La historia de Pepa y el 'escuchante' gaditano
El programa de RNE 'No es un día cualquiera' cumple con éxito su primera jornada en Cádiz · Hoy una nueva emisión en directo
Es sábado por la mañana. Con los ojos aún pegados, con ganas de café y con cara de pocos amigos levantar la persiana puede resultar todo un esfuerzo que alumbra las expectativas de una jornada de descanso. Uno se acerca hacia el transistor, con las marcas de la almohada decorando el rostro. El dedo consigue poner en funcionamiento el aparato. La radio empieza a hablar. La voz de Pepa Fernández va penetrando los sentidos y, como el que se expone a la radiación, consigue mutar el interior durmiente y ausente en lucidez. Como la radiación, esto también depende del tiempo de exposición.
Y es que hoy No es un día cualquiera y en Cádiz muchos han disfrutado de la presencia del equipo de Radio Nacional de España y de la elaboración del programa en directo en el Palacio de Congresos con motivo de la celebración del VI Congreso Iberoamericano de Periodismo. Para los que han faltado, hoy domingo se repetirá la experiencia con una nueva emisión del programa de Pepa Fernández de ocho de la mañana a una de la tarde. En un momento toda la casa estaba inundada de rigor, era el debate que a esa hora ocupaba el espacio, con Fernando Pajares y Juan Luis Hernández, entre otros, y sonaba en tres transistores a la vez. Todavía da tiempo a una ducha rápida (se oyó algo bajo el agua que comentaba Nieves Concostrina de los indios Chachapoyas del Perú) y pasar de escuchar la radio a formar parte de ella.
Rumbo al Palacio de Congresos, con el MP4 en un autobús lleno hasta la bandera, empiezo a ser escuchante consciente. Muchas personas alrededor, pero éramos solo tres. El que escribe, Pepa Fernández y la periodista mexicana Alma Guillermo Prieto que ha recibido el premio Agustín Merello de periodismo. Los tres solos en un viaje común. Queda la duda de saber si ellas eran conscientes de que viajaban en aquel autobús mientras hablaban de Fidel Castro y Cuba, de los periodistas que se juegan la vida intimidados por contar la realidad y de que "hay que estar dispuesto a empezar a estar dispuesto a arriesgar la vida".
Al llegar el shock se produce. El sonido que llega por los auriculares ya entra con retardo al escuchar la voz de Pepa Fernández en directo, es más alta de lo que me imaginaba. Se empezó a ver la otra realidad de la radio, el movimiento de los técnicos, las señales de Pepa a Íñigo para que terminase, el pequeño lío en la mesa para dejar sitio a Fernando Jáuregui, mientras Diego Galán hablaba de cine, lo que ocurre en los descansos o el baile de muñecas con el que la directora del programa acompañó en una ocasión a la sintonía.
Al final, al escuchante se le cerró el círculo. Pude hablar con Pepa Fernández, a la que le resultó "maravillosa" la respuesta de la gente. Y eso que iba con miedo, "he pensado que nunca habíamos estado en Cádiz, no sabíamos si teníamos escuchantes", reconocía aliviada. Mientras, una niña le entrega un dibujo pintado por ella de Pepa y sus colaboradores. Pero esa es otra historia de la radio, una más.
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