"El abuso en los caladeros nos condujo a la situación actual"

informe/ la ciudad y el mar 3 Los protagonistas

Miembro de una dinastía de armadores de pesca gallegos, dice que faltó controlar las capturas

Francisco Márquez Veiga fue también presidente del Cádiz C.F. durante una década.
Emilio López Cádiz

28 de abril 2013 - 01:00

Francisco Márquez Veiga (Bouzas, 1925), perteneciente a una dinastía de armadores de pesca gallegos, dice que la situación en la que actualmente se encuentra el puerto pesquero de Cádiz "se debe al abuso en los caladeros, en los que no se controlaron las capturas, lo que nos ha llevado a la situación actual, una dársena prácticamente vacía, aparte de la flota de Barbate que se dedica al pescado azul".

Márquez Veiga acude a la historia cuando recuerda que en el año 1791 Cádiz era la primera provincia pesquera de España y señala que en el año 1923 un total de 14 armadores, 11 gallegos, dos andaluces y un vasco, fundaron la Asociación de Armadores de Buques de Pesca de Cádiz, entre ellos su abuelo materno Casiano Veiga, natural también de la parroquia pontevedresa de Bouzas, actualmente integrada en el núcleo urbano de Vigo.

Su abuelo materno ya trabajaba en Cádiz como armador desde 1892, incorporándose después a la empresa sus hijos Casiano y Baltasar, así como su yerno, Francisco Márquez Falque, padre de Márquez Veiga, que bromea cuando dice que él nació el día de los enamorados, San Valentín, el 14 de febrero de 1925, si bien no vino a Cádiz hasta que contaba 17 años, tras haber estudiado hasta 4º de Bachiller como alumno interno en el colegio Labor de Vigo, centro privado que fue fundado en 1932 y que es un referente educativo de la ciudad gallega.

Al enfermar su padre y una vez concluido el servicio militar, que hizo en Galicia, entró a trabajar en la empresa familiar, de la que fue nombrado gerente Miguel Balea, cuñado de su padre, y al que sustituyó en el cargo en los años 50 haciéndose cargo de 15 barcos. Alude a que faenaban desde el Estrecho de Gibraltar hasta la ciudad marroquí de Agadir y más tarde hasta Cabo Blanco, en la frontera entre Mauritania y el Sahara.

"Esos años fue la época más brillante, ya que en el puerto gaditano tenían su base más de 150 barcos, entre parejas y bous, y la lonja vendía de día y de noche", apunta Márquez Veiga.

Reconoce que en los años 70, coincidiendo con su abandono de la presidencia del Cádiz C.F., que asumió durante una década, ya se notaba el exceso de pesca en esos caladeros, por lo que decidió instalarse en Canarias y dedicarse a la pesca de cefalópodos en aguas del Sahara, con cinco barcos, cuyos nombres no se le olvidan, "Centollo, Nécora y Percebe, que formaban un trío, y Generoso Márquez y Teresa Falque, una pareja".

Dice que Arcomar, la asociación de la que su abuelo fue socio fundador, fue un ejemplo de gestión para toda España, "pero faltó el control de la pesca en los caladeros, Marruecos comenzó a exigirnos porque se abusó de sus aguas, pusimos en práctica esa frase que dice 'el que venga detrás que arree' y así nos fue".

Al respecto añade que lo mismo ha sucedido en el Golfo de Cádiz, "no hemos valorado que son aguas cálidas y con mejor tiempo que las del norte, y por esos se vinieron tanto gallegos a Cádiz, en el barrio de Santa María llegaron a superar en número a los gitanos".

Regresó de Canarias en el año 78 y trabajó en Arcomar hasta que se jubiló. Casado con su paisana María Luisa Pedrosa Ángel, hija de un patrón de pesca, han tenido cinco hijos, ninguno dedicado a la pesca.

Con una memoria envidiable, ahora se entretiene jugando al dominó con un grupo de amigos en el bar La Palma del Hondillo.

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