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La pintura adquiere protagonismo en los carteles

Cada vez son más habituales los voceros que representan una obra pictórica y no fotográfica

La pintura adquiere protagonismo en los carteles
P-M. Durio Cádiz

01 de abril 2014 - 01:00

La fotografía ha sido la reina de la cartelería cofradiera en las últimas décadas. A la hora de editar un cartel, sea con el motivo que sea, la práctica totalidad de hermandades, asociaciones o entidades han recurrido siempre a la fotografía (con sus excepciones, que también las ha habido en estos años).

Pero de un tiempo a esta parte viene sucediendo que la pintura va ganando enteros en este terreno. Después de unos años en los que el Consejo intentó, sin éxito, que el cartel anunciador de la Semana Santa fuera una pintura, este arte ha vuelto a entrar de lleno en el mundo de las hermandades, de la mano de autores en su mayoría jóvenes que están firmando destacadas obras de muy distintos estilos, conceptos y representaciones.

Esta Cuaresma, posiblemente, haya sido donde más se ha evidenciado esta irrupción de la pintura en este género cofradiero que anuncia las procesiones, los aniversarios y otros eventos. Por hacer un repaso, en los últimos meses han presentado carteles pictóricos las cofradías de Borriquita (por los 25 años del título carmelitano realizado por el sevillano Juan Miguel Ojeda), El Amor (por el 50 aniversario de la llegada de la Esperanza a San Francisco, que se presentó el pasado sábado y que también es obra de Ojeda), La Palma (en su cartel de Semana Santa en la Viña, pintado por Manuel Peña Suárez, igualmente sevillano) y Descendimiento (en el 350 aniversario de su fundación, pintado por Luis González Rey); y las entidades tertulia Pasión Nazarena (obra de Antonio Álvarez del Pino), la asociación de cargadores del Cristo de la Vera-Cruz (obra de Francisco Alonso) o el grupo gaditano Mujer de Mantilla (pintado por Jaime Babío).

Siete pinturas con motivos cofradieros, desde conceptos más abstractos (como la mantilla y los capirotes de Babío para el grupo de mantillas) a la representación más realista de un momento de la Semana Santa (como el de Alonso con el cortejo de Vera-Cruz).

Posiblemente el pintor Antonio Álvarez del Pino haya sido el último detonante de la incursión de este arte en el mundo de las hermandades gaditanas. Él firmó la obra que anunciaba el Bicentenario cofrade en 2012 y ha sido a raíz de esa pintura cuando han proliferado el resto. "Yo intento plantearme que el único sentido de la pintura es hacer algo que no puede ser elaborado por un fotógrafo. A nivel de realismo, de detalle, la fotografía es mejor. Pero la obra pictórica te hace soñar. Es muy eficaz a la hora de transmitir un mensaje", cuenta Álvarez del Pino, que también ve como ventaja frente a la fotografía que la pintura el patrimonio que deja para la hermandad. "Yo entrego un cuadro y el fotógrafo entrega un CD", expone este pintor.

Un apartado que puede ir en contra de la pintura es el económico. La pintura cuesta dinero, la obra de un pintor hay que pagarla. "Hay que tener el concepto de elegir a un pintor como se elige a un orfebre o a un tallista", entiende el joven pintor gaditano.

De forma paralela a estas ventajas, aprecia Álvarez del Pino -que este año ha formado parte del jurado del concurso para elegir el cartel de la Semana Santa- cierta "saturación" de fotógrafos "y poca creatividad" en las obras existentes. "Hay muy pocas autorías y mucha saturación".

Esta idea coincide plenamente con la del fotógrafo y cofrade Fito Carreto. "La fotografía tiene un problema, que está muy encasillada. Echo en falta retratar más el ambiente y lo cotidiano de una procesión, en lugar de la imagen. Hoy en día se fotografía una exposición de esculturas, en lugar de una fiesta, un sentimiento", argumenta Carreto, que considera que en el terreno de la fotografía cofrade "habría que innovar, sin perder la idea de la Semana Santa en sí". "Que haya una fotografía de autor, de alguien que interpreta la Semana Santa", añade.

Ante la irrupción de la pintura en la cartelería cofrade, Antonio Álvarez del Pino destaca el hecho de que haya competencia. "Eso es bueno, porque el hecho de que haya pintores que lo hacen bien supone una rivalidad de la que se beneficiarán las cofradías. Es lo mejor que le puede ocurrir a las cofradías", argumenta. Y ante este hecho, el fotógrafo Fito Carreto se pregunta si el mundo cofrade aceptaría la irrupción del fotomontaje. "¿Se aceptaría? ¿Estarían los cofrades preparados para esta posibilidad artística?", lanza Carreto haciendo referencia a un mundo ciertamente sin descubrir aún en las hermandades.

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