Dos gaditanos, emperadores en el Acre

Guillermo Uthoff y Luis Gálvez declararon en 1899 un república independiente entre Brasil y Bolivia

Un territorio rico en valiosos árboles de la goma y otras maderas nobles

Trabajos en los árboles de la goma.
Trabajos en los árboles de la goma.
José María Otero

Cádiz, 09 de enero 2022 - 06:00

En el mes de septiembre de 1899, una curiosa noticia era recogida en los periódicos de todo el mundo; el nacimiento de la república independiente del Acre, situada en la selva del Amazonas, entre Brasil y Bolivia. Por su clima, vegetación y riqueza, las noticias señalaban que aquello era un verdadero Paraíso en la Tierra. Al frente de esta nueva república se encontraban dos gaditanos, Guillermo Uthoff y Luis Gálvez.

El Acre era definido por estas noticias como “el país de los sueños”. Un territorio olvidado por Brasil y por Bolivia, cercano al Amazonas y con fabulosas riquezas naturales. La vegetación era impresionante, con frutos y plantas de todo tipo y donde el maíz rendía hasta cuatro cosechas anuales. Su mayor riqueza era la goma, cotizadísima por aquellos años. Una simple y pequeña incisión en uno de los infinitos árboles de la zona daba una producción de cuatro mil pesos, una fortuna para la época. Tanta y tan cotizada era la goma del Acre que el caucho era considerado un producto menor. Por si fuera poco, las noticias indicaban que el clima era muy parecido al de la Isla de Cuba, pero sin las molestias de la fiebre amarilla y demás enfermedades tropicales de las Antillas. Dependía políticamente de Bolivia, pero la mayor parte de sus habitantes eran brasileños.

Guillermo Uthoff era un comerciante gaditano establecido en Argentina. Casado con una distinguida mujer de la alta sociedad de Buenos Aires, residía en una quinta de Belgrano. Uthoff, con múltiples negocios e infinitos contactos, consiguió permiso del presidente de Bolivia, Alonso, para explotar la goma del Acre.

Casa adquirida por Guillermo Uthoff a su regreso de la república del Acre.
Casa adquirida por Guillermo Uthoff a su regreso de la república del Acre. / D.C.

Trasladado a la zona y cuando comenzaba sus trabajos, estalló la revolución boliviana y el presidente Alonso fue depuesto. El gaditano Uthoff decidió entonces cambiar de planes y aprovechar el malestar de los habitantes de la zona contra el gobierno boliviano para declarar la independencia del Acre. Para ello buscó la ayuda de Luis Gálvez y Rodríguez de Arias, aventurero y también gaditano.

Gálvez, natural de San Fernando, era hijo de un auditor de la Armada y sobrino del ministro de Marina Rodríguez de Arias. La vida de este singular personaje ha sido objeto de alguna que otra novela, ya que se trataba de un verdadero aventurero. Huyó de España plagado de deudas, acusado de varias estafas y perseguido por asuntos de faldas. Establecido en Cuba durante varios años, emigró al Acre cuando la isla dejó de ser española.

Uthoff y Gálvez, de común acuerdo, decidieron emprender una fabulosa aventura. Contrataron 150 antiguos soldados españoles licenciados de Cuba a los que dotaron de nuevo armamento Mauser. Dieron el mando de la tropa al antiguo sargento español Francisco Martínez, al que nombraron capitán y adquirieron dos mil fusiles Winchester. A bordo de un pequeño vapor navegaron durante veinte días por los ríos de la selva amazónica hasta el puerto fluvial hoy denominado Puerto Acre. Desembarcaron y se apoderaron del territorio sin disparar un solo tiro.

Gálvez, de acuerdo siempre con Uthoff, decidió proclamarse presidente de la República del Acre entre aclamaciones de los habitantes de la zona. El gaditano les habló de las ventajas de no tener que pagar impuestos a Bolivia por la goma extraída y según el periódico de Buenos Aires, El Diario, “los acretense se entusiasmaron de veras ante las andaluzadas de Gálvez y quedaron convencidos para independizarse y ‘gomear’ a su gusto”.

Después de esta declaración, Gálvez estuvo dedicado a reglamentar la vida de la nueva república y llegó a construir varios edificios públicos para escuelas y cuarteles. Trazó calles y jardines en torno a una plaza que llamó de la Independencia y allí instaló sus despachos y oficinas. Uthoff se encargó de organizar la guardia nacional y enviar a compañías armadas a los distintos territorios del Acre.

Lo cierto es que la nueva república comenzó a dar buenos resultados. En muy poco tiempo comenzó la exportación, no solamente de la riquísima goma, sino de ricas maderas, ya que abundaba la caoba, cedro, ébano y otras especies para la fabricación de muebles de lujo. También comenzó la venta y exportación de plantas medicinales.

Mientras Gálvez permanecía en Acre, Uthoff regresó a Buenos Aires para intentar el reconocimiento de la nueva república. Su llegada a Argentina fue recogida por todos los periódicos, que resaltaron la extraordinaria colección de insectos y mariposas que traía como recuerdo. Uthoff declaró que quería llevar a la prensa a la nueva república para dar a conocer sus maravillas por todo el mundo y reclamó la presencia de botánicos y médicos para que estudiaran la gran riqueza del Acre en plantas medicinales.

El sueño de Uthoff y Gálvez acabaría pronto. Bolivia envió de inmediato una expedición militar y aunque ésta fue rechazada, pronto la resistencia se hizo imposible. A finales de 1900, el sueño de estos dos gaditanos finalizó por completo.

Bolivia recuperó el territorio del Acre, sobre el que tendría lugar una guerra en los años siguientes. Finalmente el Acre pasaría a formar parte de la república del Brasil siendo en la actualidad uno de sus estados.

Gálvez y Rodríguez de Arias fue hecho prisionero por los brasileños y recluido en Río de Janeiro. Escapó de la prisión y regresó a Madrid, donde fallecería en 1935.

Guillermo Uthoff, tras regresar a Argentina, emprendió su regreso a Cádiz adquiriendo una espléndida casa en la plaza de San Antonio, donde actualmente se encuentra la sede de la Universidad a Distancia. Falleció en 1925.

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