El padre Luis Castro ha sido un icono del colegio San Felipe Neri

Padre de una gran familia

  • Luis Castro, con las enseñanzas y ejemplos de vida dados a los jóvenes, ha sido un icono del colegio San Felipe Neri durante cerca de 50 años

El padre Luis Castro en la previa de la gran final del trofeo que lleva su nombre. El padre Luis Castro en la previa de la gran final del trofeo que lleva su nombre.

El padre Luis Castro en la previa de la gran final del trofeo que lleva su nombre. / D.C.

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Todos los alumnos que han pasado por el colegio San Felipe Neri han sentido cuanto menos un pellizco en sus corazones al enterarse de la trágica noticia del fallecimiento del padre Luis Castro, un educador, maestro, sacerdote, amigo y confidente, de personalidad llana, simpática, extrovertida y que ha dejado huella en varias generaciones de alumnos del colegio San Felipe Neri tras llevar cerca de 50 años asentado en él. Luis ha sido capaz de dar la comunión a alumnos que posteriormente ha casado y a los que años después ha bautizado a sus hijos.

El padre Luis llegó a Cádiz para quedarse, enamorándose de una tierra que terminó nombrándole Hijo Adoptivo de la misma. El marianista llegó con la intención de revolucionar el colegio San Felipe Neri y lo logró.

Aunque no tuve el orgullo de tenerlo como profesor he oído todo tipo de anécdotas de él, aunque necesitaría de más espacio para contarlas todas. Aún así me veo en la obligación de contar las hazañas más llamativas que he escuchado o vivido.

Según sé, cuando Luis llegó al colegio se le asignó un despacho, pero que ni de cerca cumplió la función que se le asignó en un principio. Aprovecho el lugar para convertirlo en algo parecido a un club social, al que se acercaban los alumnos más mayores del colegio para divertirse aprendiendo del padre. Luis enseñaba los alumnos nada más y nada menos que juegos de cartas y les ponía cintas de una música que nadie antes cantaba por Cádiz.

Posiblemente una de las mayores pasiones de Luis Castro y por la que puede ser más recordado es por su amor al deporte, al fútbol. Logró hacer de ésta modalidad deportiva un medio de educación religiosa y moral.

El donostiarra, tenía corazón gaditano y se acercaba cuanto más al dicho ‘un gaditano nace donde le da la gana’. Luis creó en el colegio la peña Cadista San Felipe Neri, porqué al igual que la ciudad, el equipo amarillo le atrapó, convirtiéndose junto a la Real Sociedad en el equipo de sus amores. Luis Castro tuvo probablemente más arraigo al fútbol cuando hace 46 años creó también el Trofeo que lleva su nombre en el propio colegio, Trofeo Luis Castro, por el que han pasado personas de la altura de José González o Antonio Calderón. Como colofón al torneo se celebra el día del colegio la gran final, que durante todos los años que tiene de historia ha logrado convertir el patio del San Felipe Neri en un mini Carranza, logrando atraer a todo tipo de personalidades del mundo futbolístico, incluyendo a Mágico González. Se ha convertido en un torneo que hasta los jóvenes de otros colegios quieren jugar.

El padre Luis dejó de dar clase hace ya más de diez años, y por desgracia no tuve la suerte de vivir sus clases. Aún con esto, Luis seguía siendo querido y seguido por las siguientes generaciones de alumnos que como yo no recibieron sus lecciones.

Llegaba la hora del recreo y ahí aparecía Luis, con los bolsillos llenos de regalos del trofeo, bolígrafos, llaveros o pulseras, que repartía alegremente a todos los niños que se amontonaban a su alrededor. Luis Castro era el único capaz de alegrar una clase de matemáticas previa a un examen, cortándola y comenzando a repartir las fotografías que con mucha ilusión hacia las noches que se disputan partidos de su trofeo.

Nuestro sacerdote lograba abarrotar la iglesia de San Felipe Neri con sus misas, donde alumnos se acercaban minutos antes del comienzo para ser sus monaguillos. En las misas Luis no olvidaba su pasión, y siempre, al terminarlas, hacía un comentario acerca del partido que disputaba el Cádiz ese fin de semana.

Y... como olvidar ese himno que nos ‘obligaba’ a todos los alumnos a aprendérnoslo. Paraba o quitaba la clase que fuera necesaria para que todos cantásemos a coro con el... “Tras la virgen capitana...”

Con todo esto parecería que solo buscaba perder tiempo y evadir las clases pero, comprobado está, que este método funciona y ha valido para educar a muchas generaciones de gaditanos.

Del padre Luis no podemos hablar en pasado, debemos hacerlo en presente y futuro. No quedarán nunca atrás las charlas que impartía, en las que en no más de diez minutos te solucionaba los problemas con una sencillez digna de admirar. Sus lecciones de vida perdurarán, de abuelos a hijos y de hijos a nietos.Gracias padre Luis por todo lo dado a la comunidad de San Felipe Neri y a la ciudad, tu ejemplo seguirá íntegro.

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