El peligro, o ventaja, de consumir a ciegas

Una asesoría sobre higiene alimentaria, Higienemanía, alerta sobre los riesgos de ingerir alimentos a pie de calle

Manuel Galvín Serrano Cádiz

25 de enero 2016 - 07:08

La venta ambulante legal de alimentos encuentra más trabas burocráticas que cualquier otro tipo de comercio itinerante. El motivo no es otro que ofrecer un producto en la calle que puede repercutir en la salud de las personas. En fechas próximas a la celebración de los carnavales en Cádiz, la ciudad espera que se incrementen el número de vendedores sin licencia que transiten con un carromato y su parrilla ofreciendo bocadillos sin control o erizos que no pasan por las pertinentes revisiones de biotoxinas.

Una consultora de higiene alimentaria, Higienemanía, avisa sobre los riesgos de consumir sin conciencia en estos lugares. La amenaza para la salud es evidente. No obstante, muchos usuarios consideran que es una ventaja acceder a un producto de forma instantánea.

La gerente de Higienemanía, Estíbaliz Morales, es dura al respecto y aboga por conceder poco a estos vendedores ambulantes de erizos, ostiones, perritos calientes y hamburguesas de supermercado. Morales es asesora alimentaria en bares y establecimientos hosteleros y habla desde su experiencia. "El año pasado llegamos a ver incluso como había gente al lado de los cubos de basura, haciendo carne y vendiéndola y la gente compraba. Los peligros de la mala manipulación tienen peligro de ecoli, una bacteria fecal. Al estar la comida al lado de unos bidones de basura, la contaminación es muy alta", advierte Morales.

"Si la carne es de pollo hay que tener mucho cuidado por peligro de salmonela. En las carnicerías, las carnes tienen que estar separadas porque al haber peligro de salmonela en el pollo, cualquier alimento que entre en contacto se puede contaminar. Si hay estas preocupaciones en carnicerías, imagínate en la calle", aclara la gerente de Higienemanía. En el ámbito alimenticio, la mayoría de permisos que se obtienen para la venta callejera se relaciona con las conocidas como 'tartanas', tan habituales en ferias y fiestas populares. Morales recuerda que otro de los puntos negros de la festividad venidera es el uso de barras con bocadillos en cualquier establecimiento, ya sea una ferretería o una librería. "En algunas ocasiones lo ponen gente que no puede vender alimentos. No es lo mismo vender bebidas, que no tienen controles de ruptura de cadena de frío, que vender bocadillos de tortilla. Nos han llegado a llamar a la empresa ferreterías y gente que quería pedir permiso. Los permisos no los dan para poner una barra. También me consta que hay cofradías que intentan ponerlo", explica la responsable de esta empresa.

Aunque hay maneras de sortear esas barreras legales. Una de ellas, obteniendo un certificado de manipulación de alimentos de forma rápida y sobre la marcha. "El certificado lo tiene cualquiera por desgracia. Antes si tenían que estar autorizadas las empresas y esto se quitó, hay hasta autoescuelas dando este certificado, lo dan muy fácil. En teoría, tienes que tener una formación previa para poder dar este certificado. Los temarios deben pasar unos controles", considera Morales.

En relación a la venta de ostiones, erizos y todo tipo de productos del mar, Morales advierte que "siempre hay que asegurar la conservación de los alimentos, si estás ocho horas fuera en la calle ese producto rompe la cadena de frío". Asimismo, enfatiza en que las biotoxinas naturales que producen estos productos del mar deben pasar antes por un control de laboratorio y que de esta forma se desconoce si el alimento está apto para el consumo. Por último, Higienemanía reconoce que el número de denuncias por la venta ambulante de productos alimenticios aumentó en el último año.

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