"Pisha' y 'shosho' no deben ser bandera del humor de Cádiz"

Ciudadanos de Cádiz

Manuel Mármol Frigolet. Humorista.El cómico, con más de 25 años de trayectoria, pasó del coro de Julio Pardo a compartir el mítico programa 'Genio y Figura' con Chiquito de la Calzada.

"Pisha' y 'shosho' no deben ser bandera del humor de Cádiz"
"Pisha' y 'shosho' no deben ser bandera del humor de Cádiz"
J.m. Sánchez Reyes

17 de abril 2016 - 01:00

Dice Manolo Mármol que su humor es netamente gaditano y es algo que lleva a gala, aunque le gustaría ser más valorado en su ciudad natal.

--Humorista y gaditano. ¿Vale la redundancia?

-En mi caso, primero gaditano y luego humorista. Siempre he llevado a Cádiz por bandera. Cádiz y la Bahía, no soy de los de Cadi, Cadi. Me gusta mucho la palabra caricato, de caricaturizar, aunque sea una palabra que se usa con tintes despectivos. Huyo del gaditano gracioso a la fuerza, del que va a Madrid y pide una Coca-Cola acompañado de un 'pisha' para que la gente sepa que es de Cádiz. Cádiz tiene que tener otros fundamentos para sentirse orgullosa. La bandera de su humor no puede ser un 'pisha' o un 'shosho'. Lo malo es que eso hace gracia por ahí fuera, pero eso no es el humor de Cádiz.

-¿Se exige más a los humoristas de Cádiz o se les abren más puertas por ser de donde son?

-A mí no se me han abierto puertas por ser de Cádiz, siempre me lo he tenido que currar. Y no creo que se exija más a un humorista de Cádiz. El público, cuando se sienta a escucharte, a los tres minutos se olvida de dónde eres. El que sí le exige al de Cádiz, es el de Cádiz. Aquí viene una compañía de teatro o un humorista de mojones, y la gente se tira al suelo. Pero eso pasa en todas partes. Aquí es difícil escuchar a alguien decir sobre un cantante, por ejemplo, que canta muy bien. Como mucho, un 'po no canta mal er chavá'.

-Usted se anuncia en los carteles con la leyenda 'Humor 100% gaditano'. ¿Qué es el humor gaditano?

-Existe el humor gaditano. No tengo dudas. No es fino, pero sí ligeramente elegante. Jugamos con los dobles sentidos y eso se lo debemos, en buena parte, al Carnaval cuando en el Carnaval no se podían decir ciertas cosas por la censura. Mi humor es gaditano desde que me subo al escenario hasta que me bajo, pero nunca me he sentido agradecido por Cádiz.

-¿Por qué?

-Llevo 27 años llevando a Cádiz por bandera, pero Cádiz me ha dado poco. Gente con menos bagaje ha conseguido mucho más. No me siento profeta, pero sí querido, ojo. Yo no trabajo en Cádiz, apenas. Cuando lo hago es por cabezonería y muy por debajo de mi caché. De Cádiz no me llaman ya no sólo para contratarme, sino para pedirme presupuesto. Y veo gente venir de todos lados con unos cachés de categoría. Lo mismo me pasa con el Ayuntamiento de El Puerto, donde vivo desde hace muchos años. Pero me siento orgulloso de ser de Cádiz, que conste.

-¿Cómo llegó usted al mundo del humor?

-Salía en el coro de Julio Pardo y ahí estaban Antonio Miranda, que me enseñó el 80 por ciento de lo que sé en mi profesión. Siempre me influyó en positivo. Honesto y leal. También salían el que era por entonces gobernador de Cádiz, Salvador Domínguez, que luego creó la RTVA y fue su director, y Joaquín Durán. Yo siempre había tenido inquietudes artísticas, pero sin pensar en el profesionalismo. Era el caricato del coro. Por aquella época empezaron a salir nuevos canales de televisión, aunque ya había hecho radio con Paco Rosado y Paco Leal para Canal Sur en 'El desván de la copla'. Miranda me dijo que iban a hacer un casting para un programa de Canal Sur. Me convenció. Me dieron un guión y él fue el que me preparó para el casting. Se presentaron gente como El Peña, El Love... grandes del Carnaval. Pero yo me preparé bien el guión. Y me eligieron para el programa 'Las cuatro estaciones' junto a Felipe Segundo, el del cuarteto de Rota; el Wiqui, el cuartetero de Puerto Real; y Gabi del Río, que salía también en el coro. Los textos de este programa eran de Miranda y los arreglos musicales de Julio Pardo.

