Cádiz

Periodistas de la vieja escuela

  • Sus nombres forman parte de la historia de este periódico y de la propia ciudad. Fotógrafos y redactores que dejaron huella en el Diario de Cádiz.

Bastaba un gesto para que el autobús urbano frenase en seco, lejos de su parada oficial, para recoger al pasajero que reclamaba la atención del conductor. Ese usuario que no necesitaba ir a la parada se llamaba Juan Martínez Neto, aunque todos le conocían, y se le conoce, como Juman.

Juman era fotógrafo de Diario de Cádiz. Siempre con la cámara a cuesta, escuchando pacientemente las eternas protestas de Manuel Bernet, y saludando a unos y otros con un "¡Querido!", a la vez que lanzaba un beso con la mano.

Juman era una institución más allá de las puertas del Diario de la calle Ceballos. Era una institución en todo Cádiz. Las fotos que iban a salir al día siguiente las revelaba en su estudio de la calle Columela. "Ya voy para allá", decía llamando a la Redacción por teléfono, aunque ese "ya voy" podía suponer una hora, cuanto mínimo, de tardanza porque en el corto trayecto entre Columela y Ceballos eran constante los parones para saludar a la gente.

El periodista no debe ser noticia. Hubo una larga época en la que, incluso, las informaciones que se publicaban no salían firmadas. Sin embargo, a lo largo de estos 50.000 Diario de Cádiz, hay una serie de nombres que han sobrepasado el anonimato impuesto por las normas. Nombres cuyo trabajo les han situado en un lugar de referencia dentro de la propia ciudad. Juan Martínez Neto, Medalla del Trabajo, era uno de ellos.

Nacido en 1925, el primer hijo de Pericón, estudio en La Salle y trabajó como administrativo en varias empresas de la ciudad, hasta que desde 1967 se dedicó de forma exclusiva a lo que de verdad le gustaba: la fotografía y el Diario, con el que ya colaboraba y tras tener un estudio primero en la calle Ancha y después en Columela. Su trabajo es un recorrido fiel por la historia de Cádiz en los años del franquismo. No había acto oficial en el que él no estuviese, pero también estuvo presente en acontecimientos luctuosos, como las inundaciones de Chiclana, o lúdicos pues captó la imagen de todo artista que pisase esta tierra.

Bartolomé Llompart es otro de los grandes nombres que han escrito en esta Casa, aunque apenas estuvo diez años en su redacción, hasta su fallecimiento en 1983. Pero fueron más que suficientes para dejar su sello de calidad y su conocimiento sobre la esencia y la idiosincrasia del gaditano, que dejó plasmada cada día en el artículo que publicaba bajo el titulo de 'De ayer a hoy'.

Gaditano de San Antonio, nació en el año del centenario de la Constitución y, como buena parte de los periodistas de la mitad de siglo XX, compartió su pasión por la comunicación con otro trabajo que le permitiese llegar a fin de mes, en este caso como empleado de la Caja de Ahorros. Eso sí, en una entrevista él mismo dejó claro que "Yo me considero esencialmente periodista, aquel que da testimonio en todo momento, mediante lo que escribe, de su época".

Profesor Mercantil en la Escuela de Comercio, estudió violín en la Academia de Santa Cecilia, fue también presidente de la Asociación de la Prensa de Cádiz, formándose en la Escuela de Periodismo de El Debate. Inició su carrera como periodista publicando trabajos en la revista Ecos Universitarios, de la Federación de Estudiantes Católicos.

A la vez que compatibilizaba su trabajo en el sector del comercio, llegó a ser redactor jefe de La Información, y cuando este periódico cerró en 1942 pasó a la plantilla de La Información del Lunes y de la Hoja del Lunes, hasta que culminó su carrera en Diario de Cádiz, en 1973. En estas páginas hizo famoso sus artículos diarios 'De ayer a hoy', con la eterna presencia de Manué, un hombre de la calle en un tono puramente costumbrista.

Fernando Fernández era de la misma escuela que Llompart, a la hora de trasladar a las páginas del Diario la vida de la ciudad en tiempos en los que, por culpa de la censura, había que afinar mucho lo que se escribía.

Los que le conocieron lo pintan como el más puro periodista bohemio, capaz de buscar las historias más enrevesadas para conseguir un adelanto salarial. También estuvo en la plantilla de La Información, aunque se integró directamente en el Diario de Cádiz tras el cierre del primer periódico.

En nuestras páginas publicaba una pequeña columna, en aquel periódico tamaño sábana, bajo el título de 'De Cortadura a La Caleta'. Época fructífera en los años setenta cuando compartía espacio con Ramiro Noel (firma de Emilio de la Cruz), Alberto Balbontín y el citado Llompart.

Fernando Fernández fue, también, un activo corrector de pruebas y a punto estuvo de marcharse a Madrid, pero le asustó el aire pueblerino que, decía, tenía la capital de España.

Falleció en 1973 y dejó escrito la última columna, preparada para después de su muerte.

Rafael García, conocido como 'Trompetilla', fue redactor en las primeras décadas del siglo XX. Era autor habitual de las gacetillas que publicaba el Diario, auténticas joyas de la crónica social. Había sido taquígrafo y se marchó a Venezuela.

Y, por supuesto, Agustín Merello. Nacido en El Puerto en 1942, con apenas quince años ya publicaba en la revista portuense Cruzados. Trabajó en Radio Jerez y ABC antes de recalar en Diario de Cádiz, donde firmará desde 1972, en las páginas de la sección de Provincia una columna bajo el epígrafe de 'El ruido y las nueces', con la firma de Damasceno. En 1975 se integra a la redacción de Cádiz y a su sección de local, poniendo en marcha, en 1988, la primera delegación de Diario de Cádiz en su ciudad natal. Posteriormente fue redactor jefe de Cultura y vicepresidente de la Asociación de la Prensa de Cádiz.

El trabajo meticuloso, unido a un trato fraternal con los compañeros que aún se recuerda en la redacción, le llevó a obtener numerosos premios. Premio Nacional del Días de las Fuerzas Armadas en 1981, cruz del Mérito Naval, mientras de diversas academias, pregonero en Cádiz, El Puerto, Jerez, Algeciras... Su prematura muerte dejó un profundo vacío en el periodismo gaditano.

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