Una mujer indagadora de sentidos

Perfiles. Violeta Pérez Custodio, profesora de filología latina

Concienzuda y tenaz, recurre a la Filología Clásica para dar con esas voces que exploran, iluminan y toman conciencia de los valores humanos

Una mujer indagadora de sentidos
José Antonio Hernández Guerrero

12 de noviembre 2012 - 01:00

LA profesora Violeta Pérez Custodio es una mujer positiva, trabajadora y amable. Contempla, lee y vive la vida con una permanente esperanza y con una inextinguible ilusión, y es que ella está hondamente convencida de que las diferentes situaciones por las que transcurren sus tiempos e, incluso, los obstáculos que la frenan, por muy insalvables que parezcan, constituyen estimulantes oportunidades para seguir creciendo. No es extraño, por lo tanto, que ella se crezca cuando surgen las dificultades y las aproveche convirtiéndolas en sugerentes alicientes para progresar profesional y humanamente. Estoy convencido de que las claves de esa actitud positiva residen en su manera profunda de analizar la realidad.

Si prestamos atención a sus palabras, a sus gestos y a la expresión de su rostro transparente, llegamos a la conclusión de que, sin caer en ingenuos optimismos, con su sentido común y con su inteligencia práctica, nos transmite unos mensajes esperanzadores y unas fórmulas eficaces para que evitemos el contagio de esas sombras de desolación pesimista con las que otros profesionales de la enseñanza oscurecen el horizonte. En su cara, efectivamente, se concentra todo su espíritu, toda la historia vivida y todo el tiempo por vivir. Y es que ella está siempre dispuesta a aprovechar las oportunidades, a disfrutar cada uno de los minutos, a comunicar a los acompañantes sus sensaciones y a contagiarlos con sus emociones animándonos para que luchemos por lograr que la vida sea más útil, más agradable y, en la medida de lo posible, más placentera.

Si me llama la atención la habilidad con la que Violeta evita que su existencia se tiña con colores lúgubres, me sorprende aún más la destreza con la que sutilmente nos empuja a los demás para que comprendamos que los vaivenes de la existencia nos deberían ayudar para que multipliquemos las ocasiones de aumentar nuestro bienestar. En sus conversaciones, incluso cuando se refiere a las cuestiones que tienen ver con las dificultades de la vida actual, nos proporciona unas valiosas pistas para que vislumbremos esos signos de esperanza que lucen, incluso, en medio de los oscuros paisajes: nos explica cómo hasta las sombras y los nubarrones pueden servirnos para resaltar las luces y para aprovechar mejor los días soleados. Su reflexiones, por muy simples que a primera vista nos parezcan, nos trazan diáfanas sendas para comprender cómo el dolor y la miseria del mundo nos pueden ayudar para que -profundizando en ellos y luchando para vencerlos- hagamos crecer el germen vital que late en el fondo de la existencia humana.

Estoy convencido de que su invitación para que compartamos el sentido positivo de la vida es una oferta generosa para que descubramos esos vínculos liberadores que son, en última instancia, los hilos que hacen que nuestras vidas no sean escenas sueltas, hojas livianas arrastradas por el furioso viento del tiempo. Es posible que esa mirada esperanzada, además de hundir sus raíces en su peculiar talante humano, se haya desarrollado gracias a sus amplios y concienzudos estudios humanísticos. No podemos perder de vista que Violeta es profesora e investigadora de Filología Clásica y que, por lo tanto, su trayectoria intelectual y vital están trazadas por un discurso crítico cuyos principios los ha aprendido en su permanente viaje por la tradición clásica. No es extraño, por lo tanto, que ella se apoye en un diálogo continuo con aquellos valores cimentados en el ideal de la perfección, en la racionalidad, en la sobriedad, en la exquisitez de las proporciones áureas y, en resumen, en la armonía entre el entendimiento humano y la vasta escritura cifrada que llamamos Naturaleza.

Pero hemos de advertir que su consideración de la tradición no se ha limitado a los aspectos formales, sino que está impulsada por un ansia irreprimible de penetrar en el fondo secreto del misterio humano. Su labor investigadora, seria y confiable, está avalada, por un lado, por la profundidad de su mirada retrospectiva y, por otro, por su familiaridad con los episodios de la actualidad: con la tradición y con la contemporaneidad.

Recuerdo con todo detalle cómo, desde muy joven, Violeta siempre ha luchado valerosamente para competir consigo misma, poniendo a prueba las dotes intelectuales que la acreditaba primero como alumna y, después, como profesora entregada a los alumnos y como investigadora tenaz e, incluso, como divulgadora de las ideas de los autores clásicos. Concienzuda y tenaz, no sólo es una buscadora de palabras sino, también, una indagadora de sentidos que recurre a la Filología clásica para dar con esas voces que, trascendiendo las culturas y las épocas, exploran, iluminan y toman conciencia del profundo valor humano, para desvelar sus misterios, para señalar unos caminos inéditos, unos métodos nuevos y unas vías despejadas hacia una progresiva liberación personal.

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