-Por entonces no contaba usted chistes.

-Es que a mí nunca me gustó contarlos y en mi vida los había contado. No me gustan y no los cuento en reuniones de amigos o familiares. Recurrí a los chistes por exigencias del trabajo. Después de dejar 'Las cuatro estaciones' me llamó Tomás Summers preguntándome si sabía contarlos. Yo le dije que sí, que claro. Me dijo que me tenía que ir a Madrid a un casting para un programa llamado 'Tentación', de Antena 3, presentado por Belén Rueda. No me sabía ni uno. El día antes me fui a la peña Los Dedócratas con una grabadora a que me contaran chistes. En el avión me aprendí unos cuantos. Una vez allí salí al plató... y no se reía nadie. Los cámaras, el regidor, las limpiadoras, sí se reían. El público, cero. Me fui de allí convencido de que no me iban a llamar más. A los cuatro días me llamaron. Y estuvimos por lo menos un año. Y empecé a ver lo que era la televisión.

-¿Cómo fue eso?

-Estaba un día preparado para salir al plató y me dijeron que me cambiara, que el programa se había caído. Yo no lo entendía. La cadena había decidido cancelarlo ¡en plena grabación! Y aprendí de los errores. Firmé para cobrar por programa emitido. Me comí con papas los siete u ocho grabados que no se emitieron.

-Y llegó el 'boom' de 'Genio y Figura', en Antena 3, en el verano del 94. ¿Cómo fue aquella experiencia?

-Tomás Summers me vuelve a llamar para hacer un programa de verano, de chistes. Me fui a Madrid para almorzar y conocer a quienes iban a participar. Fue la primera vez que vi a Chiquito de la Calzada.

-Por favor, ahí entrego yo la cuchara. ¿Qué pensó usted nada más conocerle?

-Comimos y nos pidió Tomás que contásemos un chiste cada uno. En mi vida había visto un hombre con 64 años haciendo eso. De buenas a primeras dio un salto de la silla y empezó a decir sus cosas. 'Hasta luego, Lucas' y demás. Increíble. Yo estaba con la boca abierta. Llegué a Cádiz y le conté a mi novia que había conocido a un tipo muy peculiar. Intenté imitarle y me dijo mi mujer: ¿qué haces quillo, eres tonto?, ¿eso tiene gracia? Y en los primeros programas Chiquito no arrancaba. Luego remontó y se convirtió en un fenómeno. El regidor de escena tuvo mucho que ver con el subidón de Chiquito. Te puede gustar más o menos, pero tenía un estilo particular. Creó un vocabulario que todavía se utiliza. Maravilloso.

-¿Cuánto tiempo duró aquello?

-Tres años. Ganamos el TP de Oro, especiales de fin de año... Fue muy grande aquello. Cuando pasa el tiempo echas de menos no haber explotado más ese éxito, pero hay muchas circunstancias que influyen.

-Pues... cuente.

-Hombre, era mi momento. Había a quienes no le interesaba que fuese así. Muchas cosas que debes callarte para seguir en candelero. Te rodean de tantas cosas como fiestas, comidas, hoteles... Vivía en una nube y no te dejaban poner los pies en el suelo, no te dejaban pedir lo que de verdad merecías. Muchos intereses. Podría haber ganado con 'Genio y Figura' dinero para vivir tranquilo mucho tiempo. Sufrí un enorme desengaño, pero no quiero darle más vueltas. Fueron tres años intensos. Teníamos que mandar cada semana al programa entre 20 y 30 chistes para que eligieran. Llegó un momento en el que ya no había más chistes.

-Pocos han sido los que han seguido en lo más alto desde que acabó ese programa. En su caso, ¿por qué fue?

-Luego hice radio, una trilogía de películas con un director uruguayo, monté una compañía de monólogos... Estuvo la cosa muy cortita. Y no me importa reconocerlo. Trabajé dos años en distribución de bebidas. También fundé una empresa que por sinvergonzonería de otros tuve que cerrarla. Simplemente, en la etapa de bajón no sonaba el teléfono, no me llamaban. Fue mucho tiempo hasta que me llamaron del programa 'La tarde' de María del Monte y llegamos a un acuerdo. Por cierto, esa mujer es de lo mejor que he conocido en mi profesión. Una compañera leal, honesta y sincera. Uno de mis objetivos es volver a trabajar con ella. Ese fue el trabajo en el que yo he disfrutado más. Tenía mucha libertad para desarrollar los chistes. Y eso que ahora no se puede uno meter con casi nadie. El listado de lo que no puedes contar deberían cambiarlo por el que listado de lo que se puede contar.

