Cádiz

El son se topa con el duende de El Cigala

  • El "gitano con sabor" llena en Cádiz con su apuesta 'Indestructible'

El son se topa con el duende de El CigalaEl "gitano con sabor" llena en Cádiz con su apuesta 'Indestructible' El son se topa con el duende de El CigalaEl "gitano con sabor" llena en Cádiz con su apuesta 'Indestructible'

El son se topa con el duende de El CigalaEl "gitano con sabor" llena en Cádiz con su apuesta 'Indestructible'

Diego El Cigala salió dejando cerca de media hora para hacer apetito y encontró a un público con ganas sobradas. El artista ya había tenido la Catedral como escenario durante su visita dentro de los Conciertos para la Libertad, en 2011, y en su espectáculo de anoche volvió a enfrentarse a una plaza llena, con un público de corte variado. En la azotea del Hotel Terraza la gente esperaba que el cantaor hiciera su aparición, así como diversos público desde los balcones de las casas y las terrazas de los locales, que tuvieron anoche -como era esperable- un lleno absoluto. Hubo quien acompañó la espera con un bocadillo. O con bandejas de sushi, que todo llega.

"Soy gitano con sabor", dice nada más aparecer, encaramándose a un taburete alto. Gran verdad. El Cigala aparece con traje chaqueta oscuro y camisa blanca, con detalle de pañuelo rojo en el bolsillo, para presentar Indestructible: resultado de una incursión en el mundo de la salsa que llevó al cantaor hasta Cali (Colombia), San Juan (Puerto Rico), Punta Cana (República Dominicana), Nueva York y Miami (Estados Unidos), en un trabajo que terminaría de grabar en Jerez para los añadidos de guitarra, coros, cajón y palmas flamencos.

La Cali Salsa Band va bien servida en su aparición de esta noche (vientos, piano, contrabajo, percusión) y El Cigala se arranca con Nací moreno y, de la rumba, pasa a una salsa paradita. Su rajo flamenco se hace más de notar en Si te contara, el segundo tema. El Cigala marca el compás con palmas sordas: resulta irremediablemente flamenco, a pesar del acompañamiento caribeño. El repertorio continúa -aunque con un sonido que parece perderse en los laterales- siguiendo una escala en la que se alternan las cadencias, del bolero Amar y vivir, por ejemplo, se pasa a las maracas y las caderas de El paso de Encarnación -muy aplaudida por el público-, y de nuevo al marcaje suave del emotivo Veinte años.

Cuando la salsa clásica de Juanito Alimaña hace su aparición en labios de El Cigala, la gente se va animando a bailar. Las campanadas de las once se cuelan en Inolvidable, justo antes que El Cigala convoque, de manera imprevista, sus Lágrimas negras, en una interpretación que cede el primer fraseo a la guitarra flamenca y que sirve para agarrar, llevar al máximo y no soltar la emoción del púbico asistente.

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