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"Mi vida ha ido transcurriendo al ritmo de la Universidad de Cádiz"

Guillermo Martínez Massanet. Fue rector de la institución académica de 1995 a 2003, una época marcada por el crecimiento en los cuatro campus y las presiones políticas y sociales

"Mi vida ha ido transcurriendo al ritmo de la Universidad de Cádiz"
Maribel Gutiérrez

17 de enero 2016 - 01:00

G uillermo Martínez Massanet, Catedrático de Química Orgánica y profesor emérito de la Universidad de Cádiz, ocupó varios cargos relevantes en esta institución hasta llegar a ser rector de 1995 a 2003. Sus ocho años de mandato fueron una época intensa y compleja, en la que la universidad creció en titulaciones, infraestructuras, estructuras y personal y se convirtió en objeto de disputas territoriales y políticas.

-Usted es canario, ¿cómo llegó a la Universidad de Cádiz?

-Soy tinerfeño, me crié en Tenerife y estudié Bachillerato y la carrera de Química en La Laguna. Después hice el doctorado y me marché a la universidad estadounidense de Stanford, donde estuve un año y medio haciendo una estancia postdoctoral. Al acabar, mi idea era regresar a La Laguna, pero las vueltas que da la vida... Mi padre era de Chiclana y a los 19 años se trasladó a Tenerife, se casó con mi madre, canaria de generaciones, y se quedó allí. Siempre nos hablaba de Chiclana y nunca perdió el acento. Así que, como tenía familia de mi padre aquí, decidí venir para hacer un curso. ¿Pero qué pasó? Que surgió la ley de reforma universitaria y había que opositar para volver. La cátedra mía allí no la sacaron, me quedé un tiempo más y cuando me llamaron para regresar mi familia estaba muy a gusto y no nos apetecía. Me vine por un curso y llevo aquí 35 años y pico.

-Comenzó su carrera como docente en 1980. ¿Siempre pensó en dedicarse a la enseñanza?

-Sí, siempre tuve claro que quería dedicarme a la docencia y a la investigación y ahora que soy profesor emérito y no tengo clases regladas, voy a añorar mi labor docente. Disfruto mucho dando clase, provoco a mis alumnos, me meto con ellos para que se defiendan, argumenten y aprendan. Cada rato nos paramos fuera de clase y muchos me dicen que me echan de menos. Es donde me siento más gratificado.

-Su tiempo de gestión le restaría horas de clase porque ha ocupado varios cargos de responsabilidad en la UCA.

-Así es. Intenté aguantar todo lo que pude pero llegó un momento en que me fue imposible. En la Universidad de Cádiz he sido director del departamento de Química Orgánica, decano de la Facultad de Ciencias durante casi cinco años, vicerrector de Investigación y finalmente rector.

-¿Pensó que algún día se convertiría en rector de una universidad?

-Para nada, todo fue un poco por carámbolas de la vida. Mi vida ha ido transcurriendo al ritmo de la Universidad de Cádiz. La UCA se creó en el año 79 y yo llegué en el 80, por lo que prácticamente no había cargos. Yo no había ocupado ninguno en La Laguna ni en Stanford y además era algo que me amedrentaba. Pero como faltaban, el que estaba de decano de la Facultad de Ciencias me llama y me dice: "Mira Guillermo, te vamos a poner de vicedecano pero no vas a hacer prácticamente nada, es que hace falta que aparezca en el organigrama". Ahora resulta que éste se va de traslado y yo me quedo de decano. Me vi de rebote y yo decía, quitadme de en medio que tengo un departamento recién estrenado.

Debe ser que hice algo bien que me impulsan a presentarme a decano, sin ninguna posibilidad porque había un oponente fuerte, pero salí elegido. Me vi como el Cid Campeador cuatro años y medio hasta que me llamó el rector, José Luis Romero, para vicerrector de Investigación. Entonces sí acepté porque la investigación era algo que me apetecía y fue una etapa muy bonita ya que de la nada se fue creando una estructura que aún sigue en pie y esa es una de las cosas que más me enorgullece.

Para rector tres cuarto de lo mismo, yo no pensaba presentarme. Las elecciones eran a final de año y tras el verano me decían algunos compañeros: "¿Guillermo, qué vas a hacer?" No, si yo estoy muy bien como estoy, tengo que dedicarme a mi departamento, contestaba.

