Aquel verano de 1986

Una felicidad aparentemente real en un país de realidad no muy feliz

Reyes y príncipes en la escalinata del palacio de Marivent.
Reyes y príncipes en la escalinata del palacio de Marivent. / Efe
M. Muñoz Fossati

25 de julio 2018 - 08:54

Aquel año la princesa del pueblo tuvo unas vacaciones regias en Mallorca. Diana de Gales, más conocida como Lady Di, junto a su todavía marido Carlos y sus dos hijos, pasó la primera de sus tres estancias en el palacio de Marivent, invitados todos por los todavía Reyes de España. El matrimonio principesco inglés había empezado su vida en común provocando a nuestro país al visitar Gibraltar durante su luna de miel, y tocaba recomponer relaciones entre familias reales, que es muy incómodo encontrarse por las cortes europeas y no hablarse. Ya no era mucha la complicidad entre la joven pareja, Él buscaba atardeceres dorados y ella atrevidos bikinis que los paparazzi acechaban, lo que resaltaron ya como diferencias los cronistas rosas de la época, profetas de lo evidente. Pero eso ya es otra historia.

El país, sin embargo, no atravesaba un periodo especialmente feliz. Aunque Felipe González revalidó cómodamente su mayoría absoluta, ETA protagonizó un verano especialmente cruento, con varios atentados entre los cuales el más sangriento fue el perpetrado con explosivos en Madrid y en que resultaron muertos diez guardias civiles. Todo esta barbarie ocurría en medio de los primeros síntomas de conversaciones entre el Gobierno y la banda terrorista, negados y admitidos a partes iguales. El líder etarra, Txomin Iturbe, acabó el verano en Argelia, y parece que finalmente sí se negoció.

El fútbol tampoco contribuyó esta vez a levantar el ánimo. Año de Mundial en México, que se recordará por la goleada de Butragueño a Dinamarca, por la caída ante Bélgica en cuartos y por la explosión estelar de Maradona, ‘mano de Dios’ incluida, que llevó al campeonato a Argentina en la final frente a Alemania. España aún habría de esperar para llegar a su edad de oro futbolística, pese a la Quinta del Buitre, que acababa de conseguir la primera de sus cinco ligas consecutivas para el Madrid.

Otro monstruo visitó España ese verano: Frank Sinatra, a sus 76 años, daba su primer concierto en nuestro país, y su recital en el Santiago Bernabéu fue un desastre. Su legendaria Voz y sus ojos azules no lograron llenar más que la mitad del aforo. Eso si consideramos que atraer a más de 30.000 personas es un fracaso. Los que sí llenaban plazas de toros eran Ana Belén y Víctor Manuel, que dieron el pelotazo con La puerta de Alcalá, mientras que el verano encumbraba la Conga de Miami Sound Machine.

Hubo pérdidas sensibles, como la de Jorge Luis Borges, premio Cervantes y eterno candidato al Nobel, y la del clásico Vincente Minnelli. Sin embargo, la pérdida más irreparable llegó al final del año: Cary Grant nos dijo adiós, seguramente con su sonrisa de medio lado, en noviembre.

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