Cádiz

Los kilos de Kichi

  • González sorprende con un largo mensaje en las redes sociales en el que dice ser víctima de la ‘gordofobia’

  • Afirma que la sociedad “margina, excluye y maltrata” por la gordura

José María González, alcalde de Cádiz. José María González, alcalde de Cádiz.

José María González, alcalde de Cádiz. / Julio González

Se acabó la broma. El alcalde que se disfrazó con una prominente barriga en la final del Falla en febrero ha estallado contra aquellos que en las redes sociales, por la calle o incluso -según su muy personal interpretación- en la prensa reflejan su aumento de peso. Kichi se ha confesado víctima de la ‘gordofobia’, un término que hasta ayer desconocían muchos gaditanos y que no viene recogido en la Real Academia de la Lengua, pero que el propio González definió como “la repulsa hacia quienes sufren exceso de peso y se apartan de los patrones estéticos”.

Con un amplio texto fruto de llevar “unos días dándole vueltas” el alcalde denunció en la mañana de ayer una realidad que “tiene consecuencias y tiene componentes de odio, como lo tienen la misoginia, el machismo, la homofobia, la lesbofobia, la transfobia, el racismo, la xenofobia o el clasismo, por poner algunos ejemplos”. Y aunque confesaba que “no lo llevo nada mal”, comparaba los comentarios sobre su peso con el patriarcado que ejerce una “violencia simbólica” contra los cuerpos de las mujeres, o con el bulling contra el “gordito” en el patio del colegio (cuestión esta última, por cierto, que confiesa haber sufrido también en su día).

“Vivimos en una sociedad que margina, excluye, ridiculiza y maltrata a las personas con una característica física que difiera de lo impuesto, en este caso la gordura”, afirma Kichi. Un mensaje que parece algo exagerado en una ciudad en la que un alto porcentaje de mujeres llama Gordo a sus maridos y otro porcentaje similar de madres llaman por ese nombre a sus hijos, en la que un Gordo saca cada año uno de los coros más reconocidos del Carnaval y otro Gordo escribe chirigotas desde Carmona, o en la que aún se recuerda al mítico Gordo de La Palma por su excepcional trabajo en la cofradía, solo por poner algunos ejemplos. ¿Cómo puede considerarse excluyente o maltrato algo así en la ciudad de los motes, en la que los Cabeza, Calvo, Gafa, Oreja o Nariz ganan por goleada?

La última polémica suscitada por el alcalde, en este caso motivadas por sus kilos parece tan exagerada (evitaremos otros sinónimos por las suspicacias) que uno ya no sabe si lo que busca es desviar la atención, como tampoco lo ha sabido uno las veces anteriores. Porque si la oposición le señala cada vez con más fuerza de no estar gestionando bien la crisis del coronavirus y no dedicar suficiente esfuerzo y liderazgo, González dice que hablar de “la pereza, la flojera o la poca actividad” en el terreno político se puede relacionar con su aumento de peso. Y, por tanto, “eso también es gordofobia”. “Si es por el hecho de haber engordado en mi etapa como político, si las críticas van por esa correlación entre buena vida y obesidad, aclaro: Eso también es gordofobia”, dice exactamente González.

Y si sobre la mesa están las medidas que el Ayuntamiento ha llevado a cabo en relación al Covid-19 y que el alcalde engordó -sí, engordó- hasta 120 en su discurso televisivo del 16 de mayo, resulta que eso es también “gordofobia”. Pero de las medidas, que es de lo que iba la cosa, ni mú.

Horas después de sacar de la chistera la necesidad de cambiar el nombre a la Avenida Juan Carlos I y semanas después de haber obrado la misma jugada respecto al Estadio Carranza, en pleno confinamiento y con todo un país centrado con miedo e incertidumbre en cómo combatir al coronavirus, el alcalde volvía ayer a poner el foco en aquello que le interesa; o mejor dicho, a desviar el foco de eso otro que quiere evitar. Ayer tocaba la gordofobia. Parece que el alcalde ha marcado las redes sociales como nueva forma de hacer política; en las redes sociales (siempre de afines) justifica sus propuestas extemporáneas como los cambios de nomenclator. Parece que Facebook y Twitter, y no los plenos del Ayuntamiento, marcan ahora el ritmo y el rumbo de la ciudad. Y desde las redes sociales, a modo de bandos informales, va propagando sus reflexiones, sus críticas, sus impresiones, sus compras y sus enfados con todo el mundo. El de ayer, por cierto, es el segundo enfado con la gente en las últimas semanas. Política a golpe de clic.

Con las playas cerradas una semana más a la espera de tener un plan definido, con otro último viernes de mes (mañana) sin pleno ordinario como reclama la oposición, con hosteleros y comerciantes sin saber todavía a qué ventanilla dirigirse para solicitar esas ayudas anunciadas hace semanas, con dependencias municipales sin la debida protección anti Covid-19, con los clubes deportivos sin cobrar las subvenciones -por citar algunas de las reclamaciones que la oposición ha lanzado en los últimos días- las preocupaciones del alcalde un miércoles a las diez de la mañana se centran en la ‘gordofobia’ que denuncia hacia su persona al mismo tiempo que asegura no llevarlo “nada mal” pese a que lleva “unos días dándole vueltas”.

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