El hombre de Dragados

Gaditanos de perfil. Enrique Huguet

Presidió el Cádiz CF en la temporada 2010.2011. En Dragados trabajó 46 años y participó en la reconstrucción del Cerro del Moro y las rehabilitaciones del Pópulo y Santa María

Enrique Huguet cuando era presidente del Cádiz brindando con José González, Raúl López y Roberto Suárez.
Enrique Huguet cuando era presidente del Cádiz brindando con José González, Raúl López y Roberto Suárez.
José Joaquín León

11 de junio 2016 - 01:00

NO oculta que ser gaditano es para él un orgullo. En su actividad profesional, en la gestión deportiva o en la vida social, se ha caracterizado por colaborar. Y sigue dispuesto, con sencillez y a la vez con eficacia, y con altruismo, sin trincar, porque siempre ha querido mantener sus principios.

Enrique Huguet Moya (Cádiz, 1941) nació en una familia que llegó a la ciudad un año después del final de la Guerra Civil. Su padre, que trabajó en la Bazán, era mallorquín y su madre onubense. Eran cinco hermanos, de los cuales sólo la mayor, Pituca, no nació en Cádiz, sino en Alcantarilla (Murcia), donde habían residido con anterioridad. La familia fue muy bien acogida. Por eso dice Enrique que él es gaditano, andaluz y español; pero que siente, por encima de todo, que su tierra es Cádiz, por lo que supuso para su familia en unos momentos difíciles y por todo lo que le ha dado a lo largo de su vida.

Estudió con los Marianistas en el colegio de San Felipe Neri. Primero en el centro de Cádiz, y después en Extramuros. En sus años de infancia vivía en la calle Armengual, junto a San Lorenzo. Ese fue el origen de que los Huguet se vincularan a la cofradía de Afligidos, en la que Enrique salió como penitente en su niñez.

Cuando falleció su padre, él tenía 20 años. Ante las necesidades económicas, comenzó a trabajar en Dragados y Construcciones, aunque a la vez siguió con sus estudios y terminó la carrera en la Escuela de Peritos Industriales de Cádiz. Cumplió la mili con las Milicias Universitarias en Montejaque, en la sierra de Ronda.

Su relación con Dragados fue para toda la vida. En esa empresa trabajó durante 46 años, hasta su jubilación en 2006. En ese largo periodo progresó en lo profesional, fue técnico superior, se especializó en Edificación y, tras pasar 16 años como delegado de Dragados en el Campo de Gibraltar y Ceuta, con domicilio en Algeciras, pasó a ser el delegado de Dragados y Construcciones en Cádiz desde 1986 hasta su jubilación.

A los 25 años, se casó con María Eugenia Pedreño en la iglesia de San Francisco. Enrique Huguet es un hombre muy familiar, que considera una suerte de la vida haber encontrado a su esposa y haber sido padre de sus cuatro hijas (María Eugenia, Araceli, Belén y Ana). Y, por supuesto, tiene un cariño especial a sus ocho nietos (de los que cuatro viven en Cádiz, dos en Jerez y otros dos en Madrid).

En 1970, cuando tenía 29 años, Dragados lo envía al Campo de Gibraltar y Ceuta. En ese tiempo, no dejó su piso gaditano de la plaza de las Tres Carabelas, lo que le permitió continuar su relación con la ciudad. Gracias a su pasión por el Cádiz CF mantuvo el piso, según dice. Y, gracias a su gaditanismo, sus cuatro hijas nacieron en Cádiz, aunque vivían en Algeciras. En el Campo de Gibraltar dejó las obras que hicieron en aquellos años. Y muchos amigos.

Cuando vuelve a trabajar en Cádiz, en 1986, ejerce como delegado y apoderado de Dragados y Construcciones, y se hace cargo de los proyectos relacionados con Edificación. Recuerda especialmente las obras que hicieron para reconstruir el Cerro del Moro, así como las rehabilitaciones en los barrios de Santa María y El Pópulo. De aquellos años recuerda a personas que fueron grandes luchadoras por sus barrios, como Enrique y Mari Carmen en El Cerro del Moro, Pepe y Julio en Santa María, o Antonio el de El Malagueño en El Pópulo. En El Cerro del Moro estaba entonces como cura Jesús Maeztu, actual Defensor del Pueblo Andaluz.

