Kiki Morente · Cantaor

"Estoy feliz porque he hecho un disco de cante jondo como a mi padre le gustaría"

José Enrique 'Kiki' Morente Carbonell. José Enrique 'Kiki' Morente Carbonell.

José Enrique 'Kiki' Morente Carbonell. / juan carlos muñoz

En sus respuestas, José Enrique Kiki Morente Carbonell (Granada, 1990) trata de evitar cualquier resquicio de melancolía al recordar a su padre, Enrique Morente. De alguna forma, en estos ocho años desde el fallecimiento del cantaor, el menor de la saga ha preferido quedarse con todo lo bueno que le ha dejado. Más allá de su propio apellido, el joven artista asume su legado mediante su profunda afición al flamenco, su respeto hacia cualquier forma de creación artística y un sentido del humor, entre ingenuo y burlón, que le permite afrontar lo difícil desde la guasa. Por eso, entre los consejos que recuerda que le daba su padre, cita primero el más sencillo: "Que deje de fumar", dice entre risas. Además, Kiki Morente se sabe afortunado por poder presentar un disco como Albayzín, un homenaje a su casa y a sus orígenes que viene avalado por Universal, con la producción de Juan Carmona Camborio y su hermana Estrella, del que dará, a buen seguro, cuenta en su actuación de esta noche en Cádiz, en el Castillo de Santa Catalina.

-¿Por qué este disco ahora y por qué Albaizyn?

-Este trabajo lo empecé con las pautas que me dio mi padre y he esperado un tiempo para encontrarme, estar bien y sacarlo adelante, con la ayuda de Estrella y el Camborio. Lo de Albayzín vino solo. Estaba prácticamente hecho, pero no teníamos título. Cuando me paré a pensar me di cuenta que allí, en mi barrio, donde lo grabé, están mis amigos, mis calles, todo lo que he aprendido y estudiado. Qué mejor nombre que el del sitio donde está mi origen.

-Una carta de presentación que llega con las guitarras de los Habichuela, Rafael Riqueni, Diego del Morao, Montoyita, Juan Carlos Romero... ¿Se siente un afortunado?

-Claro, esto también se lo debo a mi padre porque cuando empecé con la idea del álbum le dijo al Camborio que me escuchase. He tenido la suerte de tener siempre cerca a los Habichuelas, con el tío Juan y Pepe ahí. Ellos siempre han sido referentes en la casa, igual que el resto. La verdad es que estoy muy agradecido de que me hayan arropado con tanto cariño.

-Usted, de hecho, empezó tocando la guitarra. ¿En qué momento decidió cambiar de bando?

-En el conservatorio empecé con la guitarra clásica, aprendiendo música y solfeo. Pero luego, en las reuniones familiares, tarareábamos todos y cuando salía por los locales de música y de flamenco con Juan Habichuela [nieto] me animaba a cantar. Me fui dando cuenta de que efectivamente era lo que más me gustaba, como hacen en mi casa, qué casualidad.

-¿Qué le dijo su padre al oírle?

-La verdad es que le sorprendió y le alegró, pero como estaban la Estrella y la Soleá también ahí decía: ¡Vaya tela, los tres cantaores, no hay ninguno que vaya a tocar un instrumento! Era de broma. Nos apoyó siempre en todo.

-¿Cree que este disco puede sorprender también a la afición?

-Si no sorprende, por lo menos espero que a los aficionados les agrade y les guste, por supuesto.

-¿Siente que debe lidiar con una imagen preconcebida suya por ser hijo de quien es?

-Sí que siento que tengo una responsabilidad y la obligación de seguir con la saga de cantaores de mi casa. Hay mucha gente que me dice que podría haber hecho otras cosas, que mi padre era más moderno, pero bueno, había que empezar la casa por los cimientos.

-¿Es de eso de lo que está más orgulloso de este trabajo?

-Quizás de lo primero es de haber tenido la oportunidad de hacerlo. Con la cantidad de problemas que hay en el mundo, poder estar aquí promocionando un disco es una suerte. Luego, que esté ahí el maestro Habichuela... Y por supuesto que sea de cante jondo, que es lo que le gustaría a mi padre.

-¿Hay algún consejo de los que le diera su padre que haya tenido más presente ahora que se expone en los escenarios?

-Sí, que hay que fumar menos [risas], aprender de todo el mundo y empaparte de todo el arte.

-Ha participado usted en el Réquiem a Enrique Morente con el que el Taller de Musics de Barcelona le rindió homenaje a su padre con motivo del séptimo aniversario de su fallecimiento. ¿Qué hueco cree que ha dejado él en el flamenco?

-Trato de pensar que la vida es muy bonita y hay cosas que Dios ha puesto ahí para que los demás sigamos disfrutándolas, como el legado que dejó Marchena, Camarón, Paco de Lucía o Morente. Es decir, el vacío que ha dejado mi padre es un vacío que siempre estará lleno.

-Su padre decía eso de que está con el flamenco si está con la cultura, ¿qué flamenco es el que le gusta a Kiki?

-A mí me gusta que haya un lenguaje entre la gente joven y que cada día abran más sitios donde se pueda cantar y en el que los flamencos podamos juntarnos. Que haya más oportunidades para toda la gente maravillosa que hay. Que cada día haya más afición.

-El flamenco no es la música más popular entre las personas de su generación, ¿se siente un bicho raro?

-Me rodeo de todo tipo de gente, amigos a los que les gusta y amigos a los que no. Es verdad que trato de inculcárselo, pero con naturalidad, y a los que no les guste... ellos se lo pierden. Muchas veces ocurre simplemente que no lo conocen, pero igual que nosotros desconocemos muchas otras cosas que hay por ahí. Cada día se puede descubrir algo nuevo.

-¿De qué otras cosas se empapa?

-De muchas. Mi casa siempre ha estado llena de intelectuales y a mi padre siempre lo he visto con un libro en la mano. Ahora, por ejemplo, también me he animado a escribir letras del disco y me estoy aficionando más a la literatura, cada día quiero escribir más. A veces, mientras mi madre hace de comer le voy poniendo algún cante y me da sus consejos, o abro la guitarra. Aunque ahora, como estamos a tope con la promoción del disco, a lo que me dedico es a esquiar, con la que está cayendo [risas].

-Dice que le va enseñando a su madre lo que hace. ¿Quién es más dura: ella, Estrella o Soleá?

-Mi madre suele darme caña y ponerme en mi sitio y, aunque crea a veces que está equivocada, a los diez minutos tengo que darle la razón. Estrella también está muy pendiente de que no desvariemos. Y a Soleá, la verdad, no le hace falta hablar mucho porque con una mirada lo dice todo.

-Para terminar, un último ejercicio: si pudiera cambiar la frase "Kiki Morente, el hijo de Enrique", lo haría por...

-Kiki Morente, un cantaor de la casa Morente.

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