Perfiles. Pascual Saturio

"Un fraile, tan fraile, que no parece fraile"

  • Fray Pascual nos explica su honda convicción de que la vida contemplativa es compatible con las tareas pastorales

LLas actitudes y los comportamientos de este fraile -tan activo, tan comunicativo, tan servicial y tan meditativo- constituyen, a mi juicio, una elocuente muestra de la validez actual del mensaje evangélico tal como lo interpretan y lo viven los seguidores de Santo Domingo de Guzmán. Fray Pascual, con su imparable dinamismo, con su permanente disponibilidad, con su mirada escrutadora y con su oración confiada, nos explica su honda convicción de que la vida contemplativa es compatible con las tareas pastorales, y nos transmite el mensaje de que, como afirma el dicho popular, el cristiano ha de intervenir en el mundo "a Dios rogando y con el mazo dando".

Si su sentido de la trascendencia orienta su mirada hacia la seguridad de un mañana esperanzador, su compromiso evangélico lo mantiene con los pies bien afianzados al suelo y permanentemente atento a las demandas -a veces angustiadas- de los más desfavorecidos. Por eso él reza y pelea, por eso él calla para escuchar la llamada de Dios, y habla, a veces levantando la voz, para transmitir sus alentadores mensajes. ¿Dónde reside -me preguntan algunos de sus amigos- el secreto de esa fuerza expresiva y de ese poder persuasivo que caracterizan a sus homilías? Me atrevo a opinar que, aunque es cierto que la Orden de Predicadores, sin duda alguna, le habrá facilitado una amplia y rigurosa preparación retórica, la clave de su facilidad comunicativa estriba en la solidez de sus convicciones y en la fortaleza de sus compromisos con los conciudadanos a los que él sirve.

Pero, desde mi perspectiva, uno de los rasgos que mejor definen el talante religioso de este fraile dominico es su peculiar manera de relacionarse con María. Ya sé que él le profesa una devoción filial, ya sé que reza diariamente el rosario, ya sé que acude a ella como intermediaria, pero lo que más me llama la atención es la permanente y la afectuosa conexión de amistad que mantiene con ella. Estoy convencido de que una de las claves de su alegría, de su hiperactividad y de su inagotable vitalidad anida en la confianza con la que acude a María. Por eso él concibe las diferentes tareas de la actividad pastoral como una oferta de amistad que no se limita a la mera conexión lingüística con Jesús, con María y con los fieles, sino que se orienta hacia la comunicación plena y hacia la comunión vital de las cosas mediante la comunicación de experiencias vividas y de bienes compartidos. El ejercicio de la oración es, por lo tanto según el padre Saturio, una manera privilegiada de compartir la vida, un modo de intercambiar no sólo palabras sino también el ser de los objetos y el contenido de los episodios, por eso él explica que la oración plenifica y consuma la realidad.

En la concepción de Fray Pascual, la oración logra que los seres reales -"todas las cosas"- aumenten sus dimensiones y sus valores, y que, al dotar de nuevos nombres a los objetos y al llenar de nuevos significados a los sucesos, se transformen, y que, al mismo tiempo, el ser humano crezca "humanamente". La oración -explica él- es una de las grandes experiencias del ser humano: surge allí donde el creyente descubre y realiza su vida a la luz de la vida y de la gracia divinas. La oración es, efectivamente, pensamiento, es palabra y es gesto libre de apertura de una persona que se atreve a dialogar con Jesús y con María: a escucharles con atención y a responderles con generosidad.

Por eso, uno de los objetivos permanentes de su trabajo en el convento ha sido crear un clima de oración que facilite la escucha a la palabra de Jesús. Por eso, él cultiva la creación de un ambiente cálido en el que el grupo se contagie, no sólo de su entusiasmo filial y de su gozo fraterno, sino que, además, les abra el camino a la acción comprometida en favor de los menos favorecidos. Esta conjunción de la atención a los más pobres y de la práctica de la oración sencilla constituye, en mi opinión, la clave profunda de su plena libertad evangélica como una consecuencia necesaria de su conciencia de la suprema dignidad humana: libertad que él la recibe como un don y que la ejercita como una tarea.

Si la vida de algunos personajes importantes nos inspira admiración, la figura del padre Saturio nos infunde, además, afecto: nos despierta un sentimiento cordial que, a la larga, es mucho más perdurable. Su sencillez evangéli­ca y su alegría sin pizca de frivolidad nos revelan más al sacerdote acompañante que al clérigo apartado, más al hermano que al padre, más al amigo que al compañero. Su presencia crea en las celebraciones litúrgicas un ambiente de cordialidad y una atmósfera de bondad. El reto que para otros compañeros constituye una irreconciliable disyuntiva, él lo supera fundiendo en una armónica unidad la amplia gama de la sencillez con la discreción del sentido sacerdotal: su servicialidad y su cordialidad definen y personi­fi­can un estilo religioso "radicalmente evangélico". Ésta es, quizás, la clave del respeto y del cariño que en muchos despierta su figura: esa modestia secreta y, al mismo tiempo, jubilosa del hombre que mide su felicidad por la estatura de las personas a las que él ofrece su apoyo, su estima y su amistad. Ésta es la explicación de la frase que, ayer mismo, me dijo un amigo común: "fray Pascual es tan fraile, tan fraile, que no parece fraile".

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