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No es ciudad para buhoneros

Los comercios ambulantes con licencia viven su etapa más gris El incumplimiento de la legislación depara sanciones para los vendedores que oscilan entre 1.500 y 18.000 euros

Manuel Galvín Serrano Cádiz

25 de enero 2016 - 07:08

Malos tiempos para coger una furgoneta, llegar a Cádiz, desempolvar la mercancía y que las ventas hagan el resto. Los antiguos buhoneros no darían crédito al panorama desolador que dibujan sus colegas actuales de carretera y manta. La desdicha es compartida, por lo general, entre los que no se mueven de la capital y entre los que recorren kilómetros en busca de los mejores mercadillos. En la capital no faltan las zonas calificadas como tal para la venta, lo que falla es un público dispuesto a desembolsar.

No es ciudad para buhoneros, para mercaderes ambulantes que buscan el sustento a pie de calle, de frente con el ciudadano. El paisaje de cada lunes en La Paz o a diario alrededor del Mercado dibuja un laberinto de puestos metálicos con prendas y todo tipo de objetos a precios populares. Francisco Moreno es joven y está al cargo de un puesto periódico en La Paz. Además, desde hace años se dedica a apoyar el negocio de su suegro, quien le acompaña con gesto cabizbajo. "Mi suegro lleva toda su vida en la venta ambulante y ha ganado mucho dinero, ha ganado más que lo que habitualmente se percibe en un trabajo. Aquí se ha podido vender entre 6.000 y 12.000 euros diarios en época fuerte. En Navidad ha bajado mucho el ritmo. En días normales en Cádiz lo mínimo era vender 1.000 euros los lunes. El que llegue a los 200 euros se puede sentir dichoso. Los que no tienen recursos se conforman con unos 20 ó 30 euros con los que poder comer ese día", afirma este vendedor.

En el casco antiguo, concretamente en los alrededores del Mercado de Abastos, la venta itinerante de textiles siempre fue un elemento tradicional, un plus para ir a comprar a 'la plaza'. Precisamente, Yesenia Cabrera puede dar fe de ello, una autónoma que ocupa una parcela desde hace tres meses heredada por su padre que se había dedicado a ese comercio durante cuarenta años. Pese a la negatividad que casi todos los responsables de estos puestos imprimen a la hora de referirse a sus negocios, casi todos los vendedores están al frente por herencia, por tradición familiar. " La plaza está muerta desde que hicieron la obra. Antes de esto estaba mejor porque teníamos muchos puestos, han dejado mucho espacio para los bares. La venta depende mucho del tiempo, del viento, del agua. La mayoría de los días te vas a casa con poco", resalta Cabrera. Esta vendedora tiene una petición para el alcalde de Cádiz, José María González, pues entiende que deben recuperarse las infraestructuras cubiertas que antiguamente estaban preparadas para los más asiduos en este rincón.

El intrusismo es otro de los dolores de cabeza de los comerciantes ambulantes con licencia. Yesenia Cabrera recuerda como el día previo a la festividad de Reyes Magos "tenía enfrente a vendedores sin licencia que sólo vinieron para ese día clave. No es justo que yo esté todo el año pagando, pasando frío y aguantando la lluvia para que vengan el mejor día a vender pijamas a un precio que ni a mí me cuesta a precio de costo". Según lo ve, la solución pasa por el incremento de Policía Local que transiten por la zona en los días festivos. Un poco más adelante, en el edificio de Correos, Manuela Saavedra espera con la mirada perdida que algún transeúnte desvíe su atención a su tenderete. Veinte años de experiencia le avalan tanto a ella como a su marido para añadir más negatividad al sector de este comercio, que insisten en considerar como herido de muerte. Respecto al intrusismo, se quejan de poco. El lugar en el que se encuentran, uno de los más vigilados, hace que no dirijan sus lamentos hacia las personas que venden sin permiso. Saavedra sí resalta la presencia de más cruceros como motivo temporal del auge de las ventas. "Cuando vienen los cruceros es la semana en la que dices voy a comer esta semana en condiciones. Mientras, no queda otra que comer cosas que son menos sanas", sostiene.

En lo relativo a la legislación vigente, la ordenanza municipal para venta ambulante se encarga de encuadrar con nitidez las exigencias para obtener el permiso. Concretamente, los mercadillos de 'El Piojito', el de la barriada de La Paz y el de la calle Libertad están sujetos a una licencia clase A, que son aquellos que tienen lugar "regularmente con una periodicidad determinada en lugares establecidos". De todos estos, el mayor espacio para ocupar lo tiene el 'Piojito', con un autorización máxima de 290 puestos. Al margen de los mercadillos, la venta callejera fuera de los perímetros asignados también puede tener cabida legal. Así lo recoge la última ordenanza municipal que data de mayo de 2014. De hecho, se consienten hasta 110 licencias para el negocio de productos fuera de los mercadillos. Las zonas de explotación de estos permisos de venta callejera abarcan el casco antiguo y casi todos los barrios de extramuros.

No obstante, desde su llegada al poder, el gobierno de Podemos y Ganar Cádiz recibe presiones por parte de unos seis vendedores ambulantes sin licencia que requieren un permiso para la zona de Compañía y estos no lo conceden. El Consistorio aduce que no se pueden otorgar a dedo los permisos y que hay que respetar los pasos legales. El Consistorio ofreció que se acogieran a una licencia de artesanía, opción que rechazaron al no poseer la totalidad de sus productos de elaboración propia. Entre los requisitos para otorgar licencias, el Ayuntamiento aclara en su ordenanza que se basan en criterios de higiene, seguridad y presentación. También se procura minimizar el impacto del ruido. Aunque esto se incumple, pues a veces ni siquiera el Consistorio puede evitar el uso de megáfonos en zonas de comercio callejero.

Un negocio de esta índole no es fácil y no está al alcance de cualquiera. Las exigencias legales a las que se someten los vendedores con licencia implican inspecciones que pueden desencadenar en sanciones por el incumplimiento de la normativa. De tal forma que la ordenanza hace clasificaciones sobre las infracciones por orden de gravedad. Por ejemplo, como infracción leve se entiende "no tener expuesta al público, en lugar visible, la placa identificativa y los precios de venta de las mercancías", así como no contar con la documentación sobre la facturación, una vez reclamada por las autoridades.

En esa escala ascendente de anomalías, por grave se comprende la venta de artículos sin autorización e incumplir fechas y horarios. Como muy grave, se considera la falta de autorización para la venta y la resistencia, y la coacción o amenaza a la autoridad municipal. La cuantía de las multas van desde los apercibimientos leves de 1.500 euro hasta las faltas graves con multa que van de los 1.501 a 3.000 euros. Las cantidades más serias se enmarcan dentro de las irregularidades muy graves, con multas de entre 3.001euros y 18.000 euros.

El cálculo de las sanciones, según la ordenanza, depende de los siguientes criterios: volumen de facturación, naturaleza de los perjuicios, grado de intencionalidad del infractor o reiteración, cuantía del beneficio obtenido, tiempo de infracción y número de consumidores afectados. Las multas leves prescriben a los dos meses, las graves al año y las muy graves a los dos años.

En este contexto, tanto viejos como nuevos buhoneros ven cada día más un lastre "necesario" sus tenderetes oxidados.

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