Marcando territorio

Con 300 terrazas, el equilibrio entre el ciudadano y los negocios es difícil, sobre todo, en el casco antiguo. La Policía Local ha multado este año a 18 locales

Maribel Gutiérrez Cádiz

17 de julio 2016 - 06:32

En Cádiz es difícil pasear por una plaza sin encontrarse con una terraza. Hasta hace pocos días había una zona que parecía haber pasado desapercibida para la hostelería local, pero, finalmente, ha sucumbido. Se trata de la plaza de España, donde el bar Nuevo Labra ha montado un espacio al aire libre con ocho mesas, cuatro sombrillas y sus correspondientes sillas.

Una pizarra anuncia los precios del desayuno y el nombre del establecimiento, algo difícil de saber sin esta información porque el bar no está a la vista y no suele haber personal cerca.

Quizá este primer paso anime a negocios vecinos, como ya ha pasado en otras plazas de la ciudad que están copadas de terrazas. En la cercana Mina, son dos los locales los que ocupan prácticamente todo el frente que va desde el Callejón del Tinte hasta Enrique de las Marinas.

En San Antonio, cinco establecimientos disponen de estos espacios al aire libre y se concentran entre Buenos Aires y la calle Torre, aunque también hay dos terrazas desde el Casino Gaditano hasta la calle Obispo Cerero. En ambas plazas los negocios de hostelería parecen no molestar al ocio de niños y adultos, ya que queda sitio de sobra para combinar ambas facetas.

Donde cambia el panorama es en el Mentidero, lugar en el que apenas hay metros libres sin mesas y sillas. Hasta siete locales montan su mobiliario a lo largo del día, en una plaza destinada casi íntegramente a la hostelería.

En la plaza de las Flores cinco terrazas se ubican en los laterales, pero es tal la amalgama de puestos de flores, de artesanía, vendedores ambulantes y trasiego de gente, que pasan casi desapercibidas.

En la cercana Candelaria hay cuatro bares-restaurantes y cada uno de ellos ocupa una esquina, por lo que en general, hay sitio para el paso y los juegos infantiles.

En la plaza de la Catedral es más difícil transitar por el lateral opuesto a la Seo, donde se concentran hasta seis de los ocho establecimientos hosteleros emplazados en este enclave.

San Juan de Dios siempre ha sido un destino fijo para los turistas, quizá por ello en esta zona (hasta el edificio Fénix) se repartan hasta diez, bares, restaurantes, cafeterías y hamburgueserías.

El problema estriba en la mayoría de los casos en las calles más estrechas, donde es complicado conjugar la circulación de personas y vehículos de emergencias con el uso y disfrute de estas terrazas, algo que sufren cada día los habitantes del casco antiguo. Así lo denuncia Paco Gómez, vocal de la Asociación de Vecinos Cádiz Centro, quien apunta que la mayoría de quejas que le llegan "son relativas al ruido y a la seguridad, ya que temen que por culpa de las terrazas los bomberos y las ambulancias no puedan pasar y se pierda un tiempo vital".

Para él lo fundamental es "conseguir una convivencia equilibrada entre negocios y vecinos, pero la realidad es que cada vez se está privatizando más la vía publica y el ciudadano no va a poder recuperar ese espacio".

El representante de la asociación de vecinos considera que "todos los sitios no son factibles de contar con una terraza, no se puede dar vía libre a todo". No obstante, quiere dejar claro que su postura no es opuesta a "una de las principales industrias de Cádiz, que es el turismo, pero sí defendemos que no sea a costa del ciudadano".

El artículo 12 de la Ordenanza Municipal de Publicidad y Uso de la Vía Pública indica que en la licencia de apertura los empresarios deben señalar varios requisitos imprescindibles. En la tramitación de solicitudes para ocupación los establecimientos comunicarán la superficie a ocupar, realizar un croquis sobre el emplazamiento de mesas y sillas con los metros de ocupación, fotografiar el mobiliario y la composición de la terraza y señalar los trimestres solicitados, respetando el paso para el peatón (1,50 metros) y la accesibilidad de los discapacitados.

Todo ello lleva implícito, claro está, un control que está a cargo de la Policía Local. Este cuerpo de seguridad ha denunciado, a lo largo de 2016, a 18 locales por ocupación de la vía pública más allá de lo permitido con mesas y sillas.

La normativa advierte que "cualquier queja vecinal podrá ser motivo de suspensión y/o revocación de la autorización". Por eso, Antonio de María Ceballo, presidente de la Federación de Empresarios de Hostelería de la Provincia de Cádiz (HORECA), dice no entender, si existe esa posibilidad, "la intolerancia de ciertas personas hacia una actividad que genera tanta riqueza y empleo en una ciudad que, no olvidemos, vive del turismo".

Cifra en más de 60.000 las personas que en la provincia pertenecen al sector de la hostelería, entre empleos directos e indirectos, y se pregunta "¿qué haríamos con todos esos trabajadores si cerramos los bares y las terrazas?"

El presidente de Horeca apunta que en la capital hay unas 300 terrazas y piensa que son un reclamo más. "Si quitas las terrazas, Cádiz está muerta. No sería una ciudad atractiva". En este punto pone como ejemplo la calle Plocia o el barrio del Pópulo, que han revivido en los últimos años gracias a los locales, y sostiene que no es solo una actividad dirigida al visitante, ya que "en muchas plazas si no te sientas en una terraza, ¿dónde te paras si apenas hay bancos".

Además cree que no es solo un negocio para los hosteleros, si no que "las terrazas aportan un dinerito al Ayuntamiento por su ocupación que luego revierte en inversiones en la ciudad".

Por todo ello, el presidente de Horeca piensa que "la convivencia es posible y real, porque la presencia de las terrazas no choca con los derechos del ciudadano. Fíjate, tenemos que dejar un metro y medio para el paso y estamos dejando ya un metro ochenta centímetros".

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