Cádiz

Todo lo que pudo haber sido, todo lo que no será

  • El Centenario y el Bicentenario muestran dos caras muy similares en cuanto a promesas incumplidas

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 "Grande o menguado; brillante u opaco; intenso o pequeño; amplio o reducido; al fin fue". Así se refería al Primer Centenario de la Carta Magna gaditana Juan de V. Portela, uno de los socios que obtuvo protagonismo en la recuperación del Ateneo de Cádiz, en una carta publicada el 16 de octubre de 1912 en las páginas de este longevo periódico.  Así pasó por primera vez y, posiblemente, así pase por segunda.

La situación en la que se encontraba nuestra ciudad hace cien años no dista mucho de la actual. Inmersa en una crisis,  arrastrada desde el Desastre del 98 y empeorada con la pérdida de las últimas colonias durante la primera década, con un gran número de gaditanos condenados al paro, un puerto deteriorado por el poco movimiento comercial y  con una inminente necesidad de reactivar una economía dormida. La celebración del Centenario se recibió con ilusión por parte de los ciudadanos, esperanzados  por la proyección previa que alcanzó el festejo. Podía suponer un importante ingreso para la ciudad y generar puestos de trabajo. La expectación creció en los años previos, pero la realidad dejó mucho que desear. Otra similitud más con la celebración del Bicentenario. 

puesta a punto

Al igual que para el Bicentenario, en 1912 se intentó engalanar la ciudad con obras de adoquinado en las calles, la reforma del Oratorio de San Felipe, la creación del Museo Iconográfico e Histórico de las Cortes y Sitio de Cádiz (nombre originario del mismo recuperado en 1997) y la construcción del monumento conmemorativo. Y al igual que en 2012, por aquel entonces todo tardó más de lo previsto, terminándose las obras mal y a contrarreloj horas antes de las celebraciones -como ha ocurrido con la remodelación de la plaza de San Juan de Dios recientemente, finalizada la noche antes de la visita del Rey en el día de San José-, o alargándose durante años como en el caso del Monumento a las Cortes, que no se terminó de construir hasta el año 1929. Quizá la fecha pueda servir de guía para adivinar el tiempo que falta hasta que veamos terminado el segundo puente. La falta de presupuesto, en ambos casos, paralizaron las obras en numerosas ocasiones.

Otra de las preocupaciones de la Junta Local del Centenario era la necesidad urgente de remodelar el Paseo de Canalejas, que se encontraba en un estado desastroso, con numerosas piedras amontonadas, tras el derribo de las murallas ordenado por Cayetano del Toro en 1906. A la actual alcaldesa también debía parecerle que el estado del paseo no era el adecuado, por lo que igualmente se decantó en 2008 por comenzar sus obras, prolongándose durante dos largos años. 

Las fiestas

El 19 de marzo de 1912 comenzó con una procesión cívica desde la plaza de Isabel II -actual plaza de San Juan de Dios- totalmente acicalada para la ocasión, donde participaron representantes de distintas instituciones locales y estatales. El público acudió en masa para presenciarlo. En un artículo publicado en la revista Ubi Sunt? en 2008 podía leerse lo siguiente: "Tal era la aglomeración de público, que en aquella plaza de la Constitución, una vez terminado el acto y cuando la procesión se dirigía a la plaza de las Cortes, la gente quiso salir como lo hace el agua de un embudo, entre otras razones, para saludar al político gaditano Segismundo Moret y Predergast, lo que originó escenas de angustias y un pánico generalizado". Hace un siglo los ciudadanos todavía creían en los políticos e incluso los admiraban. Sin embargo, en nuestros días posiblemente la escena de angustia y el pánico estaría en el otro bando. 

no todo salió bien

Por seguir buscando coincidencias, no todo lo que se planeó surgió como se esperaba. Empezando por los presupuestos, que al principio tiraron por alto para verse reducidos finalmente a casi la mitad. No obstante, se consiguió el crédito suficiente para que la celebración no se quedara sin sus respectivos actos. Sin embargo, dos acontecimientos repentinos provocaron un cambio de planes. En primer lugar, el súbito fallecimiento de la infanta María Teresa, hermana de Alfonso XIII, impuso el luto en la corte y causó un retraso en las celebraciones y la ausencia del monarca. Desde las páginas del Diario de Cádiz se preguntaba en vano "¿Qué puede haber más grande para un rey constitucional que la conmemoración del primer Código político nacional moderno?". Lo segundo fue la huelga general ferroviaria que impidió que Canalejas y el resto de su gobierno se trasladara a Cádiz a tiempo e impidió la llegada de los visitantes y turistas.  Además, la fiesta tuvo un gran sector en contra: el conservador y católico. Este enfrentamiento empañó la imagen del Centenario dotándole un marcado carácter político, semejante quizás a los roces que ha habido en el Bicentenario entre la Junta y el Ayuntamiento. A todo lo que pudo haber sido pero no fue hay que sumar el ya citado caso del retraso de la construcción del Monumento a las Cortes, similar al retraso en las obras del puente. 

En definitiva, ambas celebraciones levantaron tal espectación que la decepción tras no resultar lo esperado fue mayor que si no se hubiera esperado nada. No se terminaron las obras, no se reactivó la economía, ni disminuyó el paro, ni se compensó tanto esfuerzo por parte de la población. Mucho bombo para tan poco platillo. 

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