El mar sonríe a lo lejos
La autora repasa parte de la relación de Cádiz con la literatura
Exposición 'Alfabeto marinero'
Cádiz, tres mil años de historia, proclaman con orgullo los gaditanos de su ciudad. Los sarcófagos fenicios del Museo y numerosos restos romanos procedentes de la antigua Gades o Baelo Claudia lo atestiguan. El viajero que nos visita no puede pasar de largo y dejar atrás la Santa Cueva, un oratorio del siglo XVIII, sin contemplar la arquitectura de la capilla ornada con tres lienzos de Goya. En ella todos los Viernes Santo se ejecuta la composición musical Las siete últimas palabras de Nuestro Salvador en la Cruz, un encargo que el Marqués de Valdeíñigo le hizo a Joseph Haydn. Desde hace trescientos años el sermón y el concierto se suceden con puntual fervor.
En el siglo XIX los viajeros románticos glosaron en capítulos memorables “la Tacita de Plata”: Lord Byron, Edmundo de Amicis o Richard Ford. Este último, autor del libro Manual para viajeros por Andalucía y lectores en casa publicado en Londres en 1845, entre otras cosas dice: “Al entrar en la Bahía de Cádiz vemos levantarse sobre su promontorio surgiendo del mar azul oscuro la ciudad construida en roca, reluciente como una hilera de palacios de marfil.” En el siglo XIX los viajeros románticos glosaron en capítulos memorables “la Tacita de Plata”: Lord Byron, Edmundo de Amicis o Richard Ford. Este último, autor del libro Manual para viajeros por Andalucía y lectores en casa publicado en Londres en 1845, entre otras cosas dice: “Al entrar en la Bahía de Cádiz vemos levantarse sobre su promontorio surgiendo del mar azul oscuro la ciudad construida en roca, reluciente como una hilera de palacios de marfil.”
Como buen viajero le interesan las posadas, la mejor de todas la Posada Inglesa en la calle San Servando a 35 reales diarios. Toma nota de todo lo que le llama la atención: las casas de baños, las tiendas donde se venden mantillas de encaje y las zapaterías de calzado fino, propio para los pies de las bailarinas gaditanas. Las guitarras que hacen Juan Pajez y su hijo Josef las sitúa a la misma altura que los violines de Stradivarius. Las críticas políticas y la dejadez del personal de aduanas y de los barqueros equilibran el elogio. Ford cautivado por el clima y las ciudades del sur se traslada con su esposa a vivir una temporada a Sevilla y Granada. El Manual fue todo un éxito en su país.
Ahora le damos la palabra a Galdós. Dos de los Episodios Nacionales tienen como escenario Cádiz y su provincia. El primero de ellos, Trafalgar, se publicó en 1873 casi setenta años después de librarse el celebrado combate. El protagonista Gabriel Araceli declara: “Yo nací en Cádiz, en el famoso barrio de la Viña, que no es hoy, ni menos era antes, academia de buenas costumbres… me veo jugando en la Caleta con otros chicos de mi edad. Aquello era para mí la vida entera; yo tenía la creencia de que el hombre había sido criado para la mar, habiéndole asignado la Providencia como supremo ejercicio de su cuerpo la natación y como constante empleo de su espíritu el buscar y coger cangrejos.
”Después de esta presentación promete al lector referir un gran suceso del que fue testigo, la terrible catástrofe de nuestra Marina en la batalla de Trafalgar. Al placer de releer la novela se une otro, el de acompañar al protagonista en su recorrido por la provincia: San Fernando, Puerto Real, Medina Sidonia donde vivirá un tiempo hasta que la familia a la que sirve se traslada a Vejer de la Frontera desde cuya cima se divisa el cabo de Trafalgar. De esta forma Galdós nos presta los ojos de Gabriel y nos hace partícipes del desastre de la flota española frente a los navíos ingleses. Con un realismo espléndido narra la muerte de Churruca y el comentario elogioso de sus enemigos ante el féretro de tan valiente comandante el 21 de octubre de 1805.
Actualmente toda esta zona de la geografía gaditana ofrece innumerables atractivos a los turistas y veraneantes, las playas donde se yergue el faro del cabo famoso son muy hermosas. La costa todavía salvaje ha propiciado escuelas de surf, de vela, playas nudistas, zonas de camping y chiringuitos. Vejer, Medina y Tarifa conservan el encanto de épocas pasadas que bien pudiera hoy reconocer nuestro admirado Galdós.
En el Episodio número ocho de la primera serie llamado Cádiz, Galdós recrea el ambiente de la ciudad en 1812. España está ocupada por las tropas de Napoleón y en el Oratorio de San Felipe se está produciendo el debate y aprobación de una de las primeras constituciones liberales del mundo cuando Cádiz era una isla de libertad.
Volvamos los ojos ahora al siglo actual para comentar la obra y su relación con la ciudad de Pilar Paz Pasamar, Fernando Quiñones y Rafael Alberti nacidos en la provincia. Pilar Paz nos ha legado una obra poética excelente. Uno de sus libros de poesía lleva por título Textos lapidarios, inspirado en otro de parecido nombre escrito por Alfonso X el Sabio, rey que mostró especial aprecio por nuestra ciudad, su situación estratégica y su lealtad. Dice así el poema que abre el libro:
Yo, Alfonso,/Rey Castellano,/Hijo de Fernando,/Nieto de Berenguela,/Señor de Andalucía,/Quiero ser enterrado junto al mar./Ser enterrado en Cádiz,/La ciudad más antigua/A la que he repoblado/De cántabros y astures,/Y la que me ha conquistado /Con el olor de su sabiduría.
Hay una calle muy corta, vecina a la Catedral, que lleva el nombre del Rey Sabio pero los gaditanos la conocen como la calle Pelota. En torno a la Catedral están los barrios donde Quiñones sitúa a los protagonistas de sus relatos y poemas. Fernando trabajó desde muy joven en el muelle y comienza a escribir temprano, actividad que cultivó siempre hasta su fallecimiento en 1998. La literatura y el cante jondo fueron sus grandes pasiones. Pegadita a la Caleta se ha levantado una estatua tamaño natural del escritor. Sus lectores que son legión se reúnen periódicamente para leerle en voz alta. Su lenguaje y estilo se reconocen rápidamente. La nostalgia, el humor, el descaro y la ternura de personajes como Hortensia Romero lo hacen inconfundible y admirable.
Por último, Rafael Alberti. En su obra Marinero en tierra, la bahía de Cádiz cobra un protagonismo singular. Sus versos los saben de memoria los escolares de los 80; el poeta gustaba de recitarlos ante ellos con voz ronca, pausada y los acentos del exilio. Las calles de una barriada de la capital muy cerca de la Bahía llevan el nombre de sus obras: Cal y Canto, Plaza de La Amante o Pleamar. Un homenaje en vida de aquel primer ayuntamiento democrático del año1979. En Pleamar, poemas escritos entre 1942 y 1944, dice el poeta: Dale a mi verso, mar, la ligereza,/La gracia de tu ritmo renovado./Si te escucharas, mar, si tu lenguaje/Pudiera, mar, ser otro, /¿qué palabras dirías?
Veintiocho palabras del alfabeto marinero nos hablan del ancla, la bocana, el velero. Los creadores les dieron vida en sus escritos. Hoy se exponen en el muelle para todos los que gustan del paseo, el mar y las buenas letras. Mientras tanto, “El mar/sonríe a lo lejos”. Recordando a Federico.
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