Así se parió el verano del amor

Música· Banda sonora de un verano irrepetible

Repaso a nueve discos imprescindibles de la historia del rock que vieron la luz en 1967

Portada del disco de debut de The Doors
Portada del disco de debut de The Doors / D.C
Pedro Ingelmo

15 de agosto 2017 - 09:38

Hace 50 años que Scott McKenzie recomendaba que si ibas por San Francisco llevaras flores en el pelo, medio siglo de la revolución contracultural jipi que tuvo en la música su manifestación coincidiendo con el año más creativo de la historia del rock y que anunció dos veranos después Woodstock, padre de todos los festivales veraniegos. Dividimos esta gestación y parto en nueve meses. Nueve discos que salieron en estos meses de 1967.

Enero: The Doors

El verano del amor se concibe el 4 de enero al grito censurado de “fuck fuck” de un chaval llamado Jim Morrison en la canción The End. Es uno de los cortes del debú de los Doors para la compañía Elektra. El primer single fue Break on Through (To the Other Side), que Forrest Gump utilizaba para jugar al ping pong. Pero el verdadero pelotazo sería Light My Fire, donde la frase getting high también fue censurada porque eso de que la pareja llegara tan alto era algo subidito de tono en mitad de tanto fuego, aparte de que el high, si no iba de sexo podía ir de drogas. Vamos, que nada de high. A Morrison la canción no le volvía loco, posiblemente porque era de Rob Krieger y no de él. Y además tenía ese momento mágico a las teclas de Ray Manzarek. Demasiado para su ego. También en el disco esta esa joya llamada Crystal Ship, una baladita psicodélica que esta vez sí la escribió Morrison para hablar de cuando rompió con una antigua novia.

Febrero: la Jefferson

Feed your head!, le recomienda Grace Slick a Alicia, la chica que se cayó por un agujero de Oxford y se encontró con un conejo blanco. Si se pincha Google todo el mundo definirá Surrealistic Pillow como el disco del verano del amor, quizá por el Somebody to Love, aunque uno se quede con una pieza menor, Today, ese arrebato enamorado que suplica, please, please, listen to me. And so full of love y un ciego de cuidado de Grace y sus amigos, la Jefferson Airplane.

Marzo: la Velvet

Desde Nueva York, nada de amor. Un producto de La Factoría de Warhol liderado por dos genios, Lou Reed y John Cale: el disco del plátano, oscuro como la tumba donde yace mi amigo y luminoso como una mañana de domingo. Distorsión, alguna historia callejera, droga: “Aquí estoy esperando a mi hombre (mi camello) con 26 dólares en mi mano” en Waiting for the Man.

Abril: Zappa

Absolutely Free no se parecía en nada. Zappa superaba el Freak Out respaldado por The Mothers of Invention, en un canto, efectivamente, a la libertad creativa, ajena a moda alguna. Se abre con esa demencial letra de Plastic People y contiene la genial Brown Shoes Don’t Make It:“H’es a bummer every summer”, sin lugar a dudas.

Mayo: Hendrix

Es la revelación del que acabaría por ser el gran icono de la época. El disco es todo un festival de un sonido nunca antes escuchado y que Hendrix había fraguado en los circuitos de rhythm and blues actuando como músico acompañante, un acompañante nada común con su arma de destrucción masiva: una guitarra que en sus manos se convertía en un insospechado creador de sonidos nunca acompañados con una voz susurrada desde una cueva. Hey Joe, Foxy Lady, Purple Haze... Lo que estaba pariendo el 67 ya apuntaba que era una criatura de otro tiempo.

Junio: el sargento

Mala suerte tuvieron David Bowie o Captain Beefheart, que iban a poner boca abajo el modo de expresión de la industria porque el mismo mes que ambos debutaban, a los Beatles les daba por sacar su Sergeant Pepper’s, que no sería el disco que ya ha quedado para la historia como el no va más y que ni siquiera es el mejor de los Beatles, pero sin duda fue el que dijo al mundo que estaba pasando algo. Y algo muy gordo. Además, alguna que otra opieza maestra contiene. A Day in the Life sin ir más lejos.

Julio: Yardbirds

Un grupo que viene de la ola británica de rhythm and blues se suma a la fiesta. Los que estaban llamados a ser el germen de Led Zeppelin se descolgaban con Little Games, donde el primer corte, White Summer, ya nos dice por donde va a tirar su compositor, Jimmy Page. La escalera al cielo era inevitable.

Agosto: Pink Floyd

Acabaría con la olla perdida el tal Syd Barret, pero lideró para la historia el primer disco de los luego imprescindibles Pink Floyd en aquel agosto del 67 colocándonos a las puertas de la noche y haciendo célebre a un gato en Lucifer Sam, el corte más célebre, que nos empujaba al lado más oscuro.

Septiembre: Y Janis

Y el periodo de gestación finaliza alumbrando la voz más personal de la historia del rock que ya había causado estragos en el festival de Monterey. Bien agitada por la Compañía del Gran Hermano esa garganta cascada se convierte en una sombría catarata que se desgarra en esa gigante pieza que grita desesperada sobre la absoluta soledad, y que nos llevaría en volandas más adelante a la humanidad a tener como símbolo del desamor ese corazón roto de Piece of My Heart: “Break it!!!”. Toda una metáfora de en lo que luego acabaría el verano del amor.

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