Hostelería

Un verano esperanzador en La Palma

  • Los hosteleros de esta calle del barrio de La Viña se muestran satisfechos por el aumento de las ventas en la primera mitad del mes de julio, que se sustenta en el turismo nacional

Unos comensales almuerzan en el Mesón Criollo, en la calle Virgen de la Palma.

Unos comensales almuerzan en el Mesón Criollo, en la calle Virgen de la Palma. / Julio González

La calle Virgen de la Palma es uno de los epicentros del verano gaditano. En los últimos años, ha vivido el auge y transformación del turismo en la ciudad. Con la caballa como principal protagonista, en los últimos tiempos se ha convertido en un foco de atracción para el turismo, perdiendo relevancia el público local. El coronavirus se ha hecho notar en la hostelería de la principal vía del barrio de La Viña. 

En este fatídico año y medio, este sector, que es la principal actividad económica de esta zona del casco antiguo, ha intentado sobrevivir como ha podido. Con una alta dependencia de la estacionalidad –teniendo sus puntos álgidos en Carnaval y en verano–, las restricciones y los cierres perimetrales han hecho mucha mella en los negocios. Pero las cosas se empiezan a ver diferentes en este mes de julio, ya que, tal y como reconocen los propios hosteleros, el inicio de la temporada estival ha sido muy bueno, por lo que esperan que, a pesar del aumento de los contagios que se están registrando en las últimas semanas, los clientes sigan acudiendo a los establecimientos para poder mirar al futuro con esperanza. 

En el Bar La Dorada, uno de los referentes de esta calle, Virginia Torres, una de las empleadas, comenta que, en comparación con el pasado verano, "este año vemos un poco más de público, parece que la gente está como loca por salir". Una percepción en cuanto a ventas que indica que se sustenta en "el turismo nacional", que es con el que trabajan. 

En todo este tiempo, señala que este establecimiento "ha estado abierto todo el año", excepto en el confinamiento duro, mientras que muchos de esta misma calle tuvieron que cerrar. "Gracias a Dios, hemos aguantado con los clientes fieles que venían los fines de semana. Con eso hemos sobrevivido", asegura. De lo que viene a partir de ahora, apunta que "tenemos miedo a que vuelvan las restricciones y tener que volver que cerrar a las seis", lo que "perjudicaría al personal extra que se contrata en verano, ya que no podría seguir". 

El Mesón Criollo, otro de los típicos que resiste en la calle La Palma, volvió a abrir sus puertas el pasado 1 de julio tras permanecer cerrado desde el pasado mes de diciembre. Claudio Vidussi, su propietario, resalta que, "desde el primer día que abrimos al público, gracias a Dios nos ha ido muy bien", por lo que nota "más demanda de la gente". 

Varias personas esperan en el exterior de la Taberna Casa Manteca. Varias personas esperan en el exterior de la Taberna Casa Manteca.

Varias personas esperan en el exterior de la Taberna Casa Manteca. / Julio González

En cuanto al público que está recibiendo, c que "entre un 90% y un 95% está siendo público nacional. También están viniendo algunos italianos y franceses, pero muy pocos, y los cruceros no nos están aportando nada". Vidussi destaca que "las previsiones son muy buenas si no hay cambios en las restricciones", por lo que espera no tener que volver a cerrar.

Vicente Fernández, propietario de El Palmito, explica que "el año pasado julio y agosto fueron buenos, pero se truncó el mes de septiembre". De momento, la dinámica es positiva, aunque se aleja un poco de la normalidad. Esto lo argumenta al señalar que "hay mucho turismo nacional. Esto era una calle más de extranjeros,  pero ahora mismo los cruceros no aportan nada porque vienen en grupos burbuja". 

Esto influye, especialmente, en el momento de las cenas, ya que "otros años los extranjeros venían a comer a las siete y media de la tarde y el público español venía a partir de las nueve y media, por lo que teníamos dos turnos llenos de terraza. Ahora, solo tenemos un turno lleno, pero nos podemos dar con un canto en los dientes". 

En la esquina con la calle San Félix, la tapería La Punta del Sur vive su primer verano tras trasladarse el pasado mes de septiembre desde la calle Pericón de Cádiz. Isaac Domínguez, su propietario, relata que "estamos cubriendo el 60% del aforo normal" gracias a la terraza, ya que todavía percibe miedo para consumir en interior. 

Con todo, considera que "el cambio al nuevo local ha sido muy positivo porque si no yo ya habría cerrado al tener solo seis meses en interior y seis trabajadores". Domínguez se muestra muy crítico con las restricciones que ha sufrido y señala a los macrobotellones, ya que "por culpa de esas concentraciones están subiendo los contagios y nos atacan a la hostelería".

En la Heladería La Granja, Juan Pérez, su dueño, reconoce que "hemos tenido un mes de junio muy bueno, como si fuera un mes de agosto", manteniéndose la senda en lo que llevamos de julio. De hecho, reconoce que este negocio se beneficia de las personas que se alojan en los apartamentos turísticos de la zona, algo que notó "en los desayunos cuando se empezó a abrir la movilidad".

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