Cádiz

La lonja de fruta se pudre

  • Por este precario y sucio edificio municipal pasa la mitad de la fruta y verdura que se vende en Cádiz

  • Los mayoristas denuncian su abandono por parte de los dos últimos equipos de Gobierno

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Cuando la mayor parte de la ciudad duerme, una flota de camiones con decenas de toneladas de frutas y verduras atraca en los castigados y peligrosos muelles de carga de un edificio que inauguró Carlos Díaz allá por 1983 y que hoy se cae a pedazos, víctima de un abandono de lustros. Por aquí pasaba el 80% de lo que vendía el comercio minorista en la ciudad. Hoy no llega ni a la mitad. Los fruteros más jóvenes prefieren ir a Conil y Sanlúcar y comprar directamente a los productores. Sólo los mayores eligen ya el madrugón. Además, las cooperativas han ampliado sus redes de distribución y pululan las franquicias que traen a diario hasta sus puntos de venta el género desde otros lugares de España. Aún así, por aquí pasan todavía entre 30 y 40 toneladas de alimentos perecederos todos los días, cuya distribución emplea, de manera directa e indirecta, a más de un centenar de personas.

Bajo un tejado central de uralita y plástico seis mayoristas trabajan como pueden en unas instalaciones de propiedad municipal y en régimen de concesión administrativa heridas por el paso del tiempo y por la más absoluta falta de mantenimiento. En medio de unas zonas comunes en unas condiciones higiénicas tercermundistas. Las cuarteladas -las zonas privadas de cada una de las firmas- son otra cosa. A lo largo de los años todos han hecho importantes reformas y se afanan a diario por mantenerlas en el mejor estado posible y cumplir con todos los requisitos sanitarios que les exigen, se apresuran a aclarar. Aún así, el cargamento de cacahuetes con cáscara de Enrique Sanchís corre peligro si vuelve a llover. Está debajo de una trampilla por la que se cuela el agua "como una catarata" cuando llueve. Pero salvo en este caso, el problema está de puertas afuera, en la nave central, en las oficinas que antes ocupaba la Delegación Municipal de Consumo -hoy abandonadas- y en la propia estructura del edificio, que no cumple con la normativa sanitaria vigente.

En la calle central a uno se le viene a la nariz el olor a verdura vieja y a fruta pasada de un mercado urbano marroquí de hace treinta años. Y las paredes junto a las que se apila un buen montón de cajas de peras y manzanas que dentro de unas horas podría comerse alguien sin pelar parecen las de algún suburbio de Bombay. "Da vergüenza verlo", reconoce Enrique. Su hermana Milagros ha presentado varias quejas por escrito, "pero pasan de nosotros".

Fuera, en los aleros de los muelles de carga, al edificio se le ven las costillas herrumbrosas del armazón y del techo caen una especie de estalactitas blancas alimentadas por las goteras de miles de chaparrones. Algunos topes de madera se han caído hechos astillas, con el consiguiente peligro en las descargas. Y es rara la escalera que se mantiene derecha. Cientos de cajas de cartón, madera y plástico se acumulan revoleadas. La necesidad de un compactadora es más que evidente.

"Desde hace muchos años el Ayuntamiento nos tiene olvidados", explica Antonio Lafuente, secretario de la Asociación de Mayoristas de Fruta. "Pagamos mensualmente un canon de unos 15.000 o 16.000 euros entre todos, cada uno en función de los metros cuadrados de los que dispone. Unos 80.000 al año. Pero esto cada vez está peor; el abandono por parte del Ayuntamiento es cada vez mayor. No disponemos de las infraestructuras que necesitamos y el mantenimiento no existe".

A lo largo de los últimos años el colectivo ha pedido reiteradamente al Consistorio que aportase una solución. Al actual equipo de Gobierno y al del PP, al que más, por una mera razón de tiempo. "Han sido varias las veces que hemos solicitado la autogestión y siempre nos han dicho que no podía ser", asegura Antonio. "Este edificio, tal y como es, por sus dimensiones, hoy no cumple con la normativa porque el espacio de la nave central debe ser mayor y los muelles están que se caen, el techo tiene goteras por todos sitios y la seguridad no existe desde hace doce o trece años que quitaron a los policías municipales... Afortunadamente no hemos tenido muchos problemas de robos porque cada uno ha puesto sus cámaras".

En la desconchada fachada permanece colgado el cartel de lonja municipal, pese a que hace ya dos décadas que no existe como tal. "Hace tres años se aprobó un nuevo plan urbano en el que ya no aparecía esto como lonja, sino parte como zona verde y parte como viviendas. Barajamos la posibilidad de que nos trasladasen a otro sitio o incluso la de cogestionar el edificio, porque aquí el que menos tiene 35 años de concesión".

"Pero parece que la idea del Ayuntamiento sea que poco a poco nos vayamos cayendo, porque la situación económica ha bajado mucho -reconoce el secretario de la asociación- Esto no es lo que era, aunque algunos se empeñen en decir que somos millonarios. Ahora sólo descargamos unos 6.000 o 7.000 kilos cada uno en el mejor de los días. Entre 30.000 y 40.000 kilos al día. El negocio ha bajado en un 80%... Aguantamos como podemos", asegura.

Antonio insiste en que los principales problemas son el mantenimiento del edificio y la limpieza. "Esto es horroroso. Hay una empresa que tiene la concesión de la limpieza y parece ser que como no se le pagaba pues no aparece. Aquí sólo viene un limpiador del Ayuntamiento que hace lo mínimo, sin máquinas para baldear ni para pulir el suelo. Luego mandan un camión de la basura de los chicos a recoger las cajas. Ahora sólo baldean las calles una vez al mes. La situación es penosa". El Consistorio, además, aún mantiene dos cuarteladas a modo de almacén, "una de ellas alquilada a una empresa que no sabemos qué guarda ahí, porque esta nave sólo está habilitada para fruta y verdura".

"José Blas Fernández nunca nos hizo el mínimo caso -dice Antonio- y hubo algún momento en el que quisieron enviarnos a la entrada del Bajo de la Cabezuela. Pero aquel no era un lugar adecuado. También nos propusieron unas instalaciones donde ahora hay un tanatorio, pero eran muy pequeñas. Nosotros necesitamos, como mínimo, una superficie como la que tenemos ahora. Y estamos dispuestos a negociar la construcción de un nuevo edificio si el Ayuntamiento nos facilita unos terrenos adecuados".

"Del nuevo equipo de Gobierno vinieron poco después de llegar a San Juan de Dios, pero porque se enteraron de que en el PSOE se habían interesado por nuestra situación. El delegado vino, hizo fotografías y quedó en que se haría cargo. Pero ni unos ni otros han hecho nada por nosotros", lamenta Antonio.

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