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Los deberes, a examen

Una campaña en change.org pide la racionalización de las tareas. En los colegios gaditanos se tiende a reducirlas, aunque el maestro decide al final qué hace el alumno tras el horario lectivo.

Maribel Gutiérrez, Cádiz

24 de enero 2016 - 06:58

Eva Bailén, madre de tres alumnos de un colegio público de Tres Cantos (Madrid), puso en marcha en marzo de 2015 en la web change.org una campaña, dirigida al Ministerio de Educación, para conseguir la racionalización de los deberes en el sistema educativo español. Desde entonces, casi 200.000 personas han apoyado la causa y el debate sobre la idoneidad de que los niños alarguen su jornada escolar en casa se ha encendido.

Xiomara Sáez lo tiene claro. "Para mí lo importante es que les guste lo que hacen y lo entiendan, que asimilen los conocimientos y se vaya despertando su interés y curiosidad por aprender, pero repitiendo lo mismo que han hecho en clase eso no se consigue". Esta madre de tres hijos, dos de ellos en edad escolar, explica que en el caso del mayor, que estudia tercero de Primaria en el CEIP Celestino Mutis, "los profesores son bastantes abiertos e intentan no mandar tareas a casa. Normalmente tiene algo más que hacer los fines de semana y entre semana si no ha terminado los deberes en clase".

Reconoce que "en Primaria hay evaluación continúa y se miden varios criterios, entre ellos el trabajo en casa", aunque ella le ha inculcado a su hijo que "en casa tiene la opción de trabajar o no pero en clase sí lo tiene que hacer".

Su hijo acude también cuatro horas a la semana a kung-fu y a fútbol "algo que es importantísimo para él, porque también tiene que jugar y estar con su familia". "Es un niño curioso, activo, que en clase funciona bien, atiende y aprende los conceptos... para mí eso es lo fundamental", concluye Xiomara.

En la mayoría de los casos, que el niño lleve o no tareas a casa depende del profesor, por eso en un mismo colegio las experiencias pueden ser distintas. En el CEIP Campo del Sur están matriculados los dos hijos de Patricia Beltrán, uno de ellos en tercero de Primaria. Cuenta que "tiene muchísimo trabajo, entre el que no termina en clase y los específicos para casa no tiene tiempo para nada".

Eso se une a las épocas de exámenes y a las actividades extraescolares. "La semana que tiene algún control es una locura porque los maestros los ponen muy seguidos y apenas le da tiempo a estudiar". Su hijo mayor acude a la ludoteca dos días a la semana y a fútbol otros dos días, pero "a partir de las seis de la tarde y hasta la cena no para de hacer tareas y yo tengo que estar encima de él todo ese tiempo".

María Sánchez afirma que, en el caso de su hija que cursa cuarto de Primaria, "en casa básicamente hace lo que no le da tiempo a acabar en clase". Aún así, ha tenido que apuntarla a clases particulares porque "no le da tiempo a terminarlas. Yo la ayudo en casa".

Esa es otra de las quejas de las madres, que el trabajo de los niños les resta a ellas tiempo y les hace tomar un papel muy activo en sus rutinas. "La semana que se junta con los exámenes es un descontrol para ellos y para nosotras", apunta Ana Rosado, madre de una niña de sexto de Primaria. El problema estriba, según Ana, en que "tienen tantísimas asignaturas desde infantil y las clases son tan cortas, solo duran 45 minutos, que no les da tiempo a terminar las unidades cada trimestre y tienen que ir a toda prisa".

Aunque las experiencias de cada familia pueden variar, en la vertiente docente y profesional los criterios parecen seguir un mismo patrón tanto en la escuela pública como en la concertada. Antonio Maura, director del CEIP Celestino Mutis, señala que "afortunadamente la filosofía de mandar tareas a casa a todos los niños todos los días ha desaparecido".

El también maestro de Matemáticas sostiene que "era una locura porque el niño tenía jornadas de ocho o nueve horas y no se tenía en cuenta la conciliación ni la importancia de realizar otras actividades".

Añade que hay que estudiar cada caso porque cada alumno tiene unas necesidades, unas circunstancias personales y unos tiempos para asimilar conceptos distintos. "Yo personalmente no les suelo mandar tareas porque todos los niños no llevan el mismo ritmo. Si a alguien le quedan deberes es porque no le ha dado tiempo en clase".