Cuando se habla de la lucha contra la infravivienda en Cádiz, Enrique Huguet destaca que él ha estado en esa batalla. Se siente orgulloso de lo conseguido. Se indigna cuando lee u oye que Cádiz ha perdido población. Muchos de los habitantes perdidos vivían hacinados, en unas condiciones inhumanas. "Es preferible perder habitantes que vivir así", afirma.

Cuando era delegado de Dragados y Construcciones en Cádiz se desplazaba con frecuencia a Madrid, donde trabó amistad con políticos como Cristina Narbona o Ana Botella, entre otros. En aquellos años conoció al empresario Gabriel Rojas, que fue presidente del Sevilla FC y ganadero, entre otras actividades. Con Rojas mantuvo una gran amistad. Desde 1987 a 2006, Dragados le hacía las obras en todas sus promociones inmobiliarias. Entre ellas, estuvo el Hotel Puertatierra. Con Dragados realizó trabajos muy diversos en Cádiz, desde la promoción de Asdrúbal a las obras de remodelación del Hospital de Mora, además de muchos pisos.

El fútbol es su gran afición y el Cádiz CF es su gran pasión. Desde que era un niño iba al antiguo campo del Mirandilla. Veía los partidos en el fondo más cercano al mar. A partir del año 1955, siguió al equipo en Carranza. Incluso en los 16 años que vivió en Algeciras, se desplazaba a Cádiz cada dos semanas.

Sin embargo, no quiso ser directivo mientras trabajara en Dragados. En 2004, Francisco González Cabaña, que era presidente de la Diputación, y el presidente del Cádiz, Antonio Muñoz, le pidieron que se ocupara de las obras de El Rosal. Aceptó ser supervisor, pero no entró como directivo hasta 2007, cuando ya estaba jubilado.

Su etapa como presidente del Cádiz CF duró una temporada. Empezó en septiembre de 2010 y terminó el 30 de junio de 2011, aunque siguió un mes para cerrar las cuentas. Elogia la labor de los tres administradores concursales, con los que coincidió, y de la juez Nuria Orellana. Considera que gracias a ellos no desapareció el Cádiz, porque la juez puso en la balanza el patrimonio que suponía la afición cadista.

Aquella temporada, con José González en el banquillo, el Cádiz disputó la fase de ascenso a Segunda A, en la que fue eliminado por el Mirandés. A la temporada siguiente, entró como presidente Juan José Pina. Por cierto, que Huguet destaca que el trato con Quique Pina y con Manuel Vizcaíno ha sido siempre "exquisito" y que nunca ha tenido problemas con ellos, a diferencia de lo sucedido con otros. Cuando dejó de ser presidente, su esposa, María Eugenia, se llevó una alegría. Ella le acompañaba al fútbol, pero no pisó el estadio la temporada en que fue presidente.

Enrique Huguet no es un capillita, pero le gusta la Semana Santa y la procesión de la Patrona, porque ve que la gente reza y pide de verdad. Es miembro y ha colaborado con la Asociación de los Reyes Magos. Nunca olvidará su experiencia como rey Melchor en 2003. Y sin ser tampoco un carnavalero con palmarés, es aficionado a la fiesta y fue miembro del Jurado de Coros y Comparsas en el concurso del Teatro Falla de 1998.

Enrique es uno de los gaditanos que veranea en Cádiz. Se muda de su piso de San Carlos a un pequeño apartamento de un dormitorio que tiene en Los Delfines, al que llaman La Caseta. Desde el 22 de junio al 21 de septiembre lleva a sus nietos a la playa, después comen en el apartamento y sus madres los recogen por la tarde.

Aunque ejerce como abuelo jubilado, se mantiene atento a lo que ocurre en Cádiz y está a disposición de todos, cuando se trata de colaborar. Enrique Huguet dice que a Cádiz le debe mucho. Y que la única bandera para el futuro es la ética, más allá de los colores políticos. Ser honrado, ser independiente, ser un hombre libre… Es lo que aprendió y lo que quiere enseñar con el bagaje de su vida.

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