El muelle Ciudad

La nueva calle de Cadiz

  • La Autoridad Portuaria abre para el paseo buena parte del muelle Ciudad, recuperando una imagen que se había perdido hace décadas 

  • Un paso más en la unión Cádiz-puerto

Zona de sombra para hacer más agradable el paseo por el muelle Ciudad. Zona de sombra para hacer más agradable el paseo por el muelle Ciudad.

Zona de sombra para hacer más agradable el paseo por el muelle Ciudad. / Jesús Marín

El 3 de marzo de 1906 el alcalde Cayetano del Toro dio el primer golpe para el inicio del derribo de la muralla de Cádiz, situándose en todo lo alto de la Puerta del Mar ante una muchedumbre que llenaba la plaza de San Juan de Dios y lo que hoy es la Avenida del 4 de diciembre.

Desde décadas antes la ciudad venía reclamando al Estado la autorización para el derribo de unas fortificaciones que rodeaban en buena parte el casco urbano, entonces constreñido a lo que hoy la zona histórica. Extramuros, con los glacis en uso, con el frente de la muralla sin los arcos actuales y con la existencia de las ‘zonas polémicas’ que impedían construir en altura hasta la parroquia de San José, era el terreno natural de expansión apenas poblado por granjas y las primeras villas de recreo.

La gran mayoría de los gaditanos consideraban que si la muralla se derribaba se iba a dar más "aire" a la ciudad, habilitando espacios abiertos y, sobre todo, permitiendo la expansión del muelle portuario, sin capacidad para el atraque de grandes buques, aunque existían informes del sector indicando que para conseguir este crecimiento no era necesario eliminar lafortificación. También, era una obra que iba a ayudar a reducir el paro.

Sólo un grupo muy pequeño, pero activo, de ciudadanos consideraban un error histórico el derribo de las fortificaciones, alertando sobre su valor cultural y turístico.

El muelle en los primeros años del siglo XX. El muelle en los primeros años del siglo XX.

El muelle en los primeros años del siglo XX. / D.C.

La coincidencia en la Alcaldía de Cayetano del Toro y en la presidencia del Gobierno del gaditano Segismundo Moret, facilitó finalmente la orden Real por la que se autorizaba el inicio de la demolición de parte de las murallas.

Y así llegamos a la histórica jornada del 3 de marzo de 1906. Derribar la recia muralla usando como apoyo una piqueta no es un proceso rápido; además ya entonces en Cádiz la ejecución de las obras públicas tendía a incumplir los calendarios previstos. En todo caso, en unos años se tiró todo el frente que daba a la zona portuaria, lo que obligó a una primera urbanización de la zona creando un paseo público sin ninguna ruptura entre la trama urbana y el espacio del muelle, lo que permitía al paseante llegar hasta su mismo cantil.

La estatua a Segismundo Moret, casi a pie de agua. La estatua a Segismundo Moret, casi a pie de agua.

La estatua a Segismundo Moret, casi a pie de agua. / D.C.

El hoy paseo de Canalejas fue transformándose con el paso del tiempo. Primero sencillo, con palmeras y una zona peatonal separada de una carretera que conectaba con el edificio de la Aduana y el Gobierno Civil (hoy la Diputación Provincial), apenas atravesada por unos pocos coches y el floreciente tranvía; después, con un urbanismo más potente, rodeado por avenidas ya llenas de tráfico.

En la década de los años 40 comienza una ampliación del muelle de Cádiz. La ocasión se aprovecha para cerrar el recinto portuario con una verja que se modificará en dos ocasiones con el paso de las décadas, siempre para dar más suelo a la ciudad, ampliando fundamentalmente la avenida del Puerto a cuatro carriles aprovechando el evento de la Gran Regata Colón 92.

Este cerramiento va unido al crecimiento de la actividad portuaria, incluso con la construcción de naves en el mismo muelle Ciudad, lo que le daba un sentido de seguridad. No obstante, el paso al recinto seguía siendo libre y todos podían llegar hasta casi tocar los barcos amarrados.

Eran aún época de ver llegar a los pequeños barcos y a los no tan habituales trasatlánticos, casi a pie de las maniobras de aprovisionamiento de alimentos o combustible. De la década de los treinta hay grabaciones del transporte del carbón a un buque de guerra, con los niños curiosos mirando a la cámara y a la operación marítima.

Canalejas se ha transformado a la vez que el muelle Ciudad. Canalejas se ha transformado a la vez que el muelle Ciudad.

Canalejas se ha transformado a la vez que el muelle Ciudad. / D.C.

