Tributo a Jaime Pérez-Llorca Un señalado político de la Transición

Jaime Pérez-Llorca con su esposa María Rosa Torrecillas Velasco. Jaime Pérez-Llorca con su esposa María Rosa Torrecillas Velasco.

Jaime Pérez-Llorca con su esposa María Rosa Torrecillas Velasco.

Conocí a los dos hermanos, José Pedro compañero de UCD y ministro. Jaime senador del PSOE. Me contaba mi madre, que con sus padres vivían en una casita en la Muela (Vejer) y que al nacer eran muy pequeños y delicaditos…y mira por donde ambos luego fueron grandes hombres y señalados políticos de la Transición. Curiosa paradoja, física intelectual, dos niñitos que nacen muy endeblitos y luego crecen y se convierten en dos gigantes de la cultura y de la política gaditana.

En aquellos tiempos, pese a las divergencias políticas, existían cordialidad y buenas formas entre los distintos parlamentarios. Refiero como nos veníamos de Madrid para Jerez juntos Ramón Vargas Machuca y Esteban Camaño del PSOE, Francisco Cabral del PC, y mi menda de UCD, todos tan amigos... Una vez tuvimos una discusión entre Jaime Pérez Llorca y yo publicando cada uno un artículo en Diario de Cádiz “dándonos leña política” lo que no supuso en modo alguno distanciamiento amistoso entre los dos. Recuerdo que José Pedro enterado de la cuestión, me pidió ya en el Congreso, el texto de los dos artículos…los leyó y no dijo nada (él cauto, prudente y discreto, según el sentido de su apelativo de zorro plateado)

Hay una anécdota de Jaime muy curiosa que denota su carácter siempre lleno de preocupaciones, ilusiones y actividades. En su consulta gaditana de oftalmología, graduando a un paciente, le echó en los ojos un colirio, un ciclopléjico, a fin de dilatarte la pupila y así poder graduar su anomalía óptica. Luego le dijo al enfermo “espérese un poco que le haga efecto el colirio y enseguida vengo”. Se fue y se le olvidó en otras llamadas y preocupaciones. El enfermo se quedó dormido y al cabo de mucho rato se despertó alarmado con las luces apagadas y llamó, gritó, acudiendo Jaime pidiéndole disculpas por su olvido.

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