Otras víctimas del coronavirus Los taxistas avisan que las pérdidas del sector pueden rondar el 80%

  • La Ley les ha obligado a dividir la flota en dos y a trabajar sólo en días alternos. A esto se une que la presencia de clientes en las calles se reduce de manera escandalosa.

Un taxi recoge a una pasajera en Cádiz.

Un taxi recoge a una pasajera en Cádiz. / Lourdes de Vicente

El sector del taxi ha sido otro de los grandes perjudicados en todo este trance provocado por la crisis del coronavirus. El propio Gobierno ha impuesto que los transportes públicos quedarán reducidos a la mitad.

Esto también ha cogido a los taxistas a contrapié porque se considera ya, de por sí, un gremio castigado ante el exceso, en muchas ciudades, de licencias otorgadas por los ayuntamientos con ansias recaudatorias. De hecho, un representante de este gremio estima que las pérdidas en los ingresos a raíz de la crisis del coronavirus puede rondar el 80%, dado que sólo permiten que circule la mitad de la flota en días alternos. Y cuando trabajan lo hacen en calles desiertas, de manera que lo recaudado se reduce una quinta parte.

Pero el colmo ha sido esta crisis sanitaria. De ello da fe Jesús Martín, taxista de la capital que cuenta a 'Diario de Cádiz' que la norma les ha impuesto la división en dos de la flota y la distribución en días alternos, de manera que la mitad de la flota trabaja un día y libra el siguiente.

El número de horas que puedan estar en la calle durante la jornada sigue siendo libre pero la realidad se impone y el ritmo de la ciudad se centra en las horas de la mañana. "Si esto ocurre en una jornada normal, imagínese en un estado de alarma como el que vivimos", según Martín. De madrugada, según le cuentan a este taxista, una vez que cierran los pocos establecimientos que la Ley permite tener abiertos, la ciudad se queda como un auténtico desierto, por lo que "es raro que alguno de los compañeros que antes hacían 24 horas, hagan ahora la madrugada". 

En cuanto al día a día, Jesús Martín indica que todos los compañeros taxistas van con guantes y, muchos de ellos, con mascarillas. "Hay que entender que estamos en un habitáculo de un metro por un metro y pico, y si a alguien le da por toser, te tose en la nuca".

Los taxistas llevan ya tomando precauciones desde el 10 de marzo, fecha en la que ya recibieron desde sus asociaciones un escrito con recomendaciones sanitarias al respecto.

El miedo es compartido porque los clientes también se lo piensan dos veces antes de meterse en ese pequeño habitáculo con un desconocido, pero "creo que el miedo será menor que cuando se montan en el autobús porque nosotros nos llevamos muchas horas dentro del taxi y, por la cuenta que nos trae, hacemos lo posible para que el interior esté totalmente limpio". "De hecho es normal vernos, ahora más que nunca, limpiando los coches en cuanto se baja un cliente". En los autobuses, según Jesús Martín, mientras transita nadie los limpia, "mientras que aquí cuando uno se baja y escuchas una tosesita intentas limpiarlo todo de arriba a abajo".

Pero cuando finaliza la jornada, el miedo se traslada a casa, después de horas de contacto con extraños. "Yo personalmente cuando acabo no me toco ni yo. Ahora mismo, que acabo de terminar un servicio, me he quitado los guantes, los he tirado a un container, me he dado con hidrogel, a mis manos, al volante..." En teoría, Jesús asegura que hace lo posible por irse para casa lo más desinfectado posible, pero "a pesar de ello, cuando llego a casa me quito el chaquetón y lo echo a lavar y mañana me pongo para empezar una nueva jornada. Mi chaquetón es casi como una bata", tal y como relata este taxista gaditano.

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