innovación y emprendimiento

El futuro está en sus manos

  • La escuela de robótica educativa Robotifun impulsa desde Cádiz el interés por la ciencia y la tecnología en los más pequeños a través del juego creativo con herramientas LEGO

La alumna Sara, de cinco años, muestra una de sus creaciones robóticas.

La alumna Sara, de cinco años, muestra una de sus creaciones robóticas. / Lourdes de Vicente (Cádiz)

Es prodigioso comprobar cómo esa pequeñísima combinación de falanges, uñas y carne se pone en movimiento para dar forma a los más alucinantes artefactos desde la creatividad desprejuiciada y un estimulante apetito por el aprendizaje. El futuro reside en esas manos en una ciudad a la que tantas veces hemos visto sin porvenir en el horizonte. 

La semilla del talento la cultiva a diario Robotifun, una academia de robótica y programación para niños y niñas y adolescentes sita en la calle Pintor Godoy de Cádiz, que se afana incansablemente en exprimir al máximo las capacidades de unos menudos inventores a través de las herramientas que proporciona la marca LEGO.

La artífice del innovador proyecto es María José Rodríguez, programadora informática de enorme vocación docente que se empeñó en hacer de la crisis oportunidad, en mirar con otro cristal el aprendizaje científico y tecnológico para asentar ese nicho de mercado en su ciudad en un momento complicado, en medio de la terrible crisis del coronavirus. “De Madrid me vine en 2019. Allí tienen otro ritmo, hay muchos lugares como éste pero en Cádiz no existía algo así”, relata.

Con unos 70 alumnos matriculados en varios niveles desde los 3 a los 15 años de edad, la escuela ofrece un enfoque distinto en la formación tecnológica. “Cada día tienen un proyecto, que siguen paso a paso mediante instrucciones con un lenguaje sencillo, para el que se propone una programación de base que va cambiando, siempre desde el trabajo colaborativo, aquí no hay grupos burbuja”, explica Rodríguez acerca del proceso formativo desarrollado en el centro, que cuenta con dos educadores en plantilla, Cristina Gomila y Mario Valderrama, y una incorporación a través de la beca PRAEM de la Junta de Andalucía y gestionada por la UCA, Eleazar Gómez.

"Con la tecnología no pasa lo mismo que con el inglés, no se ve como algo fundamental”

Así, cada alumno dispone de una caja de materiales LEGO de un color asociado a su nivel y un iPad, instrumentos que le guiarán en la consecución del objetivo final: otorgar ‘vida propia’ a un robot diferente a la imagen que solemos tener de los mismos.

¿Algún pique entre los pequeños creativos de Robotifun por ver quién lo hace mejor y más rápido? Los hay pero “de buen rollo”, asegura Mateo mientras da forma a un vehículo todoterreno, junto a su compañero de aula Sergio, que opta por conformar la anatomía de un curioso caracol robotizado. Ambos cuentan con apenas nueve años de edad que quedan en anécdota al comprobar el tesón que le ponen a sus proyectos. “A mí me animó mi madre, lo hago por diversión”, admite el primero. “A mí nunca me llamó la atención pero al final terminé pidiendo venir aquí”, comparte el segundo sobre su acercamiento a la escuela.

El secreto del éxito de Robotifun radica en buena parte en la metodología 4C (Conectar, Construir, Contemplar, Continuar) de LEGO, que permite desarrollar un aprendizaje continuo en el aula. Una vez propuesto e introducido el proyecto, el alumnado comienza el proceso de programación de sus creaciones, sujeto a cambios de variables que les permiten observar cómo los pequeños detalles, al igual que sus menudas manos, pueden ofrecer una solución diferente de la propuesta inicial. LEGO posee para ello distintos materiales adaptados a la edad y el nivel del creador: el kit de programación Cubetto para los más pequeños, el robot WeDo 2.0 en el primer contacto con la robótica o el kit Mindstorms EV3 para los más experimentados, entre otros.

¿Qué pasa si ponemos la pieza de la derecha en la izquierda? Todo cambia según el enfoque. De esta forma se les estimula para experimentar los múltiples caminos posibles que desembocan en el resultado deseado, fomentando además las habilidades STEAM (ciencia, tecnología, ingeniería, artes y matemáticas) para cultivar un aprendizaje global de una manera lúdica, con el horizonte de la motivación y vocación por la ciencia y la tecnología por delante.

Sergio y Mateo, dos de los alumnos de Robotifun. Sergio y Mateo, dos de los alumnos de Robotifun.

Sergio y Mateo, dos de los alumnos de Robotifun. / Lourdes de Vicente (Cádiz)

Prueba de la adaptación a este sistema es la sorprendente capacidad de concentración de Sara, de tan solo cinco añitos, sumergida en la construcción del pterodáctilo Pepito. Aterrizó en Robotifun porque su hermana era alumna, aunque ya no continúa su formación. Un dato que deja patente la brecha de género que aún persiste en relación al ámbito de la ciencia y la tecnología y que constata el reciente informe Radiografía de la brecha de género en la formación STEAM, del Ministerio de Educación y Formación Profesional.

Lo corrobora Rodríguez cuando explica que “cuanto más mayores son, más brecha de género existe. En la academia tenemos una proporción del 40-60 por ciento en favor de los niños –asegura–, y en áreas como los talleres del videojuego Minecraft se ve claramente: todos son chicos. Es algo que se sigue dando”. Sin embargo, aclara al respecto que “las chicas que siguen después de un tiempo en nuestra escuela son mucho más estructuradas y ordenadas en su trabajo que los chicos. Lo que Sara está haciendo ahora con cinco años no lo hacen los niños”.

La brecha también se da en las motivaciones para llegar a la robótica. “Con la tecnología y la programación no pasa como con el inglés, muchos padres no se dan cuenta de lo fundamentales que son para el futuro, lo ven como un hobby”, lamenta la directora de la escuela.

Hay trabajo por hacer. Robotifun planea llevar su labor a distintos centros educativos. “En septiembre impartiremos talleres en Salesianos y Rebaño de María”, adelanta Rodríguez. Preparan además nuevos talleres de dron e impresión 3D. Y este mes participarán online en la First LEGO League. El futuro pasa por esas pequeñas manos, sin lugar a dudas.

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