Pero Enrique no nos dejaba protestar.

-¿Por qué se rompió ese mítico grupo?

-En realidad casi todo el grupo se fue porque no compartía la forma en la que se llevaba la dirección. Fuimos a decírselo a Villegas y nos dijo: "Ahí tenéis la puerta". Se quedaron Tito Iglesias y El Alemania y los demás nos fuimos con Pedro Romero y Aurelio Real en 'Con gancho', en el 87.

-Ufff, comparsón.

-Pues ni así ganamos. Ganó 'A fuego vivo', de Antonio Martín, quien años más tarde me reconoció que merecíamos haber ganado nosotros. Y es verdad también que en esa final hicimos cada uno la guerra por nuestra cuenta, se partió una cuerda de una guitarra... en fin.

-Salió usted con casi los autores más importantes de aquella época y de los 90.

-Prácticamente. Con Villegas, con Martín en 'Patio vecino', una etapa muy bonita con Quiñones y Pepito Martínez donde conseguí mi único primer premio, en 'Charrúas, con José Manuel Prada, Antonio Bustos, Romero, Real... Sólo me faltó Martínez Ares. Estuve a punto.

-¿Y por qué se truncó aquello?

-Empecé a ensayar para la comparsa 'Esto es Carnaval' después de dejar a Villegas, pero vinieron los míos con el proyecto de 'Con gancho' y no me pude negar. Antonio Martínez Ares lo entendió y me dijo que ya saldríamos en otra ocasión. Por eso me quedé esperando para que me llamara este año (risas).

-¿Con qué autor se queda de todos ellos?

-Con Enrique Villegas, sin duda. Fueron mis mejores vivencias. Conocí a mi mujer el año de 'Quince piedras', como para olvidar aquella época. Gracias esa comparsa me compré mi primer coche, de segunda mano. Enrique era como nuestro padre. Y hacía cosas impensables hoy día.

-¿Cómo cuáles?

-Como ponernos a correr en un ensayo porque teníamos frío.

-¿Llegó usted a cantar ante la cama de Villegas con el autor acostado?

-Hombre claro. La presentación de 'Hombres lobo'. Estaba enfermo y aquello tenía que sonar. Pues... todos para casa de Enrique. Una noche entera. Era muy perfeccionista. Cuando decía a algunos de nosotros "ve por pescao"... Ofú. Eso era irse a casa a las cuatro de la mañana. Nos educó en el escenario. Eso de beber agua en el escenario, como se hace ahora, no lo hubiera aprobado.

-¿Con qué más se hubiera espantado de lo que ocurre ahora en el Carnaval?

-Con tantos decorados. O con tanto pesetero como hay. Sobre todo con la poca caballerosidad, con eso de cantarse coplas unos contra otros. Siempre insistió en dar la mano al ganador. Y eso que si en el Concurso se escapaba un guantazo nos caía a nosotros. Pero teníamos que tragar. Porque Enrique no protestaba y era muy fácil dejarle sin buenos premios.

-Ahora, retirado, mata el gusanillo en el grupo de antología 'Los cleriquillos' y como jurado.

-Este año en 'Coplas para Andalucía' y 'Lo mejó de lo mejón'. El año pasado fui presidente del concurso de infantiles y juveniles. Y con la antología lo estamos pasando bomba en los concursos de verano. Ganamos siempre unos cuantos.

-¿Y cómo ve el Carnaval desde que se retiró?

-Muy cambiado. Cada vez se canta menos fuera de Cádiz. De eso tienen buena culpa los dúos y los tríos, que son contratados por la cuarta parte de lo que cuesta una agrupación.Y hay mucho fanatismo. Los 'hooligans' van al Falla a animar sólo a su agrupación. En el teatro no hay un ambiente gaditano, eso se ha perdido. El Concurso debe volver a los gaditanos. De aquí a nada se lo llevan fuera de Cádiz. Por otra parte, Canal Sur es muy partidista. Sólo pone a sus amigos. Como ejemplo, el 'Tangay'.

-¿Y la comparsa?, que es su modalidad.

-Cada vez se canta mejor, los cuplés son horribles y hay pasodobles muy bonitos en letra.

-¿Cuál hubiera sido su final?

-'Los camellos', 'Los invencibles' y 'La comunidad'... la otra me hubiera dado igual.

stats