Cádiz

La porquería de siempre

  • Comerciantes de los Callejones y José Cubiles sufren riadas de aguas fecales que se cuelan en los negocios

"Lo de siempre". Los comerciantes de los Callejones de Cardoso y de la calle José Cubiles, vías separadas por Sagasta, viven resignados a que las trombas se cuelen en sus comercios. Unas aguas más limpias que otras. En Cubiles, donde horas después de las fuertes lluvias olía fuertemente a cañería, hubo "riadas" de heces fecales "y compresas", como señalaba Manuel Freire, encargado de la cafetería Riancho. La avalancha les cogió con el establecimiento abierto y el agua entró desde la calle y desde dentro "salió a caños por una arqueta". A pesar de colocar unas barreras en las puertas -la experiencia es un grado- el agua entró en la cafetería, dañando algunos motores. "Hemos perdido la tarde limpiando con lejía", aseguraba.

A Desireé Orihuela, propietaria de la peluquería La Bien Peiná, el agua le cogió atendiendo a una clienta. "Ella se puso a achicar conmigo". Los viernes son días fuertes en negocios como este. La de ayer fue una jornada "perdida", comentaba mientras enseñaba el suelo, de parquet, dañado.

Muy cerca, todo un clásico de la lista de afectados por las riadas viñeras, Manuel Aragón, de Confecciones Manolito, aseguraba que "las alcantarillas han hecho efecto chupona con la lluvia y ha salido fuera toda la porquería. El agua ha llegado hasta el probador". Perro viejo en estos asuntos meteorológicos, Aragón siempre tiene la ropa en alto. "Pero los muebles se mojan, eso sí", aclaraba.

En la esquina con Sagasta, Nieves Bastardín, de la peluquería Mundo Belleza, afirmaba que "el agua ha llegado casi a los enchufes. Ha faltado poco porque había tres cuartas", decía. "Más ha salido desde el vate que lo que ha entrado desde la calle. Dentro tenemos un bajante que ha empezado a arrojar las aguas", explicaba.

En los Callejones, Rafael Aguilar, de Confecciones Aguilar, sacaba con un recogedor agua a paladas varias horas después de la tromba. De la tienda salía "en cascada por el escalón". Los comerciantes de la calle abrieron los husillos. "Ha sido para nada porque no han podido tragar el agua y ésta ha entrado en los negocios". Aguilar criticó que los operarios de la limpieza "rieguen las calles antes de barrerlas. Así se llevan la suciedad hacia los husillos, que se obstruyen. A esto sumamos que hace mucho tiempo que no llueve". Tuvo que cerrar el establecimiento por la tarde y no las tenía todas consigo para poder abrir la mañana de hoy.

Al fastidio por lo ocurrido se sumaba el temor por las predicciones de lluvia de la madrugada. En esta zona del casco histórico, ver una nube es sinónimo de pavor. Como una tradición que a nadie le gustaría celebrar. Pasan los años y nadie lo arregla. Esto es Cádiz.

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