-¿En qué anda metido ahora Manolo Mármol?

-Si todo va bien, voy a tener protagonismo en Cádiz con algo que puede gustar mucho y que se necesita. Es un proyecto muy de Cádiz, muy gracioso. Me tiene muy ilusionado. Y otro que puede sorprender, directamente relacionado con el Carnaval sin ser Carnaval, y con gente de aquí.

-¿Cree que se puede aprovechar más el Carnaval de Cádiz?

-Lo del Carnaval fuera de Cádiz es increíble. Hay que aprovecharlo todavía más. Hay una dinámica a la que me he querido sumar, lo reconozco. Se llenan teatros para ver a las agrupaciones dos días seguidos. Eso no es normal y lo digo por experiencia.

-Háblenos de su experiencia en el Carnaval.

-Fueron grandes momentos de mi vida en coros que marcaron una época, los mejores de Julio Pardo. 'Guacamayos y lechuguinos', 'El Callejón de los negros', 'La tienda de la cabra'...

-Pero antes salió con Enrique Villegas.

-En la comparsa infantil 'Españoles', de 1980. Coincidí con una hornada maravillosa de comparsistas como José Mari Bohórquez, Jesús Monzón, Carlos Mosquera, José Luis Mejías.... Me encantó conocer a Enrique Villegas. Un señor, con una clase y una sabiduría excepcionales. La disciplina de los ensayos me ha servido de mucho. Luego salí en un coro que era el más malo de la historia, 'La pajarraca', en 1983, pero en el que me divertí muchísimo. De ahí pasé a salir con Julio Pardo.

-Sorprenda al lector con su faceta 'capillita'.

-(Risas). Yo era cargador de los que ahora los cofrades pro Sevilla han demonizado, de los de 'al cielo con ella', los de 'ole, ole los locos'. Cargamos un Corpus a la Patrona sin dar fondo. En los hombros desde la salida a la recogida. Lo parábamos, siempre elevado, sólo para cambiarnos de palo. Aquello fue muy sonado. También cargué Afligidos, Piedad, Victoria de la Expiración y la urna del Santo Entierro.

-¿Y se lo otro, qué?

-¿Lo otro?

-Los romanos del Ecce-Homo, ¿leyenda o realidad?

-Ufff. Eso fue memorable. La mayoría eramos del coro de Julio Pardo y al final se hizo una escuadra con todos los crápulas y noctámbulos de Cádiz. Lo reconozco. Ojo, nosotros lo hacíamos en plan serio. Otra cosa es que la gente no nos tomase en serio. Recuerdo que lo mejor eran los preámbulos.

-A ver...

-Quedábamos en El Barril antes de salir. Caían unas cuantas jarras de medio litro de cerveza. Luego a Los Gallegos a comer pescado frito. De allí a la calle Feduchy, donde estaba la casa de hermandad. Eso era genial. La ropa era un desbarajuste. Los cascos eran enormes, de la misma medida. Allí había boinas para que el casco se fijara bien. Una vez por Candelaria unos cachondos amigos míos que me estaban esperando me dieron un empujón y el casco salió rodando. No había forma de recogerlo porque el público, con maldad, le daba patadas. Y a todo esto yo de romano con una boina puesta. Pero en el cortejo íbamos serios.

-¿En serio?

-No éramos nosotros. En Santiago, de la peña La Tertulia de Doña Frasquita nos sacaban copas. Hasta papelillos nos echaban. Y durante el recorrido nos tiraban garbanzos, y sonaban en los cascos clin, clan, clon. Hay más de leyenda que otra cosa. La Semana Santa se ha puesto muy seria. Ahora va un romano como un mixto-lobo. Lo mismo cogemos los que fuimos romanos y hacemos una escuadra ilegal, como las chirigotas ilegales, para salir y llenar el hueco de la Madrugada. Es broma, ¿eh?, es que nos gusta pinchar a los amigos capillitas serios.

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