Todo cambió cuando las normas de seguridad europeas, a través del Espacio Schengen, convirtieron a nuestros puertos en puestos fronterizos entre la UE y el resto del mundo. A partir de ese momento, el muelle fue espacio limitado a la actividad portuaria, sólo abierta en los últimos años a eventos extraordinarios como las grandes regatas de veleros, o la celebración de conciertos que el primer gran paso que se dio para una utilización puramente ciudadana de estos suelos.

Un guiño a la ciudad

Esta evolución urbanística concluye, poco más de cien años después del inicio del derribo de la muralla, retornando al gran espacio portuario abierto, en una parte, a la ciudad.

Desde hace unos días, el muelle Ciudad vuelve a estar abierto al paso peatonal. La puesta en funcionamiento del carril bici por el interior del espacio de la Autoridad Portuaria ha sido aprovechado por esta institución para abrir el muelle a los peatones.

Teófila Martínez, presidenta del puerto y durante veinte años alcaldesa de la capital, ya tenía claro desde que llegó a este cargo que había que agilizar el proyecto de conexión muelle-ciudad del que se viene hablando desde hace varios quinquenios. Y qué mejor forma que ir dando pasos poco a poco, en fases, evitando parones.

El carril ha ido acompañado con la apertura de un nuevo acceso, derribando un pequeño tramo de la verja, conectado con la avenida del Puerto, que se unen a las otros puertas ya existentes en el extremo del muelle. Estaban previstas dos más pero por cuestiones administrativas se han descartado por el momento.

El acceso peatonal ha ido acompañado por la reordenación del viario por el interior del muelle, protegiendo a los peatones con más señalización horizontal y con la instalación de maceteros que limitan el paso del tráfico. Y, sobre todo, con la instalación de numerosos puntos de sombras con bancos para el descanso, en la zona intermedia del muelle.

Paseantes por el interior del muelle. Paseantes por el interior del muelle.

Paseantes por el interior del muelle. / Jesús Marín

Todo ello facilita un paseo más agradable por la zona, paseo que ha sido ya recuperado por gaditanos de cierta edad que recuerdan las visitas al muelle cuando eran pequeños.

Es cierto que aún queda mucho por hacer para constatar el potencial que tiene la apertura del muelle a la ciudad. Este primer paso tiene como finalidad, como dijo en su momento Teófila Martínez, hacer ver a los gaditanos y a los visitantes este gran espacio.

La Gran Regata 2020, que se iba a desarrollar en el pasado mes pero suspendida por el coronavirus, es un ejemplo de este uso urbano. La idea de Martínez es potenciar estas actividades de ocio, aunque todo ha quedado ralentizado por los efectos de la pandemia.

Una gimnasio fue el primer equipamiento abierto dentro del muelle Ciudad, al que estaba previsto le acompañase un parque de juegos infantiles.

Desarrollo del Plan Especial

La apertura del muelle, reapertura si lo miramos con una visión histórica, está directamente relacionada con un proyecto aún más ambicioso y que cuando termine su desarrollo, para el cual aún quedan unos cuantos años, va a marcar sin duda buena parte del modelo económico de Cádiz: la reordenación de 300.000 metros cuadrados en los que se incluye el muelle Ciudad pero, sobre todo, la Punta de San Felipe y el muelle Reina Sofía.

El proyecto ya es conocido y en su primera fase administrativa fue aprobada por la APBC a principios de este año, poco antes de la declaración del estado de alarma.

La crisis sanitaria no ha pasado de largo en esta operación. Tocó de lleno, por ejemplo, en la tramitación administración de la transformación del fracasado edificio de la Ciudad del Mar en el que, se supone, va a ser el primer hotel de 5 estrellas de la ciudad. La APBC ya ha terminado todos los papeles pendiente de que el consejo de ministros autorice esta operación, pues se ejecuta en suelo portuario. En todo caso, todo hace suponer que no se tardará en dar el visto bueno.

Este proyecto, junto a la importancia que tiene en la mejora de la planta hotelera de la ciudad, juega un papel relevante al ser la primera operación directamente relacionada con los nuevos usos de estos terrenos, convirtiéndose en una nueva puerta de entrada a los muelles gaditanos.

A la caída de la verja histórica, aunque apenas acumule unas décadas de historia, se le unirá en su momento el derribo de los cerramientos más modernos que separan el suelo portuario de la trama urbana duplicando así la superficie de la avenida del Descubrimiento, con carril bici, acceso para un hipotético tranvía y, evidentemente, espacio para el peatón en lo que se convertirá en la principal puerta de acceso a los nuevos terrenos urbanizados de la Punta de San Felipe y el muelle Reina Sofía.

Con todo, siendo este un proceso largo en el tiempo, y más con la experiencia que acumula esta ciudad, Cádiz volverá a pasear por sus muelles (menos los integrados en territorio Schengen) como toda la vida.

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