Al fin una victoria en el Carranza

Carlos Vázquez y Raúl Moreno, dos de los parados que han estado encerrados en San Lorenzo, relatan su experiencia al regresar esta semana al mercado laboral

Pedro M. Espinosa / Cádiz

24 de junio 2010 - 07:00

Resulta raro ver a dos gaditanos celebrando algo en el Carranza estos días. Claro que la suya es una victoria cimentada en su sufrimiento, en noches en vela sobre una colchoneta y jornadas interminables de encierro en un salón parroquial que sólo han abandonado tras una llamada para trabajar en la obra de la nueva tribuna del estadio gaditano. Carlos Vázquez y Raúl Moreno forman parte de la plataforma de parados que llevan tres meses encerrados en la iglesia de San Lorenzo. Esta semana han podido al fin salir de las temidas listas del paro y han vuelto al mercado laboral. 32 años contemplan a cada uno, los últimos, presididos por la incertidumbre económica y la responsabilidad familiar. A sus espaldas, el fantasma del paro, incansable, amenazándolo todo. Y en frente, el todo por el todo, los pitos, las pancartas, las manifestaciones y los encierros. De momento son dos los que han conseguido el deseado empleo. Dos de veinte. "Al perro le han quitado un par de pulgas, pero quedan 18 todavía", dice Raúl Moreno.

Raúl fue el primero en llegar a la obra. Lo hizo este pasado lunes. De esta manera decía adiós a 15 meses de paro y a una situación insostenible. Raúl tuvo que emigrar a Castellón por culpa de ese mal endémico que en los últimos años ha venido asfixiando a la economía provincial y que la crisis ha extendido hasta el levante español. "Durante este tiempo he trabajado en Castellón en una fábrica que cerró por paro técnico. He tenido negocios y lo he intentado de mil formas hasta que tuvimos que volver a nuestra tierra, a Cádiz. Aquí nos hemos encontrado con este panorama".

Raúl reconoce que durante las semanas que ha estado encerrado con sus compañeros se han vivido momentos difíciles. Los más complicados siempre llegan acompañados del silencio y la oscuridad, la noche que revuelve las conciencias y afila las memorias. "Durante el día estás más entretenido. Puedes hablar con compañeros o con familiares que vienen a verte, pero cuando llega el momento de tumbarte en el colchón se te viene el mundo encima".

Este joven de 32 años reconoce que incluso se han vivido momentos de tensión entre los propios compañeros porque la convivencia nunca es fácil y menos en esas circunstancias. "Esto era como un Gran Hermano pero sin cámaras, con personas de distintas generaciones, con gente de 50 años y de 20. Es difícil, aunque lo hemos llevado de la mejor forma posible".

Raúl tiene una niña que junto a su mujer le ha dado fuerza para tirar para adelante, poniendo esa chispa en los momentos duros, hasta que llegó el momento de currar. "Me llamaron hace un par de semanas y tras pasar el reconocimiento médico empecé el lunes. De momento estoy contratado hasta fin de obra y mi única intención es dar el callo y demostrar que todo el esfuerzo que hemos puesto pidiendo un trabajo no era por pamplinas sino porque verdaderamente queremos y necesitamos trabajar".

Raúl, que continúa pasándose por San Lorenzo para dar ánimo a los compañeros que aún siguen allí, agradeció el comportamiento de los feligreses de la parroquia gaditana y de la ciudadanía en general.

Su compañero de fatigas y alegrías es Carlos Vázquez, que comenzó ayer mismo en la obra del Carranza. Casado y con un pequeño de cinco años llevaba en paro desde 2007. Trabajó un par de meses en el Campo del Sur y en un bar de la familia de su mujer en periodo estival. Cualquier cosa para buscarse la vida. Ayer se mostraba feliz y a la vez cansado tras una larga jornada de trabajo que concluyó pasadas las seis de la tarde. "Estoy cogiendo el ritmo porque he estado tiempo inactivo, pero tengo unas ganas de trabajar enormes y me siento contentísimo".

Carlos asegura que tanto empeño ha merecido la pena y reconoce que uno de los momentos más duros fue "cuando me llamaron a mí y no a los demás. Sabíamos que no íbamos a salir todos a la vez, pero siempre es duro".

En su caso ha ayudado su formación. Carlos es electricista y tiene un currículo con experiencia. Eso le ha valido a la hora de entrar a formar parte de esta obra carismática. Una de las ventajas que sí afirma tener Carlos es que "por fortuna" no debe responder de una gran hipoteca a sus espaldas porque la familia de su mujer le está dejando ocupar una casa. "Sin esa ayuda no sé qué habría sido de nosotros".

Ahora, cada tarde, Carlos podrá ver a su hijo y jugar con él, posiblemente lo que más echaba de menos durante todo el tiempo que ha durado el encierro.

Carlos y Raúl han conseguido el objetivo que se marcaron hace casi tres meses. Trabajar en su ciudad. ¿Es tanto pedir?

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