"Los españoles somos muy parecidos"
José Pedro Pérez-Llorca recoge el premio otorgado por el Ateneo
Ya sea porque los padres suelen tener razón, ya sea por ese extenso conocimiento que regala a cualquier auditorio con una voz que no pierde su entusiasmo juvenil y contagioso, el caso es que José Pedro Pérez-Llorca ofreció ayer una radiografía precisa del delicado momento que atraviesa España durante el acto de entrega del Drago de Oro que le ha concedido de forma unánime el Ateneo de Cádiz. No le hizo falta extenderse ni divagar. Fue conciso en su análisis, como los padres cuando te miran de soslayo y te dicen ese punzante haz lo que quieras pero te estás equivocando. Porque uno de los siete juristas que construyó la Constitución de 1978 aseguró ayer en Cádiz, la ciudad que vio nacer a La Pepa, y que lo vio nacer a él, que es cierto que España se compone de diferentes territorios, algunos incluso con su propia lengua, "pero si se nos mira desde lejos, somos mucho más parecidos que diferentes". "España vive un momento muy delicado, al contrario que en el 78, cuando se pedía libertad sin ira, ahora estamos en una etapa en la que hay ira sin libertad, y con la ira no se va a ningún sitio, azuzando los sentimientos no se va a ningún sitio, porque si uno quiere estar agraviado siempre va a encontrar un motivo para estarlo", sentenció.
Fueron solo unas pinceladas de su intervención, pero el mensaje antiseparatista resonó fuerte y claro en el Salón Regio de la Diputación Provincial, donde amigos y compañeros se habían reunido para arroparlo en su recogida del Drago de Oro. Con su humor habitual, inteligente y culto, empezó su intervención recordando a Miguel de Unamuno, cuando al recoger uno de sus galardones dicen que aseguró: "Gracias por concederme este premio tan merecido". El jurista gaditano manifestó sin embargo que, por contra, "yo no merezco este Drago de Oro, y por tanto mi agradecimiento se eleva al infinito".
También reconoció el antológico laudatio que le dedicó el profesor José Antonio Hernández Guerrero. "Ha hecho un laudatio de libro, aunque no sé si el personaje encaja en ese laudatio", dijo con modestia ante las excelsas palabras del catedrático de Literatura de la Universidad de Cádiz.
Y a partir de ahí, Pérez-Llorca, que indicó que el galardón otorgado por los ateneístas le tocaba la fibra más honda de su corazón, fue recorriendo los tres dragos de su infancia. "Mi primer drago fue el de la Facultad de Medicina, que era magnífico y al que yo veía cuando iba con mi padre. Alguna vez uno de los bedeles de la facultad llegó a sacarle la famosa savia roja. Allí mismo mi padre me contó historias de Cádiz, del mito de Hércules y Gerión, de la Atlántida".
El segundo drago de José Pedro Pérez-Llorca fue el del Callejón del Tinte, "que recorría de la mano de mi madre, la más gaditana de los gaditanistas, para ir al Bazar Inglés, que era como El Corte Inglés de ahora pero en ferretería".
Al recordar su tercer drago su voz se tornó oscura. "Porque aquel drago de la calle Tolosa Latour lo asocio con la noche del 18 de agosto de 1947. Fui con mi padre a visitar a mis primos en San Severiano y estuvimos a punto de quedarnos a cenar, aunque al final volvimos a casa y llegando a la Alameda se produjo la explosión y yo me quedé sin una parte de mi familia. Aún recuerdo aquel pequeño drago", reconoció.
Pero además de los recuerdos en esa patria que es la infancia, en ese Cádiz de la posguerra, tuvo tiempo de evocar a Platón, y piropeó su filosofía, que pregonaba que "hay que gobernar con un sistema de leyes que sean generales, abstractas, preestablecidas y que sean iguales para todos. Hay que tener una ley que nos haga libres porque el Estado asegura el bienestar de los ciudadanos, los derechos sociales, los derechos, las prestaciones...".
Y por supuesto también habló de Cádiz, de su geografía especial, que la ha ayudado en determinados momentos, de su historia, del nuevo puente, que debe integrarla más en su bahía. "Porque aquí hemos visto de todo, fenicios, romanos, hemos tenido nuestro rol con América, con el liberalismo y ahora Cádiz está buscando su papel, y en esa búsqueda está muy presente el Ateneo de Cádiz, del que ya formaron parte mi padre y mi abuelo, como ahora lo hago yo". Pérez-Llorca también recordó aquellos días en que el grito popular en el Piamonte o en Portugal, en media Europa, "era Queremos Cádiz", que era sinónimo de igualdad, de libertad, de constitucionalismo.
Antes de que Pérez-Llorca recibiera en su solapa el Drago de Oro de manos del presidente del Ateneo, Ignacio Moreno, el catedrático Hernández Guerrero ensalzó la figura del jurista y "su contribución para que nuestro país sea más confortable, más justo y más pacífico. Porque José Pedro Pérez-Llorca ha sido un corredor de fondo que asumió la política como un servicio. Por eso es modelo de una generación que pretendía establecer unos valores que hoy día están algo escleroquisados. Pérez Llorca sigue fiel a sus principios y a la ciudad amada por él".
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