"Aquí se cantaban las coplas en febrero, cuando estaba prohibido"
ciudadanos de cádiz
Entrevista. Dionisio Llaca Gómez, el cántabro que llegó a Cádiz como chicuco y se enamoró del Carnaval detrás del mostrador del bar La Estrella, sede de la peña más antigua de la capital
Nació en Treceño, una localidad del municipio cántabro de Valdáliga, de la que se vino en 1945 para trabajar en como chicuco en La Flor Marina. Con el paso de los años, Dionisio Llaca Gómez se ha convertido en un referente de la plaza de Candelaria desde el mostrador del bar La Estrella, sede además de la peña carnavalesca más antigua de la capital, para muchos considerada como el "Falla chico".
-¿Por qué se vino de Treceño a Cádiz?
- Yo era hijo único y mi madre había heredado de un hermano, que se llamaba como yo, el bar La Estrella. Yo llegué a Cádiz en 1945, cuando tenía 14 años, para trabajar como chicuco en el bar La Flor Marina, que estaba en el muelle. Allí viví la explosión del año 1947, pero al siguiente enfermé y regresé a la Montaña, donde me recuperé y entré a trabajar en una empresa de electricidad.
-¿Pero años después volvió de nuevo a Cádiz ?
- Cuando cumplí los 21 años, en 1952, me vine de nuevo a Cádiz ya para trabajar en La Estrella, de la que me hice cargo cuando concluyó el contrato de arrendamiento que tenía don José Ibáñez, que era de mi pueblo y que me trataba como si fuera de su familia, por eso digo siempre que fui un chicuco privilegiado. Desde entonces ya no me he movido más de Cádiz.
-¿Cómo era el bar La Estrella en aquellos primeros años?
-En aquellos años era un bar en el que sólo se vendía café, vino fino de Chiclana y manzanilla de Sanlúcar. Recuerdo que cuando yo llegué, una copa del primero costaba 30 céntimos y 10 más la de manzanilla. De tapas ninguna, en todo caso aparecían a veces unas aceitunas. La clientela, muy buena clientela, estaba formada mayoritariamente por gente que trabajaba en el muelle o en Astilleros y también por empleados de comercios. En aquel entonces, no era costumbre que las mujeres entraran en ese tipo de establecimientos de hostelería.
-¿En La Estrella imagino que descubrió también el Carnaval?
- El Carnaval estaba prohibido en aquellos años, pero la gente cantaba tangos en el mes de febrero y a mí me recordaba las corales, a las que existe mucha afición en Cantabria, y por eso creo me gustó. Además en La Estrella paraba Manolo Medina, un gran bajo, y también eran clientes Jesús García Alvarez, Mariano Hurtado Colmenares y Manuel López Rodríguez, todos ellos muy aficionados. Allí ya cantaron 'Los viejos del 55' y nosotros cuatro años más tarde decidimos fundar la peña.
-¿De ahí viene la fama de que la peña La Estrella era el "Falla chico"?
-Empezamos organizando ensayos generales con motivo de las entonces Fiestas Típicas Gaditanas, ensayos que también se hacían en otro bar de la plaza de las Canastas. Las agrupaciones de Paco Alba, de Enrique Villegas y de Ramón Díaz 'Fletilla' eran de las incondicionales en La Estrella. Sólo les dábamos una arroba de fino de Chiclana por cantar su repertorio y recuerdo que en 1964 se me ocurrió darles mil pesetas a la comparsa 'Los Fígaros', de Paco Alba y por eso después, durante las propias fiestas, ya no admitieron cobrar nada. Durante las Fiestas Típicas incluso íbamos a buscar los grupos a las casetas que se montaban entonces en el Paseo de Canalejas para que pasaran por la peña. Otros de los incondicionales han sido siempre los de la peña Nuestra Andalucía, encabezados por Jesús Monzón.
-¿Enrique Villegas llegó a escribir agrupaciones infantiles para la peña?
- Enrique Villegas era amigo de Jesús García Alvarez desde que llegó a Cádiz. Hasta nos trajo una vez a la peña, a cambio de nada, a 'Los Beatles de Cádiz' , que ya estaban de gira por España. A finales de los años 70, Jesús lo convenció para que sacara tres comparsas infantiles, de la que formaron parte, entre otros, Faly Mosquera o Manuel Carrión 'El Cabra', hoy reconocidos componentes de agrupaciones. Todo ese ambiente carnavalesco sirvió para que la gente llegara a llamar a la peña con el sobrenombre del "Falla Chico" e incluso nosotros la adornábamos inspirados en la decoración del escenario del propio teatro.
-¿Su afición rozó tal extremo que hasta llegó en varias ocasiones a formar parte del jurado oficial del concurso?
-Formé parte del jurado del concurso cuatro años, siendo José Mena el concejal de Fiestas. Uno de ellos fue el año 80, el del llamado "cajonazo" a 'Caleta', la comparsa de Antonio Martín, con el que mantengo una buena relación y que ha pasado por la peña desde que debutó con 'Los Mayordomos' en 1968. También lo fui el año del 23-F y no se me olvida que llegó Pepiño, el de El Anteojo, a llevar la cena para el jurado, nos dijo que los militares habían tomado San Fernando y a alguno hasta se le cayó la copa. El año siguiente, el 82, fue el de 'Los cruzados mágicos' y recuerdo que Fletilla después de escucharlos me dijo que nos lo habían puesto muy fácil en chirigotas. Ahora poca gente acepta que el grupo de otro sea mejor que el suyo.
-¿Cómo ve ahora el actual concurso de agrupaciones del Falla?