Lo curioso es que el candidato era el vicerrector, Diego Sales. Él tenía todos los apoyos y además decía que quería que se presentara otro candidato porque él solo no quedaba bien. Así que yo me presenté y nadie daba un duro por mí, ni un duro, pero no sé qué pasó en el Claustro que muchos me votaron y gané las elecciones, para mi sorpresa. Me presenté porque entendía que podía hacer algo, pero si no hubiera ganado no habría pasado nada.

Me encontré de repente metido en un fregado que no esperaba, así que ya eran tres fregados distintos. Te digo de corazón que yo estoy muy bien aquí con mi bata, pero si tengo que hacer cualquier otra cosa, no me importa.

-Una vez que llegó a rector, empezaron sus rifirrafes con varios políticos de la provincia. ¿Cómo recuerda aquella época?

-El panorama político en aquel entonces era bastante curioso: Carlos Díaz y Teófila Martínez en Cádiz; Pepe Barroso en Puerto Real; Pedro Pacheco en Jerez; Hernán Díaz en El Puerto y Patricio González en Algeciras. Cada uno de un signo político y todos queriendo coger un trocito de la universidad. Entonces abría el periódico por las mañanas y lo menos que me llamaban era bonito. Pedro, por ejemplo, me decía: "te voy a avisar cuando me meta contigo", pero al cabo del tiempo se olvidó de avisarme.

Pedro Pacheco era muy listo, pero se pasó de listo y así está. Al principio se metía conmigo, pero luego cogía a las familias del entorno del campus y las mandaba para presionarme, para forzarme a tomar medidas de inmediato. Desde los sindicatos, donde algunos de sus líderes estuvieron en la cárcel o expedientados, me estaban amenazando, hubo manifestaciones en Jerez... En el fondo buscaban una cosa que yo tenía clara y es que había que hacer un campus en Jerez.

Igual pasaba con Patricio González, era de los que venía llorando: que esto era la metrópoli, que no tenía interés por Algeciras... pero yo metí el aula de Mayores, el Aula del Estrecho... Hernán Díaz era tan imprevisible que no le hacía ni caso y eso le cabreaba aún más.

Carlos Díaz era un buen hombre, tenía interés por la universidad pero solo actuaba cuando se hablaba de llevarse algún centro. Con Teófila era más un juego de dar y quitar.

-Imagino que sería complicado liderar la institución con tantas presiones externas.

-La idea que tengo es que era difícil el gobierno de la universidad. Cada uno tiraba para lo suyo y reconozco que yo defendí el modelo integrado, pero una vez que se apostó por el modelo disperso de cuatro campus, era razonable que Jerez tuviera uno de ellos. Si todos los alcaldes hubieran apostado por el modelo integrado, para mí el sitio ideal para la Universidad hubiera sido Las Aletas porque está a la altura de todo el mundo, con acceso en tren, con espacio de sobra... Pero me di cuenta de que eso era imposible, era un sueño.

-Y esos campus comenzaron a crecer y se implantaron nuevas titulaciones.

-Recuerdo que fue una etapa de negociación muy grande, pero al final conseguí introducir un montón de actividades, estructuras e infraestructuras en cada campus. Se distribuyeron los cursos de verano, gastamos casi 11.000 millones de pesetas en infraestructuras...

En cuanto a las titulaciones, muchos rectores tenían el concepto de que cuántas más titulaciones mejor, pero yo siempre he criticado que a veces, en esta y otras universidades, se han implantado titulaciones que adolecen de infraestructura, profesorado... no creo que el número de titulaciones indique que el rector ha hecho un buen trabajo. Lo importante es que sean pocas y buenas para que se conviertan en referentes. Pero entonces todos los alcaldes pugnaban por llevar facultades a su ciudad.

Pacheco me trajo una lista muy grande de titulaciones para que las pusiera en Jerez; Patricio tres cuarto de lo mismo, y yo les contestaba: "¿Tú estás dispuesto a pagarlas? ¿Tú me vas a poner la luz, los conserjes, los edificios, los sueldos...? Pues venga". Automáticamente se echaban atrás. Me queda por nombrar a Hernán Díaz, era la cosa más peligrosa que te puedas imaginar. Me regalaba medio Puerto de Santa María.