En este sentido, Antonio subraya que "sí se ha dado un paso adelante en la coordinación entre los profesores para que no se acumulen los exámenes y las tareas". Esto ha influido en que "haya un ambiente de trabajo relajado en las clases" lo que repercute en el buen desarrollo del alumno.

A pesar de intentar aunar criterios y no cargar a los niños de deberes, algunos padres consideran que es necesario que todos los días lleven tareas. "En este centro se ven las dos vertientes: padres que quieren que su hijo tenga una rutina de estudio y que alcance metas académicas lo antes posible, y padres que apuestan por fomentar su gusto por la lectura, por la comprensión de los conceptos o por hacer deporte o jugar en el parque".

El director del CEIP Celestino Mutis cree que, aunque los deberes en casa no sean en la actualidad una constante, "a medida que los niños van creciendo es fundamental que dediquen tiempo a leer, repasar o buscar contenidos relacionados con alguna materia. Eso es básico para crear hábitos y tiempos de estudio de cara al futuro".

De la misma opinión es José Manuel García, director del colegio Argantonio. "Estoy en contra de las tareas tal y como se han planteado tradicionalmente, por eso intento que los deberes que se mandan no sean repetitivos si no complementarios de lo que se realiza en clase".

En el claustro, el docente ha intentado transmitir la idea de que "cada niño tiene un ritmo de aprendizaje y no por ello se debe penalizar al más lento. Buscamos que sean trabajos más creativos, en grupo o que reflexionen sobre un tema dado en el aula".

Los progenitores, al igual que en la escuela pública, tienen un papel muy activo en el desarrollo escolar de sus hijos, algo que José Manuel cree que es "injusto porque deben hacerse cargo de unas materias y quizá no estén formados o no haya padres disponibles, por lo que se crea una cierta discriminación entre los niños".

Además, profundiza en el tema incluyendo el desequilibrio del sistema educativo actual. "Los profesores están tiranizados por los libros de texto, que les obligan a dar unos temas en apenas tres meses e ir a toda prisa. Hay que sacudirse esa tiranía y quitarse de en medio actividades repetitivas que no tienen sentido".

En el colegio San Felipe Neri, la directora de Primaria, Chari Jiménez, entra en el debate afirmando que "la idea de los deberes en casa en un colegio tan grande como este es difícil, pero de unos años para acá se está teniendo conciencia de que los niños tienen que tener también tiempo para jugar".

Por ello, los maestros "intentan que los deberes sean de repaso, para afianzar. Sí fomentamos mucho el gusto por la lectura. Nos gusta que lean, escriban o hagan actividades que les motiven. No es lo mismo que un niño haga una tarea de forma mecánica, por repetición, que lo haga porque algo le enriquezca". El objetivo que se plantean en San Felipe Neri es que "el alumno tenga autonomía e iniciativa. Que investigue y tenga curiosidad. Tenemos que tener claro que el niño debe aprender de forma diferente porque la sociedad es diferente, aún así, hay padres angustiados porque sus hijos no memorizan conceptos o docentes que defienden la metodología clásica", argumenta Chari.

En este tema ahonda Ernesto Guitart, coordinador del Equipo de Orientación Educativa de Cádiz. Dice que, a pesar de la polémica por la acumulación de tareas en casa, "muchos padres no se quejan de los profesores duros porque les gusta ver que sus hijos consiguen resultados rápidamente". Dada su experiencia, considera que "normalmente las tareas en casa son una mera repetición del trabajo en clase, pero deberían servir para desarrollar habilidades, aplicar los conocimientos y fomentar el trabajo en equipo".

Para Ernesto "hasta quinto de Primaria, por el propio desarrollo del niño, no debería haber deberes pero sí actividades como leer, hacer comentarios de películas, ir a la biblioteca, jugar, aprender a gestionar sus propios conflictos... Lo importante es que el niño crezca feliz y sano con tiempo libre para relacionarse. Si no se motiva con lo que hace, al final las cosas se realizan con desidia y desgana".

Aunque eso no significa que puedan hacer lo que quieran. "Hay que inculcarles la importancia de esforzarse: sin esfuerzo no hay aprendizaje".

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