Una razón llamada música
música · Segunda jornada en el festival NSM
El rap de Kase.O y el rock de Viva Suecia sonaron con fuerza ayer en el Muelle Ciudad del puerto gaditano
Solo es necesaria una razón para cambiar el mundo. Pero ¿y si esa razón fuera la música misma? Si tamaña afirmación, cantada con toda la energía del grupo vasco Shinova en el arranque del segundo día del festival No Sin Música, se tornara cierta ese microcosmos de grandes almas que es Cádiz se convertiría en el oasis donde jamás habitan el dolor y la tristeza, a tenor del aluvión de canciones, para muchos himnos, que fueron cayendo sobre los dos escenarios de la cita gaditana.
Como una perfecta conjunción entre la maneras de Carlos Tarque de M Clan y la elegancia escénica de Bunbury, el vocalista de esta formación encendió la mecha de una jornada caliente, guitarrera y plagada de amor que se contagiaba por brisa marina. Besos y besos, rimas y riffs, diversión y respeto, amor al límite del mar. Un círculo perfecto de emociones que abrieron los temas de Volver, el último álbum hasta la fecha de los cinco de Vizcaya, que con la energía de un rock casi declamado se ganaron al centenar de personas que acudieron al festival en las primeras horas de la tarde del viernes, "maravillosa a pesar del calor", aseguraba el cantante Gabriel de la Rosa mientras sudaba temas con hondura vocal y energía incontestable: Tengo, Utopía, Doce meses (el año del maravilloso desastre), Ser espiritual o la aplaudida comunión generada entre banda y público con Para cambiar el mundo, un éxtasis colectivo que fue dándole forma a ese círculo que conecta el arte y la vida y que en el No Sin Música alcanza su máxima expresión y perfección. "Nos habéis hecho muy felices. ¡Salud y suerte!", deseaba el vocalista de Shinova al respetable.
Las melodías indies fueron, así, las encargadas de dibujar a trazo gordo los grandes pasajes del viernes festivalero como la Asociación de Ilustradores Profesionales de Cádiz (AIP) hacía lo propio sobre el papel a pie de escenario. De negro elegante para perfilar los trazos de los murcianos Viva Suecia, que saltaron a llenar de amor a Cádiz y su gente, la propia y la visitante, alrededor de "un 40 por ciento" según estimaciones de los organizadores del festival. "El primer concierto que dimos fuera de Murcia fue en Cádiz y vinieron a vernos cuatro personas, hoy hay unas cuantas más", contaba Rafa Val, vocalista de la banda. A todos aquellos que alguna vez sintieron que esas canciones hablaban de ellos les dedicaron una hora de espectáculo en el que se oyeron temas como Piedad, Los años, ¿Nos ponemos con esto?, A dónde ir o Todo lo que importa. Lo trascendental, la música y el amor. Porque "todo lo que importa está en el aire" que trae y lleva besos, el grueso trazo del sonido de Viva Suecia fue el resorte que empujó a las parejas a besarse, a los amigos a saltar al ritmo de sus canciones preferidas, a no dejar que la diversión y la emoción estuvieran enfrentadas, a que el cantante del grupo de despojara de su camiseta y se mezclara entre el gentío para abrazar a su amigo Fran y darle "todo el amor del mundo" a él y "la gente cojonuda del NSM". Amor y respetos absolutos.
El mismo que exigía con sus afiladas rimas Kase.O, acompañado de toda una "leyenda" a los platos como R de Rumba y de la energía de El Momo, en las segundas voces. El ex componente de Violadores del Verso puso la nota reivindicativa al evento cuando aún seguía cortando la lengua afilada de Mala Rodríguez, plato fuerte del cartel de jueves. "Eduquémonos a nosotros mismos para superar a nuestros padres y abuelos. Las chicas pueden vestirse y bailar como quieran. ¡Fuego a la puta manada. No es no!", gritaban al unísono rapero y público antes de ponerse a bailar ellas y ellos en, según definió, El Círculo- título de su último trabajo- "un espacio de amor" desde el que el artista desnudó su alma guerrera con las rimas contenidas en títulos como Esto no para, Yemen, La cúpula, No sé qué voy a hacer, Tarántula y un par de momentos íntimos de diferente cariz, respeto y deseo, las dos caras del amor: la historia pasada por agua de lluvia zaragozana en Mazas y catapultas acabó llevando a Cádiz al éxtasis con Mitad y mitad. Puro delirio con la noche ya encima para que se despidiera Kase.O recordando a los olvidados por la sociedad y sus altavoces solidarios y Repartiendo arte a un Cádiz entregado por la causa al que solo le pidió "experimentar todo lo que podáis, vivir la vida al máximo y sobre todo cantar".
Esa razón llamada música siguió reafirmándose en el NSN con las actuaciones de San Remo, Supersonika -¡bendita energía rock!- y Triángulo Inverso.
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