El 'espíritu de Cádiz' abandera la racionalización del Estado
El presidente de la Audiencia Nacional, Ángel Juanes, cierra el Congreso de Periodismo pidiendo el consenso para una organización más eficaz del país.
El director del VI Congreso Iberoamericano de Periodismo, Fernando Jáuregui, amasaba desde hace tiempo una ambiciosa idea para su cita con Cádiz. Quería que Cádiz, en las vísperas de la celebración del bicentenario de la primera Constitución española, fuera el banderazo de salida para un debate que gobernara esta legislatura: la reorganización territorial del país, repensar el estado de las autonomías. Es lo que en la jornada de inauguración bautizó como "el espíritu de Cádiz". En varias ponencias, sobre todo en la del ex ministro Jordi Sevilla, se había ido dibujando ese espíritu, pero Jáuregui dejó para el último día su bala de plata: la lección magistral del presidente de la Audicencia Nacional, Ángel Juanes.
Ayer, Juanes pidió abiertamente "la racionalización del estado autonómico", una fórmula que los propios redactores del programa de gobierno del PP, caso de Miguel Arias, consideran insostenible, tal y como manifestó meses atrás en su intervención en el Foro Joly. La celebración del Congreso de Periodistas ha demostrado que Arias no dista mucho del socialista Sevilla. Tampoco de Ángel Juanes. Es decir, el debate está soterrado, pero existe.
Para Juanes, lo de menos es el debate semántico, que se resumiría en si debemos conducirnos hacia un modelo federal. La palabra federal, como recordó, es tabú en España desde algo tan lejano como el cantonalismo de Cartagena. "Federalismo no es sinónimo de separatismo", dijo. Máxime cuando España, en realidad, es un estado "cuasifederal" al que se ha decidido dar otro nombre. El quid no está en si es federal o no es federal, sino si es o no es funcional, y en este punto Juanes lo tiene claro al afirmar que existen "múltiples duplicidades, sobran órganos. Detectar cuáles no son necesarios no atenta contra la descentralización y no por ello va a haber menos democracia". Esa evidencia choca con el debate semántico: federalismo o no federalismo, entendiendo por tal una descentralización homogénea que espanta a las comunidades más nacionalistas. Sería por eso que cuando hace unos días cayó en manos de Juanes un texto de Azaña de mediados de los años 30 sobre el 'caso catalán' comprobó que casi 80 años después era perfectamente aplicable a la situación actual. Atrapados en la semántica.
El presidente de la Audiencia Nacional pidió valentía para despojarnos de miedos y acometer las reformas necesarias, desde el consenso en el título VIII de la Constitución que trata esta materia, "para conseguir una distribución de competencias y una fluida cooperación ente poderes centrales y autonómicos".
Frente a la enconada discusión que supone cada reforma de un estatuto de autonomía, que siempre conduce a la cesión de nuevas competencias, Juanes recordó el caso alemán, que ha reformado su Constitución (lo hacen constantemente) delimitando nuevas competencias del estado central, que han recuperado de sus estados federales y cediéndoles otras. El único objetivo de esos cambios, explicó Juanes, ha sido la eficacia en la organización del Estado. De hecho, no ha habido debate. En Alemania esas reformas no han sido casus belli político.
La conferencia de Juanes levantó un animado coloquio entre los presentes. Los americanos hablaron de semánticas aún más estrambóticas en sus países, los españoles reivindicaron coherencia y Jáuregui volvió a enarbolar el espíritu de Cádiz. "Que se recuerde que todo empezó aquí". Más escéptico, el periodista Miguel Ángel Bastenier susurró a una colega mexicana en un cruce dialéctico, una vez más, sobre la semántica territorial: "¿Habéis visto a qué cosas nos dedicamos los españoles?"
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