Se busca Seat 600 de Scalextric

El Paseante

Los cazadores de tesoros han llegado esta semana a Cádiz para encontrar algún objeto valioso que contente a alguno de los más de 6.000 coleccionistas con los que trabajan en todo el mundo

Jesús Álvarez, el tasador, examina un billete de cinco mil pesetas de 1976.
Jesús Álvarez, el tasador, examina un billete de cinco mil pesetas de 1976.

21 de septiembre 2011 - 01:00

Paciencia. Cazar un tesoro requiere tiempo. Y muchas sesiones recibiendo a personas que consideran tener en casa algo de valor. De martes a sábado, en el Hotel Barceló, la empresa treasurehuntersroadshow.com espera encontrar esta semana algún objeto con el que contentar a los más de 6.000 coleccionistas para los que trabaja en todo el mundo. En Cádiz se encuentran Andy Applin, responsable en España de los cazadores de tesoros, con sede en Estados Unidos, y Jesús Álvarez, experto tasador. Itinerantes por el país llegan a Cádiz, especializados en oro, plata, monedas y billetes. En relación de otros objetos valiosos "si hay más de una persona interesada subastamos el objeto en cuestión. En Estados Unidos tenemos un departamento de expertos tasadores. Pagamos en efectivo las transacciones menores".

"La gente le da salida a las cosas que no quiere o que creen que puede tener algún valor. Les pica la curiosidad", señala Applin. Los clientes españoles normalmente traen monedas, billetes y joyas. "El mercado de los billetes es difícil, porque generalmente se realizaban tiradas enormes, de millones de ejemplares, por lo que es más fácil encontrarlos", apunta. Dan un euro por un billete de una peseta con la cara del marqués de Santa Cruz, de 1953, en perfecto estado. Ahora bien, una rareza como un billete de diez pesetas del inicio de la Guerra Civil, en 1936, bien planchado, puede alcanzar los 3.000 euros. "Sólo se hicieron 12.000", apunta Álvarez. De ahí su gran valor.

Los juguetes antiguos son también muy cotizados. Hay quienes pagan 300 euros por un Ibertren y 100 por un coche de Scalextric. Los Seat 600 son verdaderamente codiciados. O la marca alemana de trenes Marklin, que también se vendió en España. "Por una moneda de 100 pesetas con la cara de Franco, sin circular, de los años 70, con certificado, pueden pagarse unos 25 euros. Sin estos requisitos vale entre tres y seis euros. En juguetes, lo más buscado son de Disney de los años 20, pero en España hay pocos", explica Applin.

Raras veces aparece una obra de arte. Al Barceló llega un señor que asegura tener un cuadro del siglo XIX. Le pide Álvarez que le haga una foto de frente, al reverso y donde aparezca la firma. Sin estos requisitos no se puede comenzar a realizar una operación compleja en la que la obra pasará por expertos en arte para autentificarla.

El tasador se rodea en su mesa de productos químicos para contrastar el oro y la plata, un metro para medir los objetos y un imán de alta definición para comprobar si una moneda es falsa. "Si se queda pegada al imán, es más falsa que un duro de madera", advierte. En la mañana de ayer llegó una señora con una moneda de Alfonso XII que no era auténtica. "A partir de Isabel II se empezaron a falsificar los duros en España", comenta el tasador. Álvarez relata algunas anécdotas. "Un señor nos trajo una vez en Sevilla un chicle Bazooka, según su propietario con 40 años de antigüedad". Tienen que mantener el tipo para no reírse. "Y en Almería un hombre decía que en la casapuerta de su bloque había azulejos valiosos pintados a mano. Quería venderlos, pero encima pretendía que nosotros fuésemos a cogerlos", recuerda. Hasta una bota de buzo encontrada en las profundidades del mar llevaron ayer a la mesa del tasador. "Y es que hay cosas que no las podemos colocar", dice, con paciencia, el tasador.

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