Para el Lucero, lo mejor aún está por venir
El emblemático negocio hostelero cumple mañana 60 años en un momento mágico
Para cumplir seis décadas en plena forma hay que ser muy optimista. Tener mirada limpia, ser fiel a tus raíces y creer que lo mejor está por venir. Con esa filosofía celebra la familia Lucero el 60 cumpleaños desde que el patriarca abandonó su Medina Sidonia natal e inició una aventura que le llevó a liderar un rosario de bares propiedad de sus hermanos y que se repartieron por toda la ciudad. Aún hoy queda abierto el más emblemático, el que lleva el apellido de la saga como un gallardete bien visible desde que se enfila la bocana del puerto, el que con savia nueva, con la tercera generación ya, ha realizado una transmutación desde el café, el bar de horas canallas, a un lugar en el que lo mismo se puede tapear magníficamente a un precio ajustado que disfrutar de una copa cuando bajan las luces y sube la música.
Y como no hay buen cumpleaños que se precie sin una buena fiesta, el Lucero también la tendrá. Será mañana jueves a las nueve de la noche cuando un centenar de invitados, de clientes y amigos de toda la vida, brindarán por la buena salud del negocio y rendirán honores a los primeros hombres, a los que se levantaban a las dos de la mañana para empezar a poner cafés a las tres cuando el muelle era un hervidero.
Carlos Lucero, hijo de Nicolás; y Álvaro Jara, pareja de su hija, son ahora mismo las cabezas visibles del negocio. Gente joven con muchas ganas de explorar nuevos horizontes. Álvaro es el gerente del Lucero del Muelle y quien está al pie del cañón más horas. Licenciado en Administración y Dirección de Empresas, Álvaro reconoce que desde que ha iniciado esta faceta se ha convertido en un gran observador de todo lo relacionado con la hostelería, intentando embeberse de lo que le gusta y desechar lo que le rechina. Carlos, que tiene un máster en Asesoría Fiscal y Tributación, trabaja en el despacho de su padre, pero cuando hace falta tampoco se le caen los anillos a la hora de situarse detrás de un mostrador que podría contar mil y una batallas de ese Cádiz inmortal.
Ambos reconocen que les gustaría convertir el Lucero en algo mucho más cercano a un multibar que al café de toda la vida. Por ello apuestan por una sugerente carta confeccionada por su jefe de cocina, Miguel Muñoz, y que ofrece algunas particularidades, como el hecho de que varía según la hora del día. "Por ejemplo por las mañanas tenemos arroces; por la noche, carnes. Y otros platos que cambian en función de la hora del día", cuenta Carlos.
Lo cierto es que los fines de semana el Lucero tiene un gran ambiente que crece cuando cae el sol. Próximamente van a introducir cócteles emblemáticos y trabajar más las copas. "No es que queramos convertirnos en un pub, pero sí que después de cenar bien te apetezca tomarte la primera copa con nosotros oyendo música", comenta Álvaro.
Carlos reconoce que involucrarse con el negocio "también es una forma de agradecer mis raíces. Además me gusta el trato con la gente. Eso es algo que el cliente valora, el buen servicio que ofrecemos". Eso, y una carta que mezcla la tradición con la cocina de vanguardia, con presentaciones muy cuidadas y a unos precios que a veces resultan impropios por la calidad de los productos. Podría decirse que el Lucero es un viejo muy ye-yé.
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