Universidad de Cádiz El triunfo del perdedor de fondo

  • Tres emprendedores monologan el éxito de sus fracasos en un Café Teatro Pay-Pay repleto, bajo la producción de la Dirección General de Emprendimiento de la UCA y la financiación de la Junta

Un momento del evento ‘El éxito del fracaso’, que se celebró ayer por la tarde en el café teatro Pay-Pay. Un momento del evento ‘El éxito del fracaso’, que se celebró ayer por la tarde en el café teatro Pay-Pay.

Un momento del evento ‘El éxito del fracaso’, que se celebró ayer por la tarde en el café teatro Pay-Pay. / Fito Carreto

“¡Qué de tiempo sin vernos! ¿Cómo te va? ¡Entre fantástico y fenomenal!”. Huyendo como del coronavirus de este diálogo callejero de besugos, tan habitual como vacío y falso la mayoría de las veces, tres emprendedores gaditanos se desnudaron ayer sobre el escenario de un café teatro Pay-Pay repleto y confesaron en formato monólogo los secretos del éxito de sus fracasos empresariales encadenados.

Ramón Barrera, Lola Hernández y Manuel Escobar airearon de manera muy divertida sus supuestas miserias emprendedoras –convertidas luego en logros constatables– en El éxito del fracaso, una producción de la Dirección General de Emprendimiento de la Universidad de Cádiz con la financiación de la Junta de Andalucía. El evento contó con la presencia entre el público del rector de la UCA, Francisco Piniella, y la coordinación de su Cátedra de Emprendimiento.

Con la energía arrolladora y el tono guasón que le caracteriza, abrió el fuego de esta batalla de supuestos desastres Ramón Barrera, comunicador y emprendedor en el sector de la formación, la consultoría, la restauración... y lo que se tercie. Porque Ramón es culo de mal asiento . “Ahora creo que soy eventer... ¿no están de moda los youtubers? pues a mi me llaman para contar mis historias en cualquier tipo de eventos”, concluyó al final de un monólogo durante el que se partieron de risa catedráticos, profesores y estudiantes, mayoritariamente de Económicas.

Pero lo cierto es que después de cursar la EGB –con quien esto escribe, por cierto–, el BUP y el COU como un alumno brillante, Ramón se licenció en Derecho. Y todavía se está preguntando por qué lo hizo. “No me acuerdo de nada ni sé nada de leyes”, reconoció. “Tenía 23 años, eran los 90 y había fracasado... pero allí estaban los Milli Vanilli para superarme...” Y a eso que le sale la oportunidad de dar clases a camioneros. Además de sacarse un permiso de transportista nacional e internacional que nunca utilizó, allí encontró su pasión: “Amo aprender y amo enseñar”, reconoció. Asi que a partir de ahí estuvo años dando clases y formación a trabajadores y a personas en riesgo de exclusión. “Aquello me gustaba, pero ya lo sabía hacer, ya no disfrutaba. Un marcador del fracaso es cuando dejas de reirte...”

Decidió emprender y con unos socios montó una empresa de consultoría y formación. Y por seguir probando cosas nuevas, se embarcó también en un restaurante. “A mi, que me importa un huevo la cocina... con aquello aprendí que no debes emprender en terrenos que no te apasionan... Eso sí, hice muchos amigos y me harté de beber...”. Pero los dos negocios le desbordaron. “Necesitaba calma, me hice un máster de coaching, que tampoco es que me apasionase, dejé los dos negocios y me fui al paro con 45 tacos...”.

Yo no estaba quemado, me estaba quemando –recuerda– Quería hacer otras cosas y seguiré haciendo otras muchas más... y aprendí que la diferencia entre las dos palabras era de una ene, la ene de no hacer nada y de no ser nadie... pero yo soy valiente y quería vivir, y entre todos los caminos elegí uno, me equivoqué, y luego cogí otro... y todavía estoy aprendiendo, yendo y viniendo, sin hacer caso a quienes ya habían explorado ese sendero... El éxito está en salir, en irse, en saltar, tirarse al mar y en luchar contra esa secuela de Tiburón que es la vida, que nada tiene que ver con La Sirenita”. A Ramón hoy lo mismo le llaman para inaugurar una farmacia en Málaga que para dar unas charlas en una universidad de México o en un congreso médico o cursos a profesionales en empresas de prestigio.

Lola Fernández, CEO en Divulgades, relató cómo abandonó sus planes juveniles de convertirse en María Ostiz, cómo recondujo sus estudios de Turismo hacia el mundo de la comunicación gracias a un máster de la UCA, después de pasar por el paro, y cómo tuvo que amoldar varias veces su proyecto de divulgación científica a lo que demandaba cada circunstancia. Junto con su pareja, investigador de profesión, tuvo que sortear muchos escollos. Incluido el rocambolesco plan de venta de los Microcitos, unos peluches microbiológicos, del que afortunadamente le disuadieron desde la Cátedra de Emprendimiento de la UCA. Aquello les pudo costar unos 15.000 euros. Hoy Divulgades organiza con éxito talleres de ciencia entre los más pequeños, ya sea en colegios o en celebraciones infantiles o para mayores.

Cerró este catálogo de falsos fracasos Manuel Escobar, CEO de Health Blue Bits, quien eligió como metáforas una sucesión de modalidades de relaciones o prácticas sexuales para explicar cómo termina un ingeniero informático con un MBA codirigiendo con una especialista en Medicina Familiar y Comunitaria con base en Elche una empresa dedicada a la telemedicina, después de varios tropezones y aciertos. La firma atesora ya varios premios nacionales en su segmento.

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