Bares y restaurantes | Cádiz Los hosteleros temen una ola de cierres y despidos por la reducción de terrazas

  • Algunos autónomos empleadores barajan seguir los pasos de San Wich, que echó la baraja tras perder un tercio de sus mesas

  • Desde Horeca recalcan que los veladores son el escaparate de venta de un sector que es la locomotora de la economía

Una imagen de la antigua terraza de San Wich en la mediana de una de las calles peatonales más anchas de Cádiz.

Una imagen de la antigua terraza de San Wich en la mediana de una de las calles peatonales más anchas de Cádiz. / Fito Carreto

Más de 67.000 páginas vistas acumulaba anoche, al cierre de esta información, la noticia publicada por este periódico de que un bar restaurante de la calle Nueva, el San Wich, se ha visto obligado a cerrar, al menos provisionalmente, por la reducción a un tercio de sus mesas en aplicación de la nueva ordenanza de terrazas por parte del Ayuntamiento de Cádiz.

El interés por el caso no es solo local. Javier Álvarez, propietario del establecimiento atendió ayer a varios medios. Y el presidente de Horeca, Antonio de María, a varias televisiones de ámbito nacional. La difusión evidencia la profunda preocupación que ahoga al sector, que teme una ola de cierres, con los consiguientes despidos de trabajadores encadenados. Sólo en San Wich son seis los trabajadores, tres las familias y catorce las personas afectadas. Nadie se atrave a decirlo públicamente, pero otros autónomos empleadores también se están planteando echar la baraja en el caso de no llegar a un acuerdo de cumplimiento de la nueva norma que no ponga en peligro la viabilidad de sus negocios. Como al que llegaron los hosteleros de la Plaza de San Francisco, previa mediación del alcalde, José María González.

Pero ¿cómo es que la rentabilidad de un negocio puede depender de cuatro mesas? Como muchos otros establecimientos en Cádiz, San Wich está en un local minúsculo, de 50 metros cuadrados en el que solo dispone de cuatro mesas en un comedor que ocupa entre 20 o 30 metros, en una calle ahora de gran afluencia por la que paga un alquiler alto. Fuera disponía hasta hace unos días de permiso para seis mesas a razón de unos 200 euros por trimestre. Con la eliminación de cuatro mesas, la posibilidad de venta queda reducida en un 40%, si no en más, porque, en general, no es raro ver las terrazas llenas y los locales vacíos. Es lo que demanda mayoritariamente la clientela. Las cuentas no salen.

Los dueños están destrozados. Son gente joven y emprendedora que está ofreciendo un servicio de calidad a clientes locales, pero también a cruceristas y a turistas en general, que luego lo recomiendan, generando así buena reputación también a la ciudad, como demuestra que el periódico británico The Guardian lo incluyese entre los diez mejores restaurantes de Cádiz”, dice Antonio de María, presidente de Horeca, la asociación de hosteleros de la provincia de Cádiz.

"Creo que todavía no hemos conseguido que se entienda que las terrazas no son en Cádiz un accesorio de bares y restaurantes, sino el escaparate de ventas de una ciudad que, mientras que no se demuestre lo contrario, vive del turismo y de la hostelería, una locomotora que tira de toda la economía local y de la que viven otros muchos sectores, sobre todo de la distribución, pero también el propio Ayuntamiento, a través de la recaudación, y las empresas públicas o semipúblicas como Aguas de Cádiz y Eléctrica de Cádiz”, explica De María.

“Sabemos que las terrazas ocupan espacios públicos y que deben de estar reguladas para garantizar el uso de calles y plazas, el libre tránsito de las personas y la accesibilidad de todas ellas, pero no debemos perder de vista su valor socioeconómico en una ciudad que desgraciadamente no tiene otros recursos”, argumenta el portavoz de Horeca.

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