- Quiero destacar que en Cádiz hay muy buenos aficionados, aunque no hayan salido nunca en una agrupación. Me parece que el concurso está ahora demasiado encorsetado con tanta asociación. Hace falta un reglamento definitivo, que no haya que modificar cada año, y conseguir un jurado lo más competente posible, para lo que hay personas suficientes. El desastre actual se debe a que el presidente es el dueño y señor del jurado, cuando su labor debe ser más institucional, de mediación, de ser el portavoz. Tampoco estaría de más recuperar las funciones de tarde, porque además de reducir la duración del concurso permitiría que otras muchas personas pudieran acudir al teatro con un horario más cómodo para determinadas edades. Creo que al Ayuntamiento no se le puede ir de las manos el concurso, porque es lo que nos diferencia de otros carnavales. Un primer premio en el concurso del Falla es, además, la mejor marca, como se dice ahora, para luego cantar fuera de Cádiz.
- ¿De todas formas usted tendrá también sus autores preferidos?
- Para mí el mejor es Paco Alba, sin menospreciar a Enrique Villegas o a Antonio Martín. Cada pasodoble de cada comparsa de Paco Alba era completamente distinto, no sonaba a nada anterior. Para mí esa era la gran diferencia de ese autor con los demás.
-¿De verdad que es lo que más echa de menos del Carnaval de antaño?
- Sobre todo me gustaría volver a ve a las agrupaciones cantando por las calles. Todas, las buenas y las regulares. Ahora es difícil que se produzca, sino es gracias a los tablaos o a los contratos. Sin embargo ver a los grupos cantando en las calles sería un gran atractivo para la gente que viene de fuera y que muchas veces se va sin haber escuchado nada.
-¿Abrir una peña no debió de ser fácil en aquellos años?
- Cuando creamos la peña era necesario tener un permiso del Gobierno Civil para las reuniones de la junta directiva, a la que además nos mandaban un delegado gubernativo. Aquí el delegado sólo vino la primera vez, porque el buen hombre se pasó de copas y dijo que no venía nunca más, que le enviáramos después las actas de lo tratado. Para los ensayos generales también hacía falta una autorización del Ayuntamiento, que yo personalmente le solicitaba a Vicente del Moral, y nos mandaban a una pareja de policías municipales para que hicieran una ronda. La peña llegó a sacar también una charanga, que participaba en la cabalgata y con la que luego íbamos a los bailes del Falla. En las cinco o seis charangas es donde más he disfrutado. Aparte, por la peña han pasado todo tipo de autoridades, personalidades y famosos, desde Lolita Sevilla, a la que hicimos madrina de la peña, a Jesús Quintero, pasando por Rafael Alberti. Guardamos un libro de firmas donde figuran todos esos visitantes singulares.
-¿La situación fue cambiando con el paso del tiempo?
-A mediados de los años 70 el bar se redujo a la mitad, concretamente nos quedamos sin la parte que comunicaba con la calle Bilbao, y quedó un local más pequeño. La remodelación afectó también al espacio para los ensayos generales, para lo que tuvimos que montar un tablao más pequeño y siguieron viniendo a cantarnos sus letras muchas agrupaciones. Finalmente, cuando las agrupaciones ya empezaron a pedir dinero, abogamos por sacar las agrupaciones a la calle, se montó un tablao en la plaza de Candelaria, y durante los días de Carnaval celebramos los festivales de coros, comparsas y chirigotas, no exentos de polémica porque no siempre los premios nuestros coinciden con los del concurso del Falla. También seguimos manteniendo todos los Domingos de Piñata el ya tradicional el frito gaditano en Candelaria.
-¿Usted sigue perteneciendo a La Estrella?
-Soy el socio más antiguo, porque el resto del grupo de los fundadores ya no está con nosotros. Los socios actuales son gente más joven, que llevan a cabo actividades más acordes con los tiempos actuales, Como el Foro de Cultura y Carnaval, que sigue siendo el referente de la misma.
-También ha cambiado la situación económica.
- Yo creo que Cádiz está atravesando la peor situación que conozco desde que vivo aquí. Mucha gente en paro está viviendo de las pensiones de los jubilados de Astilleros, de la Fábrica de Tabacos y del muelle. Así viven familias enteras, incluyendo a hijos y nietos. Antes los sueldos no eran grandes, pero había trabajo, que es lo que hace falta ahora. Hoy el empleo es la mayor necesidad de la ciudad.
- Ustedes decidió jubilarse hace unos años. ¿A que dedica ahora su tiempo?
- Dejé la barra del bar La Estrella hace diez años, cuando cumplí los 72. Ahora es mi hijo Juan Jesús, el más pequeño de los cuatro varones, el que está al frente del negocio. Mi esposa, Angela Díaz Forero, fallecida hace tres meses, tuvo seis hijos, los cuatro varones y dos hembras, que nos han dado nueve nietos.
-¿Hay alguna anécdota sobre su boda?
- Nos casamos en San Antonio, que era la parroquia que a ella le correspondía, en el año 1959. Ese año salió la chirigota 'Los tontos de pueblo', de Paco Alba y Antonio Torres, y los de la peña, que se fundó ese mismo año, me sacaron una copla alusiva al casamiento con aquella música.
- ¿Su vida no se entiende sin La Estrella?
- He estado detrás de la barra mucho más tiempo que en mis casa. Mientras que la salud me lo permita, como hasta ahora, vengo todos los días, en invierno por las mañanas y ahora en verano por las tardes. Me reúno con los clientes más veteranos, con los que sigo discutiendo porque ese ha sido mi carácter de siempre, aunque la sangre nunca llega al río. También tengo dos perritos que saco de paseo todos los días.
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