-Comparándolo con el momento actual, parece que ese protagonismo de la universidad ha decaído.

-Había una vida universitaria que yo no percibo ahora. Veo que sí, que funcionan las cosas y a lo mejor es mejor así, pero... El interés del ciudadano ahora al abrir el periódico y ver una notica de la universidad es menor que entonces.

A mí se me desnudaron los estudiantes, me empapelaron el rectorado, me llamaban de todo lo que te puedas imaginar. Hemos tenido reuniones maratonianas desde las nueve de la mañana hasta las nueve de la noche, me cortaban el tráfico... Eso ha desaparecido. Antes era distinto, todos luchábamos por mejorar.

A mí siempre me preocupó el concepto de calidad en la universidad porque el ciudadano tiene derecho a que los servicios públicos de educación se presten al máximo nivel y por eso trabajé mucho en ese campo.

-Usted hasta salió a la calle a protestar por la Ley Orgánica de Universidades, que se promulgó en diciembre de 2001.

-Yo estaba en primera línea de las manifestaciones de los rectores contra esa ley, pero lo hice en la confianza de que se llevaría a cabo un cambio drástico, que era lo que el PSOE prometía. Al cabo del tiempo el PSOE se hace con el poder y no cambia prácticamente nada y claro, la decepción que yo tengo es que todo aquel esfuerzo, aquel movimiento, no valió para nada. En un tema como la educación, y sobre todo, la educación superior, que está ligada a la investigación y a la innovación, hay que hacer un pacto a mayor escala, sin partidismos.

-Una de sus grandes luchas fue el pago de la deuda por parte de la Junta.

-Sí, y tengo claro que estoy vetado en esa administración. En cada apertura de curso o en mi investidura, Manuel Chaves daba el mismo discurso y claro, seis años después viene y se repite en sus argumentos... pues ya no me pude resistir y me metí con él, no yo, mis rectores, porque todos pactamos lo que debía decirle. Con total naturalidad, sin insultar, ni presionar le dije lo que había en el tema de la financiación con datos y que él estaba contando lo mismo que hacía seis años. "¿Qué son los mismos papeles?" Dicho de una manera más elegante, obviamente. Y claro, ¿qué pasa? Que estaba ahí sentada Teófila y eso le sentó como una patada en mal sitio.

La pelea por la financiación la lideramos el rector de la Universidad de Sevilla, Miguel Florencio, y yo. Yo hablaba con Esperanza Aguirre y Mariano Rajoy y me decían que le pidiera el dinero a la Junta porque esas competencias estaban cedidas. Al final, antes de dejar el cargo, pude cerrar un pacto económico para liberar a la universidad del déficit que tenía.

-¿Tiene alguna espina clavada de su tarea como rector?

-Una cosa que me cabreó muchísimo era la situación del Colegio Mayor Beato Diego. Yo propugnaba por pactar con una empresa que gestionara la parte económica y nosotros la académica. Así no gastábamos un duro, ellos lo arreglaban y funcionaba como el que está ahora en Catedral. Los sindicatos decían que eso era vender la universidad a la empresa... Eso fue al final de mi mandato y ninguno de los dos candidatos, Diego Sales y Pepe Vilches, tuvieron narices para decir "si no hacemos esto, va a quedar cerrado". Decían: "No, no, buscaremos dinero público y en dos años estará abierto" y votaron en contra de mi propuesta en el último Claustro. Entonces yo dije que el colegio se quedaría cerrado al menos diez años. ¿Me equivoqué? Eso lo tengo clavado y, además, me lo han reconocido después.

-En general, ¿tiene un buen recuerdo de su paso como rector?

-Cuando llegué al cargo de vicedecano cogí un papel y escribí: el día que no crea en lo que hago o me inflen las narices porque piensen que lo hago mal, me voy. Siempre lo tuve presente y si he sacado algo positivo es que tengo una magnífica amistad con mucha gente, hasta de la oposición podemos llamar. La gente cuando me ve y me saluda me parece que lo hace de manera afectiva, nada fingida, y eso para mí es muy importante.

Sí, en general tengo un buen recuerdo de mi paso como rector.

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